Durante la presente campaña en la Segunda B, el fútbol no había sido justo en exceso con la Gimnástica Segoviana, que se había dejado puntos sin ser inferior a sus oponentes de turno. El equipo azulgrana se vio metido en la zona más baja de la clasificación, así que le tocó apretar los dientes y trabajar de firme para que le cambiara la suerte. Y en la tarde/noche de ayer, esa suerte casi siempre esquiva le hizo un guiño al conjunto azulgrana, dándole la oportunidad de doblegar a la Unión Deportiva Logroñés a pesar de jugar durante más de media hora con un jugador menos.
Apelar sólo a la suerte (buena o mala) a la hora de valorar el resultado final de un partido parece demasiado escaso, salvo cuando lo hace Mourinho. Así que habrá que ampliar la explicación diciendo que la Segoviana se mereció tener esta oportunidad de ganar gracias a su derroche físico jugando con uno menos, gracias a un gran David Durán, que se alió con los palos en los momentos peores del partido, gracias a un Antonio Pino que demostró ayer que merecía la pena ficharle, y esperar a su recuperación… y gracias también a que la UD Logroñés, que once contra once estaba siendo mejor que la Segoviana, pecó de una absoluta falta de ambición cuando en los inicios de la segunda parte el equipo de casa se quedó con uno menos.
El arranque del partido fue espectacular, con el Logroñés en plan dominador, forzando una falta en la frontal, un córner posterior, y un remate de Nacho que entre Jesús Alonso y el larguero se encargaron de evitar que se convirtiera en gol. La cosa pintaba mal para la Segoviana, hasta que en su primera acción ofensiva, Maikel peleó con el portero visitante un balón en profundidad, que se quedó muerto en el área grande, a menos de un metro del guardameta. Pino, que pasaba por allí, se adelantó a todos y puso el 1-0 en el marcador.
Si el partido hubiera acabado en ese mismo instante, a los aficionados se les habría ahorrado una buena dosis de sufrimiento, pero como dice el reglamento que los partidos duran noventa minutos, más lo que quiere el árbitro, quedaba tiempo más que de sobra para ver al Logroñés estirar sus líneas, y con un vistoso juego de toque, asediar a una Segoviana que al principio lograba salir a la contra con soltura, pero que paulatinamente se veía obligada a recular ante el ataque visitante.
Un gol anulado a Jesús Alonso por fuera de juego, y una mano clara de Inaki que ni el árbitro ni el línea quisieron ver, iban camino de convertirse en el único bagaje ofensivo de la Segoviana en lo que quedaba de primera parte, hasta que Pino recibió un buen centro de Cajoto, y cruzó la pelota un poco más de la cuenta en una clara acción para haber situado el 2-0. Pero es que antes, y también después, el equipo de Logroño dispuso de varias ocasiones para haber igualado el partido. Durán, y de nuevo el larguero, evitaron lo que parecía inevitable, habida cuenta de que a cada minuto que pasaba, el conjunto riojano llegaba con más claridad.
Y lo inevitable sucedió ya en el descuento de la primera mitad, cuando en una acción ensayada de falta, David de Paula recibió en franca posición para marcar, y no falló ante Durán. El empate, por más que los aficionados mostraran su disconformidad (sobre todo con el árbitro) no era en absoluto un marcador injusto.
La segunda mitad se inició como la primera, con el Logroñés tratando de apretar, y la Segoviana golpeando, con un lanzamiento de Manu que sacó el portero con apuros a córner, y el posterior remate de Pino arriba tras el saque de esquina. Todo iba más o menos bien para los locales hasta que Pablo Morales vio la segunda tarjeta amarilla, tan justa e innecesaria como la primera, y dejó a su equipo con diez jugadores. No les voy a engañar, se mascaba la tragedia en La Albuera.
Pero, como en estas películas en las que el guión da un giro inesperado, lo que pasó fue que el Logroñés dejó de ser el conjunto incisivo en las bandas para convertirse en un equipo ramplón y falto de ambición en su fútbol. Ni siquiera la entrada de su goleador Cervero en el campo le sirvió para nada más que para acumular jugadores, que no ocasiones, en el área gimnástica. El cuadro que entrena Pepe Calvo sólo dispuso de una oportunidad clara de gol, un remate alto de Manu García desde dentro del área pequeña cuando estaba en clara disposición para “fusilar” a David Durán.
Y, curiosamente, la expulsión de Pablo vino a tranquilizar a la Segoviana, que tuvo claro que si quería mantenerse con vida en el partido no podía andar media hora rifando balones, y se puso a combinar en el centro del campo, desactivando la presión de un contrario que acabó agotado de tanto correr. Gracias a ello los últimos minutos del tiempo reglamentario se vivieron en el área riojana, y no en la local. A Rubén le dio miedo chutar a portería en inmejorable posición, forzando un córner con su centro. En el posterior saque de esquina, llegó la tontería de la tarde, ya que el central Nacho soltó el brazo, que impactó con el balón en un penalti absolutamente absurdo. Ver a los jugadores del Logroñés protestando la jugada en lugar de pedirle explicaciones a su compañero resultó absolutamente kafkiano.
Fran Dorado no falló ante el alborozo popular, y la Segoviana terminó ganando un partido que tenía toda la pinta de poder perder. La suerte parece haber cambiado gracias al trabajo duro, y la permanencia está ahora más cerca.
Más socios de honor para la Segoviana
Finalizado el encuentro, el presidente del club, Fernando Correa, acudió a la sala de prensa para informar de que la Gimnástica Segoviana había hecho Socio de Honor de la entidad a Antonio de la Corte, general de división del Ejército de Tierra, y actualmente jefe del Cuarto Militar de la Casa del Rey, al que se le hará entrega de un balón firmado por la plantilla azulgrana. El club continúa con su política de hacer socios de honor a personajes relevantes, ya sea en el orden social, político, o militar en este caso.
