El mono Punch ha despertado una atracción particular en las personas. Su apariencia es simpática y tiene comportamientos que hacen reír, como todos los monos. Pero lo que lo hace especial es el vínculo que sostiene con el peluche.
El mono tiene ya siete meses. Nació en julio de 2025 en el Zoológico y Jardín Botánico de Ichikawa, en Tokio. Su madre lo rechazó y el personal del zoológico se ocupó de alimentarlo y de protegerlo.
Para suplir la falta de relación materna, le dieron un orangután de peluche. Punch lo adoptó y desde entonces es su compañero inseparable.
Punch sigue dando qué hablar y atrayendo visitas. La gente formula sus propias hipótesis del porqué ese peluche se ha transformado en un compañero de vida del macaco.
Se habla del calor de la piel de la felpa que lo abriga, de la forma de orangután con la que el simio se siente identificado, de la necesidad de apoyarse en algo para sentirse seguro ante la falta de su madre.
Tanta es la difusión del caso, que una psicóloga ha explicado el porqué de esa relación entre Punch y el muñeco de peluche.
Andrea Anaya, psicóloga, explica el vínculo de Punch con su peluche
Muchas personas no saben que la psicología, la misma disciplina que atiende los problemas de los humanos, también se ocupa del comportamiento de los animales.
Existe una rama, la psicología animal, que estudia cómo los animales perciben el mundo, recuerdan sucesos, aprenden, toman decisiones y se vinculan con su entorno.
Andrea Anaya psicóloga, analiza el vínculo de Punch con su peluche. Y lo explica a partir de la teoría del apego. Tras ser rechazado por su madre y por el grupo de sus pares, Punch se aferró al peluche. Ese objeto se transformó en un sustituto que le ayudó a gestionar la ansiedad de la separación y la necesidad de contacto afectivo.
En su análisis, la psicóloga se refiere a los experimentos famosos de Harry Harlow en los años cincuenta. El científico estudió el comportamiento de monos bebés en la Universidad de Wisconsin.
En estas investigaciones, se aisló a los monos y se les dio dos madres. Una era de alambre y tenía alimento. La otra era suave, afelpada, pero no les daba de comer.
Los monos preferían la “madre” de felpa suave, antes de la fría, aunque esta les daba alimento. Es decir, que elegían la suavidad y el calor antes que la comida. Punch, al abrazar a su peluche, muestra este mismo comportamiento de los monos de Harlow. Busca calor, suavidad y cercanía, elementos esenciales para su desarrollo.
La neurobiología explica el apego
Anaya explica el fenómeno Punch con la base científica de la neurobiología. Desde la perspectiva de esta disciplina, el apego se entiende como un sistema de supervivencia. Los mamíferos lo tienen muy arraigado.
Aplicado a Punch, no se trata solo de un vínculo emocional, afectivo, tierno. Es un conjunto de procesos cerebrales y hormonales que producen esa necesidad de cercanía.
La neurobiología del apego explica que ese vínculo afectivo de Punch con su mono de felpa no es solo psicológico. Es un mecanismo de vida que organiza el sistema nervioso y el cerebro, regula el comportamiento y garantiza la supervivencia.
La psicóloga explica que, ante la falta de su madre, el sistema de apego de Punch lo motivó a buscar dónde activarse. Cuando la figura natural del apego, la madre en este caso, no está disponible, el cerebro busca sustitutos. Y Punch lo encontró en el peluche de felpa.
Andrea Anaya llama a la reflexión a partir del caso Punch. La psicóloga plantea un paralelismo entre el mono bebé y el niño. Ambos, en caso de sentir miedo, necesitan respuesta al apego. Invita a reflexionar sobre qué sentirá un niño que no tiene a quién abrazar o quién lo abrace.
