No existen estadísticas sobre cuántas alarmas de bombas en aviones se producen al año, o al menos no son fáciles de encontrar, pero lo cierto es que no deben ser pocas. Sobre todo considerando los agitados tiempos que vivimos y el hecho de que en algunos casos las alertas no resultaron falsas, o peor, no hubo alertas.
Existen protocolos internacionales de seguridad para actuar cuando se produce una amenaza de bomba en una aeronave, que varían dependiendo de si el avión está en tierra o se encuentra en pleno vuelo. En el primer caso, hay que desembarcar a los pasajeros y la tripulación sin el equipaje, y en el segundo el piloto debe como primer paso aterrizar en el aeropuerto más cercano.
Un avión de Turkish Airlines bajo amenaza de bomba
Fue esto último lo que sucedió con el vuelo TK1853 de Turkish Airlines que hacía la ruta Estambul-Barcelona el jueves 15, y que logró completarla, aunque no sin antes pasar un gran susto.
Cuando el avión volaba sobre Cerdeña apareció un aviso de bomba a través de la red de Wifi, que hizo que el piloto activara de inmediato el protocolo para estas emergencias, enviando una señal de auxilio, respondida por controladores aéreos franceses.
Poco después, el avión comenzó a ser escoltado por un avión caza francés, que luego fue relevado por dos cazas españoles.
La decisión fue que el avión continuase su ruta hacia el aeropuerto El Prat, se le diera prioridad para aterrizar y lo hiciera en una pista alterna. Mientras se hacían estos arreglos, la aeronave se mantuvo dando vueltas y aterrizó a las 11:00, treinta minutos después de lo que le correspondía.
La aeronave se detuvo en una zona apartada y los 148 pasajeros y los 7 tripulantes pudieron abandonar el avión con tranquilidad, hasta el punto de que varios pasajeros no se enteraron de la alarma de bomba sino hasta mucho más tarde.
La operación de búsqueda
Una vez que los pasajeros y la tripulación estuvieron a salvo comenzó la búsqueda del artefacto explosivo por la Guardia Civil y los Mossos d’Esquadra, que revisaron la aeronave y el equipaje, destacando la labor del Grupo de Especialistas en Desactivación de Explosivos, GEDEX y de su unidad canina, que hizo que la búsqueda fuera más rápida.
Al hacerse en un lugar apartado, las actividades del aeropuerto El Prat pudieron continuar normalmente, mientras en torno al avión se encontraban los bomberos, representantes de la policía local, de la Policía Nacional, de los Mossos y de la Guardia Civil.
La búsqueda concluyó sin resultado, afortunadamente, cerca de las dos de la tarde: no había ningún artefacto explosivo y no hubo ningún herido que lamentar.
Quién dio la falsa alarma
Hasta ahora se cree que un pasajero creó una red interna con el wifi del avión, que identificó con el nickname en inglés “va a explotar una bomba a las 9.30”.
Una pasajera se habría dado cuenta y alertado a la tripulación, aunque otra versión indica que la tripulación lo supo por su lado, y de inmediato activó las alarmas e inició el protocolo correspondiente.
Si bien se trató de una falsa alarma, ahora sigue una investigación para determinar la identidad del pasajero que propició la emergencia.
Aunque no exista un artefacto explosivo, un aviso falso obliga a movilizar recursos importantes como aviones militares o fuerzas especiales de la policía, y puede causar heridos durante la evacuación de emergencia de los pasajeros.
Es importante recordar que cualquier mención a la presencia de un explosivo en un avión se toma extremadamente en serio, y aunque se trate de una broma puede terminar con sanciones.
