Parecen haber pasado siglos desde que la docencia era una profesión respetada y profesores y profesoras eran considerados casi con la misma autoridad que los padres, al menos en centros educativos. No se trata de recordar con nostalgia el castigo físico y otras formas brutales de disciplina, pero las cosas en las últimas décadas no han dejado de empeorar, tanto para docentes como para alumnos.
Aunque los educadores parecen estar pasándolo peor: autoridad cada vez más menoscabada, aumento de la violencia de los alumnos hacia maestras y maestros, exceso de alumnos en las aulas y cada vez más y más papeleo administrativo, al tiempo que los profesionales sospechan que su trabajo es cada vez menos apreciado por la sociedad.
Agotados y sepultados por la burocracia
El Sindicato de Trabajadoras y Trabajadores de la Enseñanza, STEs, acaba de publicar un informe elaborado a partir de una encuesta en la que participaron 13.213 profesoras y profesores de todo el país. En dicho documento quedó en primer plano la situación de agotamiento en la que se encuentran estos profesionales.
El 96% de los docentes que trabajan en centros públicos declararon sentirse agotados por tener que cumplir con un excesivo papeleo administrativo, lidiar a diario con aulas con demasiados alumnos. Por otro lado, a este malestar se agrega la falta de apoyo administrativo y el sentimiento de que la sociedad no reconoce la importancia de su labor.
No es una situación que contribuya a mejorar la calidad de la educación: “Si queremos conciliar calidad, equidad e inclusión, rebajar el altísimo porcentaje de repeticiones y la tasa de abandono educativo temprano, no queda más remedio que incluir más de un profesional docente en aquellas aulas que lo requieran”, indica el informe.
Las agresiones contra los docentes
La violencia contra los docentes es otro tema muy presente en este informe, y es natural, si consideramos que la violencia verbal, el ciberacoso y hasta la agresión física han aumentado en los centros educativos.
A manera de ejemplo, durante el período 2024/2025 hubo 174 agresiones físicas contra docentes: en 141 casos fueron alumnos y en 33, familiares.
No sorprende entonces que en la encuesta del STEs, 8 de cada 10 educadores consideren que las agresiones aumentaron, que un 77% sienta en los familiares actitudes hostiles y falta de respeto. Además, que el 83% perciba los centros educativos como espacios conflictivos, y que una gran mayoría, 86%, considere que no tienen suficiente respaldo de la administración.
“Exigimos la publicación urgente de un protocolo de prevención de agresiones que elimine cualquier violencia hacia el docente”.
La “fatiga crónica” en los profesores
Al tema del agotamiento y la fatiga crónica se llega desde al menos dos aspectos en el informe: por el exceso de papeleo administrativo, y por la cantidad de responsabilidades extras que profesores y profesoras deben asumir en el día a día.
El trabajo burocrático es de tal magnitud que hace que muchos profesores se autoperciban como “administrativos con escolares alrededor”: “la educación se ha convertido en rellenar hojas con protocolos infinitos”.
La “fatiga crónica” es resultado de la cantidad de actividad que deben asumir los educadores sin estar debidamente preparados para ello, y que va desde actuar como psicólogo o asistente social hasta resolver problemas informáticos o administrativos. y hacerlo sin tener preparación o tiempo para ello, y con una carga extra de trabajo de más de 10 horas semanales.
Alternativas
Este escenario explica por qué cada vez hay menos profesores para cubrir las vacantes en los centros educativos públicos, a lo que se debe agregar lo que el STEs califica como ofensiva privatizadora.
Posibles soluciones: aumentar la inversión en educación, llevarla del 4,5% del PIB actual a un 7%, invirtiendo más en la formación profesional y en el equipamiento y actualización de los centros educativos. Es necesario contratar más profesores y profesoras, para reducir el número de alumnos por aula, y proporcionarles mayor atención.
