El 23F en España está marcado por una mezcla de emociones que se movieron entre el miedo y la incertidumbre. Quienes vivieron ese día recuerdan que en las calles las personas caminaban apresuradas, silenciosas, mostrando una tensión que cortaba el aire. Muchas lloraban.
Los rumores no tardaron en extenderse: el golpe de Estado estaba en marcha. La irrupción del teniente coronel de la Guardia Civil Antonio Tejero Molina, acompañado de unos 200 guardias civiles, que ocurrió a eso de las 18:23 y los disparos al techo, quedaron grabados como símbolos de un momento histórico de un país que vivía su democracia joven y tambaleante.
A todos los hechos que son de público conocimiento y que han sido repetidos, hay cierta información que no se ha difundido y que hoy, en la distancia del tiempo, resulta anecdótica, aunque no menos interesante.
A partir de los documentos vinculados al golpe de estado del 23F, se supo que los golpistas se pasaron un buen tiempo en el bar del Congreso. Así lo demuestran los elementos en el inventario que, responsablemente, realizó el Servicio de Intendencia del Congreso cinco días después del suceso.
Una noche con buena bebida y comida
Según aparece en el inventario realizado por el Servicio de Intendencia del Congreso, es posible conocer qué los golpistas se trataron bien durante las largas horas de encierro en el bar del Palacio de las Cortes.
En el registro consta que la mañana siguiente a la noche del golpe faltaban en el inventario de la Cámara Baja alimentos y bebidas por un valor de 5.825,57 euros. Todo había desaparecido en unas horas.
¿Qué bebieron los golpistas?
Entre las 18.23 del 23 de febrero y las doce del mediodía siguiente, se consumieron en el Palacio 208 botellas de alcohol. Más de la mitad eran bebidas con alta graduación alcohólica, como brandy, ginebra, whisky, cava.
Una nota destacada es que se bebieron cuatro botellas de champán Moët Chandon, por 1.350 pesetas cada una, y dos de coñac Martell, por 2.126 pesetas. Si los bebedores conocían el hábito de beber bien o si fue casualidad, nada se sabe.
Pero no solo desaparecieron de la despensa estas más de 200 botellas. También se consumieron 16 cajas de cerveza, 23 refrescos, 24 litros de zumo de tomate, 18 de piña, seis de pomelo, 36 de naranja y 47 botellas de agua mineral.
La comida también estuvo presente
Para que la jornada fuera completa, los insurrectos también consumieron alimentos varios. Entre ellos se destacan tres centros de jamón serrano, con un costo de 7.600 pesetas, 220 euros a precio actual.
Pero no solo comieron jamón. También se abrieron seis latas de bonito en escabeche, se cortaron 16 barras de chorizo, once barras de salchichón, siete barras de queso de nata, redondo de pavo asado y 23 tarrinas de ahumados variados.
Las verduras y las frutas estuvieron presentes en este festín. Fueron consumidas 14 latas de espárragos, tres de melocotón en almíbar, dos de peras en almíbar, dos de macedonia de frutas y ocho botes de frambuesa.
Y no se escatimaron los postres. Los registros muestran que se consumieron 12 litros de helados variados.
¿El importe de esta fiestita? Entre bebida y comida… Total de la supuesta factura: 5.825,57 euros.
¿Participaron de este consumo los parlamentarios presentes?
Todo indica que los diputados pasaron la noche sin comer ni beber nada. En la mañana los rebeldes les ofrecieron desayuno en bolsas. Todos las rechazaron, con excepción del diputado Blas Piñar, de Fuerza Nueva.
Los alimentos desaparecieron y el dinero no fue encontrado después de que los insurrectos salieron del Palacio de las Cortes. Tras casi dieciocho horas de tensión, los diputados fueron liberados el 24 de febrero de 1981.
Los participantes en el golpe fueron detenidos, juzgados y condenados. El consejo de guerra los condenó a pagar un millón de pesetas por los daños en el Palacio de las Cortes. Se sumaron también las pérdidas por consumo de bebidas y alimentos.
