Quince días tardaron algunos procuradores de aquellas Cortes de Santiago de 1520 que prendieron la mecha comunera en regresar a sus ciudades. Mucho ha cambiado la situación, pero en las Cortes hay procuradores que deben armarse de paciencia, tiempo y esfuerzo cada vez que son convocados. Tres horas al volante es sólo un ejemplo de los trabajos y renuncias de algunos parlamentarios para ejercer una vocación de servicio público y ponen en valor una labor que está en la picota de la opinión pública. Jesús Ángel Peregrina (PP) de Soria y Fernando Rodero (PSOE) de Ávila conforman el relato de una vocación a prueba de cuentakilómetros.
Tres horas y 265 kilómetros separan Arcos de Jalón de la sede del Legislativo regional en Valladolid, un camino que Peregrina recorre una vez a la semana en su coche. Quizás haya otros procuradores que vivan en localidades más periféricas, pero la mayoría encuentran una buena autovía para llegar. Soria es la única provincia que adolece de vías rápidas, por lo que a Peregrina le toca hacer kilómetros en inhóspitas carreteras. «Voy de Arcos a Almazán, luego enlazo hasta el Burgo de Osma y recorro la N-122 hasta llegar al Parlamento. La inmensa mayoría es por carretera», precisa para insistir que los viajes son largos y que en invierno ha gastado 800 euros en unas ruedas que le proporcionen mayor seguridad.
No mucho más fácil lo tiene el socialista Fernando Rodero desde su casa en El Arenal, 75 kilómetros al sur de Ávila y tres puertos de montaña de por medio. Tal es el respeto hacia la nieve que, cuando prevé que la situación de las carreteras puede ser complicada, sale el día antes de la sesión y duerme en casa de sus hijos en Salamanca. Ya con la tranquilidad que da una autovía o, incluso en el tren, emprende por la mañana camino a Valladolid. En este caso, la vocación política de este médico de atención primaria le llevó a cambiar su consulta en el Arenal, donde recibía a los pacientes desde hace 25 años, por otra en Padiernos, más cerca de las capitales donde desarrolla su trabajo como procurador. A cambio, ha ganado una rutina cotidiana de viajes entre su domicilio y el pueblo donde trabaja.
Rodero acostumbra a madrugar y sale de casa «cuando todavía no están puestas las calles». Los días de Pleno, no se permite levantarse más tarde de las cinco y media y, después de una ducha y un desayuno casi exprés, coge el coche para emprender las tres horas de volante que le separan de su escaño. En su camino se tropezará con tres puertos, 40 kilómetros de carretera nacional y, por fin, una autovía que lo lleva hasta Valladolid. «El que ves es el segundo que consumo como procurador porque hago cerca de 80.000 kilómetros al año», comenta.
Dedicación exclusiva
Ambos, Peregrina y Rodero, no son procuradores con dedicación exclusiva. A su tarea parlamentaria deben unir un trabajo que requiere de su propio afán y más si el trabajo está en el medio rural. El soriano es alcalde de Arcos de Jalón y secretario-interventor de los ayuntamientos de Miño de Medinaceli y Alcubilla de las Peñas, un trabajo que procura compaginar más mal que bien con la atención a su mujer y a sus dos hijos de siete y doce años. «Me llevo el trabajo de todos los ayuntamientos a casa», puntualiza este parlamentario que, visto y visto, lo tiene claro: «Pienso que para al procurador que vive en Valladolid le sale más rentable».
Por su tarea como regidor no cobra y como procurador suele recibir unos 1.800 euros. Peregrina entiende que, en los tiempos que corren, el sueldo puede parecer abultado, pero sostiene que si el tiempo que le dedica a la política lo hubiera invertido en ejercer de abogado percibiría un salario mayor. A pesar de ello, se muestra entusiasmado con ser procurador.
Reconoce que los políticos «están mal vistos», pero defiende su vocación: «Nos llevamos los disgustos y el trabajo a casa. En los pueblos siempre hay muchos frentes abiertos y ahora más con la crisis. Te aseguro que de procurador no te haces rico», insiste para apuntar que tiene el apoyo de su familia, a pesar de que su hijo mayor le exige que cuando esté con él deje de ser alcalde y sea solo padre.
En el otro lado de la Comunidad, a 14 kilómetros de Ávila, Fernando Rodero acude al consultorio de Padiernos a primera hora de la mañana. No es su primera parada del día porque ya ha estado en la capital en reuniones políticas. Después de Padiernos, pasa consulta en Muñopepe y Salobral, desde donde emprende el viaje de vuelta a El Arenal, que está a 75 kilómetros de la capital. Llega a su casa con la barra de pan dispuesto a disfrutar del «mejor momento del día»: cuando se sienta a comer con la mujer con la que comparte su vida desde hace tres años.
Mientras degusta el aperitivo que Concha ha dispuesto sobre la mesa, Rodero analiza la situación de su partido después de las elecciones catalanas. «Nos falta credibilidad», reconoce. «Debemos pedir perdón y reconocer los errores que hemos cometido», asevera. Para Rodero la clave está en «otras caras» y dice notar que la gente «quiere a alguien creíble que dé una verdadera alternativa al PP», algo que ahora no existe. Preguntado por la continuidad de Rubalcaba, estima que por encima de su capacidad como político, pesa como una losa que fue vicepresidente de un Gobierno al que los ciudadanos castigaron en las urnas: «Es muy difícil tratar de vender algo que tú hace unos meses te has negado a tomar».
