El robo de la corona de la Virgen de la Fuencisla y de la del Niño Jesús ha convertido a la seguridad de la patrona de Segovia y sus joyas en objeto de interés de los segovianos. Y, para desmontar los mitos que circulan, Carmen Hernández, perteneciente a la Junta del Santuario, fue ayer concluyente. “Mucha gente cree que la Virgen de la Fuencisla tiene unas joyas impresionantes, pero no es así. Se llevarían una decepción si las vieran”, indicó esta profesora de Historia, perfecta conocedora de los aderezos de la patrona, pues ha dedicado muchas horas a su estudio.
En el momento del robo, las únicas joyas de la Virgen de la Fuencisla que se encontraban en el santuario eran precisamente las que llevaba colocadas la imagen. El resto se guardan en una caja de seguridad de Caja Segovia. Aunque este hecho puede dar pie a pensar que allí se custodian piezas de gran valor económico, Hernández se apresura a negar tal extremo.
En opinión de esta historiadora del arte, las únicas joyas destacadas de la Virgen de la Fuencisla son un rostrillo del siglo XVIII, un aderezo regalado por Isabel II en 1859, un pectoral donado por el obispo Gandásegui en 1916, una pequeña colección de broches (ofrecidos por Isabel II, la Chata y la reina María Cristina), y un collar, entregado por la reina María Cristina.
¿Y el resto de las joyas?. “Las podría tener cualquier mujer en su joyero”, insiste Hernández, que, a pesar de lo antedicho, quiere valorar en su justa medida esos regalos, insistiendo que su importancia radica en ser “fruto del amor de los segovianos a su Madre”. Para explicar el escaso valor económico de la mayoría de las joyas, Hernández recuerda un ejemplo, el de una mujer que ofreció un “magnífico collar de perlas”. Días después, un joyero, tras analizar la pieza, lanzó una pregunta: “¿Y cómo regalan ‘esto’ a La Fuencisla?”. El collar de perlas era… bisutería. A pesar de casos de este tipo, Hernández insiste en que, desde la Junta Rectora del Santuario “siempre hemos respetado cualquier donativo”, por su componente sentimental.
Todas estas ‘joyas no históricas’ de la Virgen de la Fuencisla se guardan “en un joyero de piel, de tres cajones”. En el listado de piezas figuran “10 ó 12 pares de pendientes de segoviana”, donadas en una época en que se puso de moda hacer ese ofrecimiento a la patrona. También abundan las alianzas de boda, regaladas por mujeres tras la muerte de sus maridos.
Todavía hoy “no son infrecuentes” las donaciones a la Virgen de la Fuencisla. “Son cosas sencillas, corrientes, pero regaladas con muchísimo amor”, insiste Hernández. Entre las últimas donaciones, sobresale un broche con esmeralda, entregado por una segoviana, que quiso así compensar por las gracias recibidas.
