El Real Madrid logró ayer un merecido triunfo frente al Valladolid (2-3) en un envite donde los blancos lograron remontar el doblete de Manucho gracias a la genialidad de Özil, y se convirtió en el segundo equipo que derrota a los castellanos en su feudo.
Los hombres de Mourinho, con el canterano Nacho en el ‘cenizo’ puesto de lateral izquierdo, no perdieron ni un minuto en presentar su candidatura para llevarse el choque. Pero el rival no se arrugó, con un abarrotado estadio arropándole y la pareja de centrales habituales, Sereno y Valiente, recuperados plenamente.
Transcurridos siete minutos, Manucho decidió acumular todos los elogios posibles. A la salida de un córner, el angoleño se aprovechó de un balón que había vagado sobre el resbaladizo tapiz para abrir el marcador. El coliseo blanquivioleta gritó hasta desinflarse mientras los ‘merengues’ miraban de reojo sus tres derrotas a domicilio. Sin embargo, fueron pocos los agónicos minutos que pasaron hasta que Benzema devolviera el equilibrio inicial al marcador asistido por Callejón, tras un resbalón de Valiente.
Como si se tratara de un paralelismo inalterable, de nuevo a balón parado, Manucho superó a Casillas. Cabeceó ante un impotente Sergio Ramos. A renglón seguido, un nuevo resbalón, esta vez de Sereno, dejó a Callejón solo ante Dani, aunque acabó errando.
Hueco en la banda
La lesión de Ebert, que fue retirado en camilla, dejó un hueco en la banda que no tardó en rellenar Rukavina, hasta entonces mudo en ataque. Sin embargo, el Madrid se rehizo, con empuje, aunque sin demasiada efectividad en un campo que se hizo estrecho. Fue en esos diminutos huecos donde el talento cobró su mayor brillo. Al borde del descanso, Özil y Benzema combinaron hasta que el alemán vio puerta burlando al jugador local que se cruzara.
El Real Madrid salió desatado en la segunda mitad. La víctima fue Nacho, sustituido por Di María. Para terminar de quedar con la locura, el técnico portugués alineó a Modric, en lugar de Arbeloa. Apenas sin defensa, el partido se volvió vertiginoso, con los locales asomándose menos al área rival.
El conjunto blanco era un tanque sin ventanilla delantera. Un festival ofensivo con más arrojo que acierto, interrumpido en contadas ocasiones por contraataques de los de Djukic. Sin embargo, el acierto lo puso de nuevo Özil, de libre directo, haciendo que el balón entrara antes de estrellarse en el larguero. El gol sirvió de señal a Mourinho para devolver consistencia defensiva a los suyos. Salió Benzema y entró Varane. Más seguridad, posesión, ocasiones y se terminaron los goles.
