El Tesoro tendrá que captar unos 100.000 millones de euros de los inversores en lo que queda de año para financiar los vencimientos pendientes y el déficit público, según los datos facilitados hace unos días por el mercado primario.
La prescripción de la segunda parte del ejercicio asciende a 63.000 millones, a los que hay que sumar al menos la mitad del déficit previsto para este año (6,3%), lo que supone más de 30.000 millones, y los 4.000 que se ha comprometido a aportar al fondo de liquidez autonómico.
De esta forma, el organismo tiene por delante la difícil tarea de captar unos 100.000 millones de euros en seis meses en un momento de máxima tensión en los mercados, aunque parece que la institución no tiene intención de modificar su calendario de emisiones.
La falta de confianza de los inversionistas, el desplome de la recaudación y el necesario rescate de algunas regiones con problemas de liquidez pueden dificultar el trabajo al Tesoro, que se está viendo obligado a ofrecer rentabilidades muy elevadas para captar liquidez.
De hecho, la rentabilidad de las letras a tres meses, el interés del papel a más corto plazo que emite, se ha multiplicado por ocho en lo que va de curso. En la primera emisión de estas letras de 2012 (21 de febrero), la institución abonó una rentabilidad media del 0,3%, mientras que en la última que llevó a cabo el pasado 2 de agosto las obligaciones a a 10 años superaron el 6,7%.
A principios del ejercicio, el Tesoro optó por sacar fondos a más largo plazo para aprovechar las condiciones de mercado, mejores gracias a las intervenciones del Banco Central Europeo (BCE).
Esta decisión le ha permitido cubrir el 68,6% de las subastas a medio y largo plazo previstas, y mantener una estrategia más prudente después de que se desvaneciera el efecto de las emisiones del Eurobanco.
Tras el recrudecimiento de las tensiones por las dudas que genera la economía española y su capacidad de hacer frente a la crisis de deuda sin ayuda, el organismo decidió refugiarse en el corto plazo para evitar pagar rentabilidades muy elevadas durante largos períodos de tiempo.
Octubre, clave
Sin embargo, los analistas creen que esta estrategia no puede alargarse mucho y que España tendrá que volver antes o después a apostar por las emisiones a largo plazo si quiere hacer frente a los vencimientos pendientes en el año.
En concreto, el Tesoro afronta estos meses dos momentos clave en el segundo semestre de los cuatro que tradicionalmente son difíciles para la institución: febrero, abril, julio y octubre.
A finales del mes de julio, el organismo afrontó el vencimiento por valor de 16.991 millones de euros (4.118 millones en letras y 12.873 millones en bonos), una cifra menor a la que se tuvo que hacer frente en abril. El último vencimiento, el que tendrá lugar el próximo octubre, será el más difícil para la entidad dirigida por Íñigo Fernández de Mesa, ya que la cantidad ascenderá a 26.351 millones (6.085 en letras y 20.266 en bonos y obligaciones).
En el resto de las subastas de este ejercicio, los plazos serán considerablemente inferiores y más fáciles para la institución, ya que apenas superarán los 7.000 millones de euros.
