Los denominados oxy shots se han convertido este verano en la nueva moda entre los jóvenes para consumir alcohol y conseguir «borracheras más rápidas en las fiestas». Si bien, estos atractivos chupitos inhalados pueden producir lesiones en el aparato respiratorio y en el sistema nervioso central e, incluso, «ser letales».
Así lo ha asegurado el vocal asesor y miembro de la Comisión Clínica de la Delegación del Gobierno para el Plan Nacional sobre Drogas, Manuel Sanchís, que ha advertido de los efectos de este consumo, que puede llegar a ser mortal si el organismo soporta concentraciones de alcohol superior a cinco gramos por litro, el límite que el cuerpo puede tolerar.
El nuevo método de los más jóvenes para lograr otras formas de experimentar con las drogas ha aparecido este verano en España, en concreto en discotecas y bares de Mallorca, donde inhalar alcohol a través de un tubo por el precio de cuatro euros es la última moda en todas las celebraciones.
Un hábito que puede ser gravemente perjudicial para la salud y al que ha puesto freno el Gobierno balear, en previsión de los devastadores efectos que puede acarrear a corto y largo plazo en el cuerpo humano.
El principio elemental que fundamenta esta novedosa forma de consumo alcohólico masivo, según ha explicado Sanchís, es muy básico. Se trata del etanol, que tiene un punto de ebullición de 80 grados (ya que hierve antes que el agua), con lo que es fácilmente convertible en vapor.
Para Sanchís, «ni quien lo toma, ni quien lo expende, sabe dónde está el tope» de un consumo de riesgo porque, según ha explicado, no se han realizado hasta la fecha estudios sobre los mecanismos que fundamentan este peculiar vapor.
Lo que sí saben los jóvenes que apuestan por esta peligrosa aventura es que quieren lograr una borrachera rápida, algo que, sin duda, conseguirán con este nuevo método de acción directa.
Al inhalar el alcohol éste pasa directamente al sistema nervioso central, produciendo inmediatamente los efectos asociados a la ingesta masiva de combinados, aunque sin tener que metabolizarse en el hígado. A través de la mucosa, éste llega a la barrera macroencefálica y produce de manera inmediata una embriaguez aguda, con la consiguiente depresión del sistema nervioso y unas consecuencias cardíacas extremadamente graves, sobre todo si se superan los límites del organismo.
El primero en resultar dañado es el aparato respiratorio, ya que la droga atraviesa las vías aéreas, que pueden terminar afectadas, según ha señalado el neumólogo del hospital de La Paz de Madrid, Sergio Alcolea.
Como el alcohol es una sustancia irritante, los efectos derivados a corto plazo sobre el sistema pulmonar son, en primer lugar, la inflamación de los bronquios y de las cavidades respiratorias inferiores, lo que puede crear crisis de asma o una mayor proporción de neumonías, en aquellas personas que empleen esta forma de consumo, tal y como ha desvelado este especialista.
Mientras tanto, a largo plazo todavía no se conocen los posibles daños, ya que se trata de un hábito que ha aparecido este mismo verano en Baleares. No obstante, Alcolea ha puntualizado que «los habrá si se sigue utilizando de manera creciente», como parece que esta ocurriendo. «Es una forma más peligrosa de consumir alcohol», según todos los expertos consultados, que insisten en que habrá que analizar este fenómeno más en detalle de ahora en adelante. En palabras de Sanchís, «se había visto alguna vez, pero de una forma muy experimental», no como un consumo de sustancias veraniegas», que abordará el Plan Nacional sobre Drogas.
El detalle: la novedosa técnica empleada por los jóvenes en las fiestas veraniegas para experimentar con el alcohol, juega con la elevada graduación de las bebidas que se consumen, una práctica posiblemente importada de los países nórdicos. Suelen ser licores con una concentración de entre un 40 o un 45 por ciento, como el vodka o el tequila, lo que eleva el riesgo y aumenta la gravedad de las posibles patologías derivadas de su ingesta.
