La historia dirá que Dani Arribas marcó un tanto clave para la Segoviana en un error del portero, simplemente había que estar allí para cabecear a gol un balón tan propicia. Esa interpretación simplista escondería una infinidad de esfuerzos infructuosos, porque el atacante gimnástico pone la maquinaria a mil revoluciones independientemente de las posibilidades de éxito. Resulta sorprendente verle persiguiendo en el ecuador del primer tiempo un despeje contundente de Álex que se escapaba por la banda mientras la zaga, embotellada atrás, ganaba metros. Ninguna jugada es trivial para Arribas, que perseguía el balón en el aire cuando ya llevaba al menos dos metros más allá de la línea de cal. Por eso no es casualidad que estuviera en el lugar y momento adecuados; trabaja en cada acción irrelevante para estarlo.
“Merece la pena correr el riesgo de estar ahí para recibir un fallo del portero, ahí está el fruto. No hay que dar nunca un balón por perdido. Muchas veces no cae, pero cuando cae, mira, un resultado muy bueno para la vuelta”, aseguraba a la conclusión del choque el nueve gimnástico para describir el proceso que debe seguir un delantero en cada jugada, definidas en su mayoría a favor del guardameta. “Hay que estar en el área e intuir dónde va a ir. Es un centro que rebota en el defensa, se envenena hacia la portería, y hay dos opciones, que la toque y te la deje muerta o que toque y la mande fuera”.
El 0-0 parecía casi un hecho burocrático, un marcador que ya cosechó el Laredo hace dos semanas en Mérida. El gol le quitó las medias tintas a un resultado que ambos equipos podían arriesgarse a interpretar positivamente. La Segoviana decantó territorialmente el choque con el paso de los minutos, pero no supo trasladar ese dominio a las áreas. Aunque el 1-0 parezca un fruto extraordinario, y lo es en eliminatorias tan parejas que se deciden irremediablemente por detalles, cinco de los ocho equipos que viajaron la semana pasada con un 1-0 volvieron a casa eliminados. Dos de esos ocho choques se decidieron por penaltis.
Chema cumplió su guión, aguantar hasta que no pudo gestionar su dolor. Se retiró en el minuto 65 con un emotivo abrazo a Alfonso, que cumplió sin demasiado trabajo en el lateral diestro. Una vez en el banco, gesticuló como un pez fuera del agua, nada acostumbrado a estar sentando en un día clave. Acabó viendo una tarjeta evitable por protestar; si viera una más en lo que queda de play off ya serían tres y se perdería el siguiente encuentro.
Un centenar de aficionados cántabros recurrieron a un cántico clásico de San Mamés: “A la bim, a la bam, a la bim bom bam, Laredo, Laredo, y nadie más”. Su colorido rojillo endulzó una gran entrada en La Albuera y promete teñir San Lorenzo en la tarde del sábado para buscar la remontada.
Ambos entrenadores reaccionaron a su manera; más expresivo Sedano, apoyado de aquella manera en el banquillo, bebiendo agua cada poco. Chiri, aparentemente más satisfecho, contemplaba el partido de cuclillas y aprovechaba cada ocasión para llamar a sus pupilos al despacho cuando el jugo estaba parado. Entonces marcó Arribas, y el melón se abrió.
