Con un punto se tuvo que conformar la Gimnástica Segoviana en su visita al terreno de juego del Atrio Bupolsa. El encuentro se puso muy pronto de cara a los azulgrana, amos y señores de la situación a lo largo y ancho de los primeros 45 minutos, pero incomprensiblemente se diluyeron como un azucarillo ante el mayor empuje de los anfitriones en la reanudación.
Buen sabor de boca dejó el empate en las filas locales por la entidad del rival que tenía enfrente. Más teniendo en cuenta cómo se desarrolló la contienda. Los locales querían desquitarse de la dolorosa derrota encajada el pasado fin de semana en La Bañeza, pero no anduvieron muy finos en los primeros compases del choque.
De hecho la Segoviana, un equipo compacto y muy generoso en la entrega en la zona ancha, supo llevar el agua a su molino de salida. Los burgaleses no estaban cómodos sobre el césped frente a un oponente que presionaba con codicia en la medular.
De los visitantes fue la primera intentona reseñable de la contienda en un disparo desde la frontal de Dani Calleja que detuvo sin problemas Álex.
Sin embargo, un garrafal error defensivo de la zaga del Atrio puso en bandeja el tanto a la Segoviana cuando apenas se había superado el minuto 10 de juego. Una buena acción por el carril diestro del ataque segoviano concluyó con un buen servicio interior sobre la llegada de Miguel, cuyo disparo se estrelló en la parte inferior del larguero. Con Álex ya batido el balón botó fuera, pero ni el portero ni Cachorro (que intentó despejar el balón en un remate acrobático) acertaron a alejar el esférico. Y allí apareció el más listo de la clase, Dani Arribas, para empujarlo al fondo de las mallas a la media vuelta.
El Bupolsa estaba tocado. No daba con la tecla para reponerse del golpe. El balón no le duraba un suspiro en los pies y tenía enfrente un rival sin fisuras. Tras el tanto los azulgranas cedieron más espacio a los blanquinegros y se defendieron con solvencia más cerca de su propia área.
Aún así, las únicas aproximaciones burgalesas fueron una doble ocasión de Mario (en un disparo desde la frontal y un testarazo que fueron despejados por la zaga segoviana). Y ya con el tiempo cumplido lo intentó Zamora con una volea desde la frontal que atajó sin problemas Facundo.
El paso por los vestuarios sentó de maravilla a los burgaleses. Manu Cabezas leyó la cartilla a sus pupilos, que saltaron con más brío al césped. Y ello a pesar de que los visitantes comenzaron pisando área contraria en un gran contra en la que los azulgrana protestaron un posible penalti.
Tras el susto reaccionó, y de qué manera, el Atrio Bupolsa. A base de coraje los anfitriones fueron ganando metros ante un rival que incomprensiblemente desapareció del terreno de juego ante el empuje local. Cristian desató las hostilidades tras un taconazo de Bruju, pero su disparo raso lo detuvo Facundo en el 62. Acto seguido Bruju lanzó una falta directa junto a la base del poste que el meta segoviano despejó a córner.
Y a la tercera fue la vencida. El talentoso zurdo colocó con esmero la pelota, cogió distancia y con el guante de su pierna izquierda sacó un fabuloso disparo con rosca por encima de la barrera que quitó las telarañas de la escuadra portería de la Segoviana. Imparable.
Los de Manu Cabezas se crecieron. Habían logrado lo más difícil y tenían a su rival herido. Hasta el final de la contienda volcaron el choque en el campo azulgrana, pero el ansiado tanto de la victoria no llegó a producirse.