El Gobierno aprobará el próximo viernes, 26 de junio, el techo de gasto para 2016, que superará los 130.000 millones de euros, y con ello dará comienzo a la elaboración de los Presupuestos Generales del próximo año, a pesar de que no podrán aprobarse en las Cortes porque las elecciones generales se celebrarán, previsiblemente, a finales de noviembre, según confirmó el Ministerio de Hacienda.
Tras el recorte del 3,2% del techo de gasto en 2015, las cuentas públicas del próximo año contarán con un límite de gasto más generoso, dado que la mejora de la economía española (el Gobierno prevé un crecimiento del 2,9%) y de los ingresos públicos no obligará al Ejecutivo a realizar demasiados ajustes y, todo ello, sin comprometer además la consecución del objetivo de déficit en 2016, situado en el 2,8% del PIB.
Junto con la esperada mejora de los ingresos el próximo año, en la que el Gobierno confía porque hasta abril los ingresos impositivos están creciendo a un ritmo superior al 6,5%, en 2016 seguirá cayendo tanto el gasto en prestaciones por desempleo, que llegó a superar los 30.000 millones de euros anuales, como el coste por los intereses de la deuda, que también se está reduciendo por la mejora de los mercados financieros.
Con todas estas previsiones, el equipo del ministro de Hacienda, Cristóbal Montoro, está preparando un aumento del techo de gasto para el próximo año, que además debe recoger la segunda parte de la rebaja del IRPF y del Impuesto de Sociedades, que supondrá un merma de ingresos de más de 4.000 millones de euros.
Pese a ello, está previsto, según fuentes del Ministerio de Hacienda, que tanto comunidades autónomas como ayuntamientos reciban en 2016 más dinero que este año, debido a liquidaciones pendientes del modelo de financiación autonómica y por la mejora de los ingresos, con lo que tendrán más fácil cumplir sus objetivos de déficit, situados en el 0,3% del PIB para las regiones.
Según las mismas fuentes, no se planteará, por tanto, una nueva reducción del gasto público en términos absolutos, sino una contención de su incremento, de manera que no será necesario realizar nuevos ajustes a la baja porque no serán necesarios para consolidar los objetivos de déficit público.
Con la aprobación del techo de gasto, que debe ser ratificado por el Congreso y el Senado, el Gobierno da inicio a la elaboración de las cuentas públicas justo antes de que se celebren las elecciones.
