Al mediodía, las calles del centro histórico de Segovia tendrán hoy, y el día de San Pedro, el privilegio, como ha venido ocurriendo al menos desde hace más de un siglo, de ser recorridas por la comparsa de gigantes y cabezudos. Sin duda, uno de los atractivos de las fiestas segovianas y de lo más tradicional que tenemos en la ciudad.
Abandonarán su oscura guarida de La Alhóndiga —en otros lugares, como Barcelona, se les procuran mejores emplazamientos y mimos— para divertir a grandes y pequeños, acompañados por sus inseparables Silverios, saga familiar de dulzaineros y tamborileros que llevan amenizando su baile parsimonioso desde hace décadas.
Rafael Cantalejo, historiador y director del Archivo Municipal —vecino por lo tanto de los gigantes y cabezudos en La Alhóndiga—, explica que la presencia de los gigantes (hasta el siglo XX no se les denomina gigantones) por las calles de Segovia se remonta, al menos documentalmente, a los primeros años del siglo XVII, pero ya en el siglo anterior paseaban su esbelta figura entre los segovianos en la procesión del Corpus Christi.
“En 1608, por ejemplo, se sabe que un escultor de gran relevancia en Segovia, Felipe de Aragón (autor, por ejemplo, del San Frutos de la puerta de la Catedral), es el encargado de vestir ‘a los ocho gigantes que posee la villa’”, señala Cantajelo.
Añade que en ese momento eran el gitano, la gitana, el negro y la negra, el español y la española y el turco y la turca. Les acompañaban los que entonces se denominaban ‘gigantillas’: el enano y la enana.
Dice también este historiador segoviano que “sabemos que utilizan entonces una tela ligera llamada ‘tiritaña’, de vivos colores, aunque los portadores tenían que llevar zapatos blancos. Solía acompañarles un tamborilero para que fuesen danzando”.
A partir del último cuarto del siglo XIX comienzan a aparecer también en las fiestas de la ciudad, coincidiendo con la fiesta de ganados.
Hace un siglo, en 1910, también se contaba con ellos para el programa de las ya hace muchos años desaparecidas fiestas de septiembre, según refleja la hemeroteca de EL ADELANTADO.
Antes, en 1908, al entonces alcalde de Segovia, el señor Rodríguez Fraile, algunos concejales le reprocharon que contratara directamente a una modista para que en su propia casa confeccionara los vestidos de los gigantones. Después se supo que lo había hecho para ahorrar un dinero a las arcas municipales, ya que, con la vigilancia de la ‘alcaldesa’, la operaria “trabajó el doble que de ordinario y con el precio justo”. El coste total fue de 510,05 pesetas, un 50% más barato que en la anterior ocasión.
Cuenta Cantalejo que ya desde el siglo XX la comparsa está compuesta por ocho gigantes pequeños y dos de mayor tamaño. Los primeros se corresponden con distintas razas humanas: africanos, asiáticos, americanos y oceánicos. El continente europeo está muy bien representado por el Alcalde (Frutos) y la Alcaldesa (Fuencisla), ataviados con las vestiduras tradicionales. Apostilla también que en su última restauración su aspecto ha cambiado notablemente y fue entonces cuando se comprobó que el papel prensado que forma las cabezas de los más pequeños contiene documentos sellados en el siglo XVIII.
Ildefonso Rodríguez y Fernández, en un artículo publicado por EL ADELANTADO en 1928, además de destacar que Segovia es una de las pocas ciudades con “las tres secciones de gigantes”: gigantes, cabezudos y tarasca”, recoge la creencia de que su presencia en la fiesta del Corpus simbolizaba “a los pueblos de la tierra sometidos y a los diablos, la idolatría y herejía, vencidos ante el cristianismo y rindiendo pleitesía a Jesucristo”.
VIAJEROS E INMORTALES
Han sido muy numerosas las ocasiones en las que los gigantones y cabezudos segovianos han salido de viaje para divertimento de otros pueblos y ciudades. Ya en 1932 la corporación municipal aprobaba su cesión temporal al Ayuntamiento de Sepúlveda para las fiestas de la villa, advirtiendo que lo hacía siempre y cuando “abone el canon reglamentario y pague los gastos de viaje, posible deterioro, etc”. En 1985 llegaron hasta Bruselas, sólo el alcalde y la alcaldesa, envueltos en plásticos, según cuenta EL ADELANTADO para participar, dentro del festival Europalia, en una boda de gigantes. En esa misma década de los ochenta participaron en el Festival Mundial de Títeres de Charleville (Francia).
Durante su larga vida han sufrido también abandono y accidentes, lo que ha obligado a recomponerles en varias ocasiones, la última en 1992, por el grupo Libélula. Pero ahí siguen, impertérritos e inmortales.