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Con olor a cantueso

por Redacción
11 de junio de 2010
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Con el cielo amenazando lluvia y una temperatura más baja de la habitual en un día de la Octava del Corpus Christi, Fuentepelayo celebró ayer dicha festividad, repitiendo el ritual instituido hace ya muchas centurias, posiblemente cuando se creó en el lugar la cofradía del Corpus Christi, allá por el siglo XVI.

Vivida con la misma intensidad de siempre, la función apenas tuvo novedades. Si acaso, cabe reseñar que este año únicamente paloteó un grupo de danzantes y que el recorrido de la procesión —el acto culminante de la fiesta— se modificó con respecto a ediciones precedentes con motivo de las obras que se están llevando a cabo en la Plaza de la Fuente, que obligaron a la comitiva a desviarse por la Plaza del general Torres, un hecho inédito en la festividad.

En realidad, los actos dieron comienzo la noche del miércoles con el emotivo rezo de las vísperas en la iglesia de Santa María la Mayor —templo que fue reformado en el siglo XVI por Juan Gil de Hontañón, autor de los primeros trazos de la actual Catedral de Segovia, y que cuenta con la portada que fue de la primitiva catedral segoviana, obra de Juan Guas—.

Ya ayer, a mediodía se ofició una eucaristía, tras la cual la Custodia, llevada en andas por cuatro sacerdotes, salió de la iglesia bajo palio. Como es tradición, en la Plaza Mayor se encontró con un gran arco de ramas de chopo adornado con rosas, elaborado por los danzantes.

En ese momento comenzaron a sonar la dulzaina y el tamboril, marcando así el ritmo a los danzantes —grupo integrado este año por nueve chavales, de entre 13 y 15 años—. Aunque los bailes de palos o paloteos son, sin lugar a dudas, los más característicos de la Octava del Corpus Christi en Fuentepelayo, el choque de los palos de encina se alternó con el cantar de las castañuelas. Así, entre paloteo y paloteo, los danzantes cogían sus castañuelas para hacerlas sonar, mientras iban avanzando, marcha atrás, sin dar nunca la espalda al Santísimo.

La procesión paró, como es preceptivo, en la iglesia de El Salvador, para cantar el ‘Tantum ergo’. Y siguió en dirección a la iglesia de Santa María la Mayor, mientras los vecinos miraban de reojo a las nubes, por si descargaban. No lo hicieron, y la comitiva llegó a su punto de destino, concluyendo así un rito que no por repetido deja de resultar espectacular.

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Edición digital del periódico decano de la prensa de Segovia, fundado en 1901 por Rufino Cano de Rueda

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