“Nada puede ser demasiado hermoso, nada puede ser demasiado costoso”. Han pasado ochenta años desde que la marca francesa Bugatti intentase transmitir con este lema la esencia de un producto automovilístico, fundado por el italiano Ettore Bugatti, del que hoy sólo unos pocos pueden disfrutar y que hace a sus propietarios poseedores de artículos que sobrepasan el criterio del lujo para rozar el de auténticas obras de arte. El ‘International Bugatti Meeting convierte hasta el viernes 9 las vías secundarias de parte de Castilla y León en un improvisado circuito cerrado, capaz de albergar una representación de una de las marcas de coches más codiciada de todos los tiempos.
Aunque no hay un censo concreto, en el mundo quedan 2.000 de los más de 7.000 vehículos deportivos de lujo que salieron desde la factoría que Bugatti instaló en Molsheim (Francia) desde la década de 1920 hasta la actualidad. De todos ellos, casi un centenar viaja estos días ajeno al paso del tiempo y al avance de la ingeniería automovilística por las carreteras de la Comunidad. No hay competición que se le resista mientras el motor siga rugiendo.
Juan Quintano es uno de los pocos españoles que tiene el orgullo, o la suerte, como señala a la Agencia Ical, de tener en su garaje lo que hoy en día es un artículo de euromillonarios. Se enamoró del modelo 50 de la marca en Estados Unidos y no se quedó tranquilo hasta que se hizo con él. Le enamoró su historia. “Perteneció a un escritor de la época que lo compró para acudir con él a carreras deportivas”, concretó.
Fue en los años 70 cuando, por motivos laborales, Quintano se enteró que el modelo estaba a la venta y no se lo pensó dos veces. “Me acuerdo lo que pagué por él, pero eso no importa”, bromea este empresario con orígenes burgaleses, hijo del fiscal y magistrado en la Corte de El Cairo (Egipto), Antonio Quintano Ripollés, al que su afición por el mundo del motor le ha llevado a viajar por distintos países del mundo.
La marca Bugatti basó su producción ofertando un modelo único sólo apto para los bolsillos de unos pocos. Pese a que algunos de los modelos que salieron de la planta francesa han ido a parar a manos de personajes célebres, la gran mayoría de los propietarios de Bugattis se afana en preservar su identidad y en no desvelar el precio que hoy en día alcanzaría su coche en el mercado. Tal es el grado de anonimato que los participantes del encuentro intentan mantener quehay empresarios inscritos con nombres falsos para no desvelar su verdadera identidad.
