La sorpresa de la jornada llegó en la primera tanda de la clasificación y de nuevo tuvo a Lewis Hamilton como protagonista. Tras sufrir un problema con los frenos en Alemania que le hicieron estrellarse con los muros y que le relegó a la vigésima plaza, Hungría no fue diferente para el británico.
El piloto de la escuderíaMercedes, que llegaba a un trazado de Hungaroring en el que ha vencido en cuatro ocasiones, no pudo mantener su idilio con el circuito magiar y volvió a ver como la dudosa fiabilidad del Mercedes le dejaba fuera de la sesión, esta vez con problemas en el motor.
Las alarmas saltaron cuando apenas acababa de comenzar la tanda de clasificación y solo se llevaban unas vueltas de la Q1 en la que, a priori, Hamilton no tenía que tener problemas. Un denso humo negro comenzó a salir de la parte trasera del coche del inglés que rápidamente se transformaría en llamas. Los avisos desde la radio eran claros: fuego en el motor. La cara de Hamilton caminando hacia el paddock era un poema.
Tras la sesión, el piloto inglés se mostró incrédulo por los continuos fallos de su monoplaza. «No puedo creerlo. No sé qué ha pasado en el coche, sólo sé que empezó a salir fuego e intente volver al ‘box’ para arreglarlo, pero no pudo ser», aseguró.
«No sé qué decir, intentaré dar el máximo en la carrera y por lo menos espero salir desde el final e intentar algo similar a lo que hice en Alemania», sentenció el de Mercedes, que saldrá lejos de las dos primeras plazas lo que supone el cuarto Gran Premio consecutivo.
Pero en esta ocasión no estará solo el campeón del Mundo de 2008 en la retaguardia de la parrilla, pues un error de estrategia en del equipo del caballino rampante hizo que Kimmi Raikkonen (Ferrari) viera desde el garaje como Jules Bianchi (Marussia) mejoraba su tiempo y relegaba al finlandés a la decimoséptima plaza, dejándole fuera de la Q2.
