Allá por agosto parecía una apuesta segura pensar que, si la Gimnástica Segovia lograba hacerse merecedora de un puesto en el play off de ascenso, Chema sería pieza fija en el centro de la zaga. Su inmaculado historial físico no invitaba a la duda, pero los acontecimientos se han tornado caprichosos. Demasiadas lesiones para un jugador que rara vez había pasado más de una semana en la enfermería. Se recuperó hace poco más de un mes del último disgusto, una rotura en el bíceps femoral que debía tenerle dos meses apartado, previsión que el central, trabajador como pocos, redujo en dos semanas. Relegado en las últimas citas, Chema quiere recuperar su sitio: “Yo soy un egoísta grandísimo, como todos, y quiero jugar. A lo mejor no puedo dar el cien por cien durante 90 minutos, pero igual sí lo hago durante 60”.
La defensa es una zona del cambio que no tolera demasiadas probaturas. Con Álex y Anel como pareja de centrales, la Segoviana ha encajado tres goles en los últimos seis partidos, desde que Chema reapareciera, el 23 de abril ante el Villaralbo. El argumento conservador es no arreglar lo que no está roto. “Puedo entender el argumento, pero no quiero. Me parece muy bien, pero cuando he estado con Anel o con Álex también estábamos muy fuertes. Al final tenemos la desgracia de ser unos egoístas y la suerte de tener un entrenador que nos pone en nuestro sitio y que ha conseguido que estemos en play off. Si el director hubiera sido malo, con todos los egos que hay en el vestuario, no se yo dónde estaríamos”.
Tras un año hostil, Chema está “perfectamente”, eliminados sus dolores tras dos infiltraciones en la rodilla derecha a manos del doctor Rodríguez. “Tras la última rotura, cambiamos la manera de entrenar. En lugar de tanta pesa, hicimos más Pilates para ganar flexibilidad y mantener el tono físico que tenía antes”. Parecería humano temer una recaída, o que el cuerpo cruja por cualquier otro lado, pero el central, de 35 años, rechaza contundentemente ese sentimiento. “Yo tengo la facilidad de olvidarme de la lesión. Voy a un médico y pongo mi cuerpo en sus manos, si me dice que puedo disparar a puerta, aunque me duela a muerte, yo tiro. Claro que te puedes romper, es como si no sales a la cale porque te pueda caer una teja en la cabeza, pero si piensas en ello estás muerto”.
Tras semanas de recuperación, Chema se sintió listo en el derbi contra el Ávila, el 12 de abril. Mientras sus compañeros se ejercitaban en La Albuera, pudo desquitarse en las pistas de atletismo.”Era la primera vez que pegaba al balón con toda mi alma, también rabia, y no me dolía”. No escatimó, la red estaba rota y la pelota salió por detrás. A partir de ese momento, todo son rutinas: “Te vas calentando la zona en los entrenamientos hasta que un día se te olvida, no pasa nada y ya dejas de hacerlo”.
Pese a su inactividad reciente, Chema se siente plenamente capacitado. “Si yo ahora salgo, lo hago como si llevase 300 partidos, así lo he hecho estos días que he salido 10 minutos o media hora”. A la espera de volver a la titularidad, ha conocido el sabor de la suplencia. “Lo comentaba el otro día con un compañero molesto por no jugar y le decía que tendremos que hacer algo más, ya sea entrenar o comer mejor, pera merecer el puesto de quien está ahora”.
Incansable, y también autocrítico, Chema no tiene buen recuerdo de su última titularidad, en la derrota ante el Mirandés B, como lateral derecho. Concedió un penalti tras un mal control y los burgaleses le cogieron la espalda en el segundo gol. “Al equipo le meten dos goles porque estuve desafortunado y no me lo perdono. Con un empate habríamos ido el domingo a Salamanca de fiesta”. No es un puesto en el que pueda dar su “máximo rendimiento”, pero piensa primero en lo colectivo. “No soy lateral, pero si Santi me quiere ahí es porque ve otras cualidades en mí que pueden venirle bien al equipo. Mientras ayude, como si me pone de portero”.
El desenlace será lo que es, “un juego”. Icono azulgrana, Chema recuerda cuando puede a sus compañeros que el objetivo es divertirse. “Tengo complicidad con Manu, y algún día que lo está haciendo mal le digo: ‘Eres horroroso’. Enseguida se ríe, y te das cuenta de que nada es tan serio”. La amargura ya la traen las lesiones.
