No faltó ni el viento, ese compañero inseparable de todo aficionado a la aviación. Y con él, muchos representantes de instituciones y organismos segovianos acompañaron a la viuda e hijos del empresario Moisés López Parras, creador e impulsor del aeródromo de Fuentemilanos, en el acto de homenaje y recuerdo.
Organizado por la sociedad Aeronáutica del Guadarrama, en la que se integran empresarios particulares, Ayuntamiento de Segovia, Diputación, Caja Segovia y otras instituciones, el acto resultó sencillo pero emotivo.
Consistió en el descubrimiento de una placa de recuerdo a López Parras, coincidiendo con el quinto aniversario de su fallecimiento en un accidente aéreo.
El director del aeródromo, Gonzalo Suárez, recordó la personalidad jovial del empresario y dijo que llevaba tiempo intentando celebrar esta ceremonia. Resaltó la figura de ‘Mois’, como era conocido entre los amigos, y agradeció que en los 30 años de existencia del aeródromo éste se haya consagrado como uno de los más importantes de Europa.
Como portavoz de la sociedad Aeronáutica del Guadarrama S.A, habló Luis Fuentes, quien se refirió a Moisés López como un referente en el mundo del vuelo, y leyó el acuerdo de la sociedad de tributar el homenaje, que deseó que sirva para que le recuerden las generaciones futuras.
El momento de mayor exaltación lo protagonizó su viuda, Concepción Díez, quien agradeció los numerosos apoyos. Antes de descubrir la placa conmemorativa, con voz entrecortada dijo tener sentimientos contrapuestos al estar triste por la ausencia del homenajeado, y alegre por ver cumplido el objetivo que le llevó a impulsar este aeródromo. Fue el primer español en dar la vuelta al mundo en aviación civil, una hazaña que hizo en 2001, a bordo del avión ‘Segovia Patrimonio de la Humanidad’. Moisés López, de 71 años falleció en Jerez de la Frontera en un accidente que costó la vida a otros dos segovianos, Jesús Martín Sanz, de 53 años y Carlos Borondo Gutiérrez, de 30. Empresario, aparejador y constructor, la jovialidad y el carácter de ‘Mois’, siempre fueron sus signos de identidad porque, como solía decir, era “más segoviano que el Acueducto”. Ayer se recordó a un amante de la aviación, por la que vivió y murió.
