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Postales desde el Naranjo

por Redacción
14 de febrero de 2014
Los tres veteranos montañeros

Los tres veteranos montañeros

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Hemos vuelto, hace unos meses ya, de los Picos de Europa.

Javier Llorente, Juanjo Azuara y el que suscribe hemos escalado el Naranjo de Bulnes, esa cumbre siempre deseada que ocupa un lugar preferente en los sueños de los montañeros de nuestro país. Después de una conversación lanzada al aire hace un par de años, después de superar algunos achaques ¿de la edad? hemos escalado el Naranjo, hemos dejado un sueño en su cumbre y nos hemos bajado un puñado de recuerdos. Apenas nada para la historia y mucho para nuestras vidas.

Juanjo ha pasado el ecuador de la cincuentena, y Javier y yo nos acercamos irremediablemente a la sesentena; quizás no tengamos edad pero sigo pensando que el alpinismo es un maravilloso juego para niños grandes; o “un pretexto para la amistad y la sinceridad”, según el sentir del siempre admirado César Pérez de Tudela.

Nuestro planteamiento inicial fue el de revivir sensaciones perdidas y olvidadas de los personajes heroicos, y para ello qué mejor itinerario de escalada que aquél por el que se alcanzó por primera vez la cumbre de este grandioso monolito gracias a dos protagonistas excepcionales: Pedro Pidal y Gregorio Pérez, ‘El Cainejo’, marqués de Villaviciosa de Asturias el primero, y pastor, lugareño de Caín, el otro; dos personas distanciadas socialmente pero posiblemente profundamente amigas y unidas por una pasión común que entonces y hoy se llama alpinismo. Era el 5 de agosto de 1904, fecha que ha sido escogido como la fecha del inicio de la historia del alpinismo español.

Hemos sabido de primera mano de las dudas de sus protagonistas, de sus temores, de la incertidumbre del avance hacia la cumbre sin saber si cada paso hacia adelante lo sería, al tiempo, sin retorno; sin más medios técnicos que una cuerda de cáñamo de 30 metros y unas alpargatas para el Marqués y los pies desnudos de ‘El Cainejo’, para hacerle frente a un paredón de más de 500 metros de altura y casi 400 de escalada. Fue una hazaña prodigiosa, de gran exigencia física y psíquicamente excepcional.

Nos propusimos un cierto grado de afinidad con los protagonistas de aquella gesta y optamos por llevar cada uno nuestro equipo, nuestra comida, nuestra agua siempre escasa, y vivaquear al raso junto al Naranjo. El itinerario de acceso fue el clásico que desde el Sur, por Fuente Dé y con el teleférico, nos dejaría a las puertas de este mundo abrupto que constituye el macizo Central de los Picos de Europa.

Tras nuestra aproximación, acabamos con las últimas luces del día recortándose por las crestas de la Aguja Víctor, la Collada Bonita y la Torre del Oso. Estamos discretamente acompañados por un par de chavales que, al igual que nosotros, prefieren la sobriedad de una noche al raso a la cómoda estancia en el refugio. Nos dicen que se van meter en la vía “Directa de los Martínez” de la cara Sur. No puedo evitar emocionarme: hace 39 años, en ese mismo itinerario, yo era uno de ellos quizá con los mismos temores y la misma ilusión.

Al día siguiente nos encaminamos hacia la “terraza de piedras sueltas” en la que se sustenta la característica protuberancia de la roca en forma de “Y”, gigantesca, de un centenar de metros de altura, y desde cuya base da comienzo la vía de escalada del Naranjo. No es una escalada extrema, pero es una escalada seria, efectuada hace más de 100 años, al primer intento, en un solo día, sin apoyos en tierra, sin compañía… y sin más medios de seguro que una cuerda de 30 metros. ¡Y además bajaron destrepando por el mismo itinerario!. La reseña que llevamos, de una precisión extraordinaria, describe siete largos de escalada difícil en 335 metros, y una trepada final de dificultad moderada que supone otros 150.

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