Con tan sólo 36 años ha creado su propia empresa y es director de I+D+i en otra. Jaime Olaizola, ingeniero de Montes, decidió apostar por un sector “bastante baratero y menospreciado” a través de lo que mejor sabe hacer. Él define su trabajo como algo “peculiar”, pues está a caballo entre las labores clásicas de investigación en esta rama y las empresas del sector que buscan soluciones para sus cultivos. “Me di cuenta del vacío que hay en empresas de este tipo, pues en la actualidad todo se basa en investigación, así que pensé devolver a la sociedad toda esa investigación de forma práctica”, señala el joven emprendedor.
Así nació Biotecnología Forestal Aplicada, ligada al Parque Científico de la Universidad de Valladolid y con sede en Venta de Baños (Palencia), que analiza las enfermedades de las plantas a través de sus hongos y busca soluciones para que los cultivos crezcan adecuadamente al tiempo que estudia cómo producir determinados tipos de hongos comestibles a partir de la plantación de especies arbóreas.
El objetivo último de su trabajo es “dar valor al mundo forestal”, maximizando las posibilidades que ofrecen los hongos. “Intentamos que se hagan bien las plantaciones, que se busquen métodos de cultivo eficaces, centrado todo ello en los hongos, que nos permiten ver qué enfermedades tienen las plantas y qué soluciones les podemos dar”, explica Olaizola.
Para ello, realizan un análisis genético —a través de la más moderna tecnología—, que permite identificar un hongo por su ADN, bien sea de hongos micorrícicos o de los que producen enfermedades.
Otra de las aplicaciones prácticas de más interés es el cultivo de hongos a partir de la micorrización con determinadas especies vegetales. Así, ha aprovechado las instalaciones para crear productos que favorezcan el cultivo de setas comestibles y la investigación sobre cómo cultivar hongos como la trufa, el níscalo o los boletus a través de esta técnica.
Es posible, por ejemplo, cultivar trufas en un vivero, a través de las esporas del hongo. “La trufa micorriza en las encinas; para cultivarlas, se tritura, se cuentan las esporas que hay y entonces vamos al vivero, donde en cada planta de encina se inyecta un determinado número de esporas. Esas esporas germinan, el hongo recubre la raíz de la planta y en ese momento la planta se micorriza, dando lugar al nacimiento de nuevas trufas”. Se trata de un sector en el que hay “bastante fraude”, pues “hay que saber ver micorrizas y hay que certificar que la planta verdaderamente esté micorrizada, y eso es algo complicado. El precio de la trufa es muy elevado y en el mercado encontramos productos a buen precio que seguramente no sea verdadero”, advierte.
Biotecnología Forestal, que cuenta tan sólo con un año de vida, ha logrado ya una sólida cartera de clientes y ha realizado importantes proyectos de investigación para empresas.
