Lejos queda la época en la que España recibía un maná de recursos de la Unión Europea que le permitieron concretar ambiciosos programas de infraestructuras en los años noventa. Para intentar mitigar el efecto negativo de quedarse, desde 2014, sin esos fondos, Madrid planteará una áspera batalla en la próxima cumbre de Bruselas.
De cara al Consejo Europeo previsto para hoy y mañana, pero que podría prolongarse durante el fin de semana, las espadas están en alto: quienes aportan más de lo que reciben, los contribuyentes netos como Alemania, plantan cara a los «países de la cohesión», principales beneficiarios de ayudas, especialmente a los que se han sumado en los últimos años, entre ellos Bulgaria y Rumanía.
La batalla de España se sustenta en datos elocuentes: en los anteriores presupuestos plurianuales tiene un saldo neto favorable (todavía hasta 2013) de cerca de 16.000 millones de euros, dado que aporta 74.625 a Bruselas y recibirá, hasta el año que viene incluido, 90.446 millones.
Por ello, una de las palabras clave es, en la jerga de la UE, el phasing out, término inglés que designa el paso gradual de socio pobre a rico. En ese sentido, algunas de las regiones con mayores necesidades financieras como Andalucía, Castilla-La Mancha o Galicia se irán despegando de los beneficios de las políticas de cohesión, aunque no de forma abrupta.
A pesar de la fuerte crisis que golpea al país, pasará ya en el próximo período, 2014-2020, a ser «contribuyente neto», con lo cual aportará más de lo que recibe a las arcas comunitarias.
Mala noticia
Aunque obtener el título oficial de rico en la UE pueda, a priori, suponer un privilegio, para la golpeada economía nacional, no es una buena noticia. La consecuencia directa de esta situación es que España perderá 20.000 millones de euros, especialmente en fondos de cohesión y en ayudas agrícolas en los próximos presupuestos, que los jefes de Estado y de Gobierno negociarán.
Sobre la mesa figuran varias propuestas, todas polémicas, porque el norte de Europa, los ricos, con Alemania, Holanda o Finlandia a la cabeza, no quieren ni oír hablar de aumentar el gasto. Tampoco el Reino Unido, cuyo primer ministro, David Cameron, amenaza con vetar los acuerdos si el presupuesto no se congela, para seguir una línea coherente con la austeridad que predican Londres y Berlín, y que afecta sobre todo a los socios del sur del continente.
Sea cual sea el enfoque, es mucho dinero, de 1,01 billones de euros si se acepta la propuesta del presidente del Consejo Europeo, Herman Van Rompuy, o de 1,091 billones si gana la de la Comisión.
