Contra el pesimismo y los nubarrones, la sana alegría es la mejor medicina. El deseo de diversión venció ayer por goleada a la crisis económica, al frío, y a las malas noticias que inundan a diario los informativos. Segovia no es Cádiz, Tenerife o Río de Janeiro. Y ni falta que hace. Basta la inquebrantable voluntad de las comparsas segovianas de pasarlo bien para que los carnavales de la ciudad luzcan con toda dignidad. Querer es poder y aquí se tararea y se baila sin parar la canción que popularizó Georgie Dann, y que declara su amor al Carnaval.
El Carnaval segoviano arrancó anoche con un desfile inaugural en el que los integrantes de las siete comparsas desafiaron al frío para exhibir buenas dosis de alegría, disfraces de todo tipo y condición y todos los tópicos que se suponen a la cita, como algunas coreografías que traslucen no pocas horas de ensayo en los días previos.
Al estallido de color y originalidad de algunos disfraces de los participantes se unió la espectacularidad de las danzas acrobáticas del grupo de batucada y capoeira Os Batucones. Percusión, acrobacias con fuego y los saltos imposibles de un zancudo abrieron el camino a un desfile que partió de las inmediaciones de la iglesia de San Millán y concluyó en la Plaza Mayor.
Comparsas
“El Tudel” encabezó la marcha, que fue seguida, a lo largo de su recorrido, por casi un millar de personas. La comparsa eligió a los personajes de “El Quijote”. Las ‘dulcineas” se mezclaban con ilustres protagonistas como el bachiller Sansón Carrasco y, por supuesto, con Sancho Panza y Don Quijote, montados en sendas bicicletas que imitaban a “el Rucio” y “Rocinante”. Y como ‘colofón’ una “carroza”, a modo de mesa de taberna, con libros, con tres niñas sentadas.
A continuación, “Los Vacceos”, que exhibieron las mil formas de imaginar un extraterrestre. Luces, trajes de mil formas y colores y ojos multiplicados para una comparsa que trajo a Segovia una auténtica civilización de otro planeta.
“La Semifusa” aportó al Carnaval una auténtica aldea vikinga, que no paró de bailar al ritmo de la canción de Georgie Dann. Cuernos, barbas, pelucas postizas y grandes espadas nutrían la comparsa.
Tras media docena hombres y mujeres disfrazados de “pollitos”, la comparsa de Apadefim aportó la nota filosófica al desfile. El bien y el mal, ángeles y demonios, unidos por el Carnaval. Todos sus integrantes son ángeles, aunque disfrazarse una vez de demonio, de rojo chillón, es divertido.
Los veteranos “Los Semaforitos” se presentaron disfrazados de arlequines, mientras que “Los Chirigoteros” aportaron a la fiesta la leyenda del lejano Oeste, con indios y vaqueros. Mención aparte, los dos hombres disfrazados de cabareteras que cerraban la comparsa.“Para que tú lo bailes” aportó quizá, el disfraz más original. Ellas, disfrazadas de abanicos, de varios colores, ellos, de castañuelas. Y demostrando que habían practicado con el ‘instrumento musical’.
A las comparsas se unieron otros grupos como el de Taller Municipal de Animación a la Lectura, que presentó una fantasía de productos y alimentos, desde un bote de ketchup hasta un donut. En suma, Carnaval, te quiero.
