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La caldera de los milagros

por Redacción
3 de junio de 2012
Murga espera exultante la llegada de Sergio tras la consecución de uno de los goles del Caja Segovia para abrazarse con su compañero. / Kamarero

Murga espera exultante la llegada de Sergio tras la consecución de uno de los goles del Caja Segovia para abrazarse con su compañero. / Kamarero

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Querido patrocinador.

No te llamo por tu nombre porque no sé ni siquiera si existes, aunque (al igual que muchos aficionados) quiero creer que sí, y que ayer estuviste en el pabellón Pedro Delgado disfrutando de una de esas tardes que a veces nos brinda el fútbol sala, un deporte menor para muchos, pero que en Segovia tiene el arraigo que le brindan treinta años en el corazón de los segovianos. Permíteme el tuteo, pero es que lo vivido ayer impide que sobresalga cualquier norma mínima de educación. Después de ver a cientos de aficionados saltar a la cancha a abrazar a sus jugadores y saltar de alegría con ellos, a uno no le termina de apetecer eso de tratar de usted a nadie. Pero haré un esfuerzo.

Si ayer estuvo en la cancha, seguro que sentiría una punzada de envidia al imaginar a su empresa reflejada en las camisetas de un equipo de una juventud tan insultante que asombra, que es capaz de tutear a un equipazo como es ElPozo (campeón de la Liga regular, que no se olvide), y soportar que le marquen un gol tras un error (de David), que le metan otro después de otro fallo (de Sergio), que aún encaje un tercero tras una mala presión (de Borja) y todavía reciba un cuarto tanto tras un grave error en la marca (de Lolo). Y lo puede soportar porque David, Sergio, Borja y Lolo son jugadores de carácter, que a pesar de su juventud se han caído y se han levantado ya muchas veces, y saben que este juego siempre te brinda segundas y terceras oportunidades.

Estoy seguro, estimado patrocinador, que cuando llegó el descanso ni siquiera el gol de Lolo que puso el 1-4 en el electrónico le hizo cambiar el gesto serio de los que se imaginan un desenlace trágico de lo que podía hacer sido una fiesta. No se preocupe, su gesto torcido fue el de los 2.000 aficionados que sabían que ni los protestadísimos árbitros, ni la desesperante lentitud de Kike en los saques de banda, ni los encontronazos de Esquerdinha con Lolo tenían la culpa de que ElPozo le fuera metiendo cuatro al Caja.

Pero los aficionados, como usted espero que descubriera ayer, saben que en el banquillo del Caja Segovia no hay un entrenador, sino un mago que se llama Jesús Velasco (y al que el color verde le va a sentar tan mal como le sienta a Matías y Tobe), y que en el vestuario del equipo de casa iba a haber “Velasquina” para tratar de hacer reaccionar a sus jugadores, de cara a una segunda mitad en la que sólo lanzándose a tumba abierta a por la victoria podía surgir la ocasión de darle la vuelta al partido.

Como en el banquillo de enfrente también se sitúa un entrenador buenísimo, ElPozo salió a la cancha en el inicio de la segunda parte con sus dos cierres, Kike y Bebe, tratando de contener la previsible salida en tromba de los locales. Y a fe que lo consiguió ElPozo, que impidió siquiera que los de casa tuvieran opciones claras de chutar a la portería defendida por un Rafa que paró lo suyo, pero que no estuvo tan “súper” como en otros partidos.

Diez minutos mágicos

Pero, querido patrocinador, en el ADN de este Caja Segovia la palabra “rendición” no aparece, y bastó que Sergio marcase el 2-4 de una rápida contra, y que Kike tuviese que pararle en la jugada siguiente en una clara falta para que el Pedro Delgado pasase de pabellón a caldera, y ni siquiera una flagrante falta no pitada de Alex sobre Lolo con la intención de parar el partido fue capaz de detener a un equipo de casa que ya se había liberado de sus ataduras, y comenzaba a arder con fuerza ante un rival que no sabía cómo detener el incendio que crecía más y más en el área de Rafa.

Si usted, señor patrocinador, sabe algo de fútbol sala, podrá afirmar sin temor a equivocarse que el Caja Segovia tuvo algo de suerte en esos segundos veinte minutos, porque ElPozo dispuso de un par de claras oportunidades, la más evidente un segundo palo que Dani Salgado mandó al techo, para haber dejado el incendio en simple hoguera de campamento de verano, habida cuenta de los “jóvenes castores” que estaban avivando las llamas. Pero ya se sabe que la suerte es también para quien se la trabaja, y tras el 3-4 que marcó Sergio casi sin ángulo, David empató el partido y puso la caldera en ebullición máxima. Cada jugada del equipo de casa era una opción de gol, cada acción del equipo visitante significaba un amago de infarto, los árbitros no dejaban contentos ni a unos ni a otros… fútbol sala en estado puro.

Con el 4-4 el Caja se tomó un lógico respiro que ElPozo aprovechó para pasar a dominar, pero Cidao había entrado en “modo pared”, y no permitió ni a Alex ni a Dani Salgado que marcaran el quinto gol que hubiese vuelto a poner las cosas difíciles a los de casa. Así que, en cuanto el equipo de Jesús Velasco recuperó el aliento, Sergio fue capaz de llegar a un rechace de Rafa tras un lanzamiento lejano, para poner el 5-4 en el electrónico, y al Pedro Delgado ardiendo tanto por sus cuatro costados que ni siquiera cuando Duda puso el portero-jugador en cancha su equipo (uno de los mejores de la Liga jugando el cinco para cuatro) fue capaz de empatar el encuentro.

El sexto gol, que llegó tras una falta de entendimiento entre Kike y Bebe que aprovechó Borja Blanco para marcar a puerta vacía, sólo fue la guinda de un milagro cocinado a fuego fuerte, el de una caldera que vibró como en las grandes tardes viéndose a una victoria de repetir final por la Liga, y coreando el nombre de sus jugadores y el de su sponsor actual, que hoy es Caja Segovia. Señor patrocinador, mañana el nombre de su empresa puede ser el que coree el Pedro Delgado. Piénselo bien y no dude. En este club hay costumbre de cocinar milagros cada año.

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