Fueron en torno a 4.000 las raciones de paella que prepararon ayer en La Fuencisla los miembros de la Asociación de Cocineros de Segovia, y aseguran que sus previsiones no andaron muy desacertadas. Julián del Barrio, organizador de la docena de cocineros que trabajaban en 20 paelleras, aseguraba a las 14,30 horas que ya se habían servido más de 2.500 platos, y la cola aún se extendía a lo largo de toda La Alameda.
Tras una mañana de preparativos, sobre las 13.30 se empezó a preparar la primera. “Es imprescindible que se haga cada una en su momento, para que cuando se sirva esté en su punto”, aseguró Del Barrio entre fogones , quien cuenta con una amplia experiencia en la preparación de comidas para cientos de personas en este tipo de eventos. Fue él quien aportó todo el instrumental necesario para la elaboración de las paellas.
Familias enteras y pandillas de amigos, el grupo al completo de las damas de las fiestas e incluso el alcalde Pedro Arahuetes (que comentó con los vecinos su posterior asistencia al pabellón Pedro Delgado para ver el partido del Caja Segovia a través de la pantalla gigante) disfrutaron de la comida por solo 4 euros, a pesar de que las temperaturas llegaron a superar los 33 grados.
Ya desde por la mañana, el camino de La Hontanilla hasta La Alameda de La Fuencisla se convirtió en una suerte de romería, y a eso de las dos de la tarde todos los posibles aparcamientos cercanos al evento estaban ocupados. Las entradas llevaban vendiéndose en el Centro de Recepción de Visitantes desde el pasado 15 de junio.
La Alameda de La Fuencisla se llenó por completo de sillas y mesas portátiles, cuando no de las mantas y toallas de aquellos que optaron por comer en el suelo. Las familias traían de casa gazpacho, embutido, postre o café para completar el ya de por sí abundante plato de arroz, marisco, verduras y carne. La cola no disminuyó casi hasta las tres, y a todos gustó la comida, incluidos los segovianos más recientes: eran numerosas las familias de inmigrantes que se reunieron al completo en La Fuencisla.
No faltó la animación para amenizar la jornada: la Parrús Dixie Band, de Valladolid, se encargó de contagiar el espíritu festivo a todos los comensales con su repertorio.
Por su parte, el grupo de teatro holandés La Pavana (que ya había actuado el sábado en la Plaza Mayor y el Azoguejo) entretuvo al público familiar con su espectáculo Le Giraffe, en el que con sus enormes disfraces de jirafa y montados sobre zancos interactuaron y jugaron con los más pequeños. Aunque en algunos casos la reacción fuera más de miedo que de admiración.
Terminada la paella, los asistentes optaron por pasar la tarde a la sombra de La Alameda, huyendo del asfixiante calor. No faltaron para refrescarse las pistolas y globos de agua que cada año aparecen por estas fechas en La Fuencisla, ni tampoco los abanicos ni los helados. El kiosko situado junto al Santuario no dio abasto, pues aunque cada uno traía su refresco de casa fueron muchos los que decidieron, al acabar de comer, tomarse un polo para mejorar la digestión de esta paella que es ya una consolidada tradición de las fiestas de San Juan y San Pedro, que se celebra desde el año 2005.