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El Adelantado de Segovia

Los percebes, para Quique

por Redacción
14 de junio de 2015
Los jugadores de la Segoviana celebran su pase a la final del play off cerca de los seguidores azulgranas que se desplazaron al campo de San Lorenzo. / Luis Javier González

Los jugadores de la Segoviana celebran su pase a la final del play off cerca de los seguidores azulgranas que se desplazaron al campo de San Lorenzo. / Luis Javier González

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Los minutos ya se contaban por centenas cuando Quique sorteó como pudo una dura entrada. Se levantó instantes después, con su equipación celeste atestada de barro. No era una pose casual. Las leyendas dicen que la heroicidad de los protagonistas la dicta la suciedad de su vestuario y él, relegado al ostracismo del banquillo, había desequilibrado con un cuarto de hora glorioso una eliminatoria pareja hasta la extenuidad. Su gol hundió en la prórroga a un Laredo que ya no pudo paliar su agotamiento con la esperanza y él, agrandado por el escenario, dejó fluir su verticalidad para dar a sus compañeros el placer de la tranquilidad.

San Lorenzo es un campo con olfato a historia. Los bancos de madera envejecida, con una pintura verde en desaparición, son escasos. Para asegurarse un asiento, los espectadores más madrugadores, que no son pocos, dan colorido al estadio a más de una hora para que empiece el encuentro, alguno ya con carraca en mano. Desde la banda hasta la grada, separada por un pequeño muro de hormigón, apenas hay un metro de separación, una sensación de claustrofobia futbolística con la que tendría que lidiar una Segoviana acostumbrada al horizonte despejado de La Albuera.

Quiso dar la primera voz el equipo azulgrana, al menos el primer susurro, empezando la contienda en campo rival. El Laredo tenía claro cuál era su fortaleza y la principal incógnita del rival. Con Chema ya apartado por problemas físicos, Sedano decidió mover a Álex al centro de la zaga y dejar a Alfonso en el lateral derecho. Desde el arranque, los locales probaron su solvencia con el caracoleo de Vinatea, su hombre más desequilibrante. Alfonso, que perdía el sprint en el primer duelo, asumió el riesgo de lanzarse con contundencia en su área para hacerse valer.

No consintió más negativas Vinatea, que igualaría la eliminatoria con un remate soberbio desde la frontal que cogió la rosca y caída necesarias para imposibilitar cualquier estirada de Pablo. Un misil teledirigido en la belleza. Reforzada la grada, con el fondo más ruidoso ensordeciendo a Pablo, se hizo valer la Segoviana. Ricar, con poca presencia en La Albuera, arrancó acertado, sirviendo un buen balón raso al que no pudo llegar Dani Arribas y, poco después del primer tanto, zafándose de un defensa y enganchando un disparo sin ángulo que David despejó a córner.

La réplica de los visitantes no pasó de un dulce eco. El técnico local, Chiri, buscó colocar siempre dos jugadores cuando Ricardo tenía la pelota. Cortada esa distribución, no hubo estabilidad ofensiva para un equipo que intentó mostrarse a balón parado. Pudo llegar el empate en una falta cercana al círculo central que la defensa cántabra casi despeja a gol, la excepción a varias decisiones mejorables para una producción ingente. Demasiados saques en corto sin un fin palpable, desperdiciando en ocasiones la presencia de Calleja en el área para mantener hasta el final la incertidumbre de una falta lejana que solía servir Rubén.

Reforzados en su carácter tras el paso por el vestuario, los celestes tomaron la voz cantante. Calleja logró más presencia, con un pase brillante a Ricar en profundidad y más posesión, haciéndose dueño del perfil izquierdo. Fue casi rutinario ver a un jugar gimnástico llegar en profundidad, ya fuera Rubén, Miguel o el propio Calleja. Solo faltó una llegada limpia de Dani Arribas. Asumió con valentía el riesgo Sedano, aunque Ricardo se vio obligado a convivir con el abismo, rozando con la puntera algún balón que ya se teñía de emboscada rojilla hacia la meta de Pablo.

Con el marcador descontando lágrimas, cualquier episodio empezó a tornarse defensivo. Se notó en los nervios locales, con Toño regalando un córner evitable; también en la Segoviana, que no terminó de buscar sangre cuando el Laredo empezaba a mostrar sus fallas. No sirvió para matizar la exigencia física, con ambos equipos realizando ya dos cambios pese a que la eliminatoria aún tenía programados otros 50 minutos.

Superados sus mejores momentos, la Segoviana volvió al término medio y ningún equipo asumió el riesgo de comprometer en exceso sus mimbres. Con el aliento contenido en cada jugada a balón parado, Anel, cuya presencia queda engrandecida según aumenta la importancia de cada instante, dispuso de un testarazo franco en el corazón del área. Fueron décimas de ilusión, pero el envío salió muy centrado y David atajó sin problemas. La consecuencia; habría que jugar media hora más.

Sufrió el Laredo la máxima de que estas eliminatorias se ganan tanto como se pierden. Igual que cumplió Quique su máxima de revolucionar el partido desde el banquillo. El atacante gimnástico persiguió una mala cesión de Trobo para autopase incluido, plantarse en un mano a mano y definir con un contundente latigazo cruzado. Su gol, histórico por el momento en que llegó, fue solo una parte de su aportación. Tras un gran pase raso de izquierda a derecha, sirvió un envío a placer a Manu que el medio indultaría.

No lo haría poco después, con dos expulsados por el camino, Dani Arribas. Fue la guinda a otra cabalgada implacable de Quique, que estrelló el balón en el primer palo antes de recuperarlo y asistir el punto final de la eliminatoria.

Hubo dos menos en el campo porque Óscar vio la roja directa por una entrada salvaje sobre Calleja, tacos por delante, y Roberto cometió un error impropio de su experiencia al involucrarse en la tangana posterior y también se marchó al vestuario. Con la primera parte de la prórroga terminada y el Laredo necesitando tres goles para clasificarse, una mujer ya recogía los banderines por la banda. Al lado, unos niños seguían gritando “sí, se puede”. Pero Quique, el coco, dijo que no, que quien podía era él.

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