En el campo, el lenguaje corporal es el espejo del alma. Pocos como Adrián para transmitir ese sentimiento. El punta es un segundo entrenador en el campo y, con la ilusión de los primeros minutos, llamaba la atención a cualquier falla de sus compañeros a balón parado y compartía nociones tácticas con su técnico, David Samaniego, cuando se terciaba la ocasión. Los gritos de ánimo granjeño dieron paso al silencio y a la frustración con el disgusto de los goles. Con la categoría ya perdida, el punta, intenso verbal y físicamente hasta el último aliento, haciendo un desmarque generoso en el descuento, acabó con los brazos estirados pidiendo explicaciones al asistente.
Fue el rastro de un CD La Granja que no pudo más, una realidad extrapolable a todo el curso. Tiró de corazón mientras respondieron las piernas, pero no tuvo argumentos futbolísticos en la recámara para derribar a una Segoviana superior. “El resultado ha sido justo, han sido claros merecedores de la victoria. Estamos jodidos, pero ya queda menos para estar de vuelta”, explicaba, con los guantes ya quitados, Yiyo, la razón por la que La Granja conservó la fe del insensato hasta los minutos finales. Falló algún saque de puerta, pero su labor bajo palos fue encomiable en una tarde gris.
“Era un derbi de necesidad. La primera parte hemos aguantado muy bien pero en la segunda hemos agotado el cansancio”, explicaba su hermano Iván Yubero. Por si fuera poco, tuvieron que gastar un cambio al filo del descanso, cuando Bubi apenas llevaba ocho minutos calentando, para suplir a David Martín, retirado en camilla hasta la banda, Fue acompañando al banquillo por sus compañeros, entre aplausos de reconocimiento por parte de la afición de la Segoviana.
El graderío azulgrana, plagado de personalidad en un derbi tan deportivo como electoral, no transmitió en el ambiente una de las mejores entradas de la temporada. Cualquier esfuerzo de Ivi, que ya tiene a la afición de su lado, despertaba aplausos con facilidad.
El gol fue un duro palo para La Granja. Cada uno lo asumió a su manera; Javi Marcos se echó las manos a la cabeza, Chiqui no tardó en poner los brazos en jarra e, infatigable, Iván Yubero tardó unas décimas de segundo en animar a sus compañeros al ritmo de las palmas. La resistencia mental se terminó. “Siendo realistas, lo veíamos muy complicado. Podemos levantar la cabeza porque la gente ha luchado hasta el final cuando nos daban por muertos y al menos hemos conseguido que estos dos meses no fueran tan largos”, explicaba Yubero.
No fue un partido duro, pero Guille se marchó a la caseta en el ecuador de la segunda parte. El medio granjeño se quedó renqueante en el suelo tras un golpe de Ricardo que el colegiado no consideró infracción. No se quedó con la afrenta y, tras un balón dividido con Manu en el que entró con todo, se lo puso fácil al árbitro con una dura falta a Miguel junto a la banda. Ahí terminaron los palos.
