Hay ascensos que valen mucho más que una categoría. El conseguido por el Cochinillo Segoviano es uno de ellos, porque detrás de esas tres letras hay victorias, entrenamientos y trabajo. Pero también hay algo mucho más importante: la capacidad de hacer que una niña sueñe.
No puedo evitar acordarme de los años dorados de Jesuitinas. Aquel equipo que recorrió un largo camino hasta la élite y que convirtió el baloncesto femenino segoviano en un referente. Gracias a aquellas jugadoras, muchas niñas descubrimos que los sueños deportivos también podían cumplirse desde Segovia.
La próxima temporada volveremos a disfrutar de baloncesto de alta competición en un escenario que forma parte de la memoria deportiva de esta ciudad y que ha visto pasar a algunas de las mejores jugadoras del mundo. Pero lo verdaderamente importante no es quién estuvo. Es quién estará.
Blanca y Elisa ya han formado parte de esta gesta y ahora serán Gabri y tantas jugadoras segovianas las que tendrán la oportunidad de mirar hacia arriba y encontrar un espejo en el que reflejarse.
Hace unos días observaba a los niños y niñas del PRD 2016 fotografiarse con las protagonistas del ascenso. Y me vi reflejada en ellos. Recordé cuando acudíamos a los partidos de las mayores, cuando soñábamos con jugar algún día donde ellas jugaban. Algunas tuvimos la fortuna de conseguirlo. Pero para llegar allí alguien abrió antes el camino. Por eso este ascenso merece una felicitación enorme para las jugadoras, el cuerpo técnico, la familia Martín Navas y toda la familia Spordeporte por inspirar futuro.
Y hablando de inspiración, quiero agradecer al Ayuntamiento de Valverde que abriera el balcón municipal a la familia Saltamontes. Ver subir a nuestras jugadoras y jugadores más allá de los éxitos de la temporada ha sido un reconocimiento a más de once años creando vínculos, gestionando ilusiones y construyendo comunidad desde el pueblo en el corazón de la campiña segoviana.
Porque los sueños grandes nacen en lugares pequeños. Y Segovia vuelve a tener uno muy grande.
