Es muy difícil abreviar el relato de un acontecimiento de tanta trascendencia para los peregrinos que tuvimos la suerte de vivirlo, para toda España que ha recibido este esperanzador regalo, y para el mundo entero que tan necesitado anda de amor, paz y concordia; intentaré ser lo más ecléctico posible, narrando los múltiples sentimientos que la experiencia me ha provocado.
Comenzaré por el principio recordando que el viaje a Madrid en la madrugada del día siete de los corrientes, significativa fecha del Corpus Christi, feriado de la caridad y el amor, no era una excursión festiva, cultural o aventurera al uso, era una espléndida llamada y modesta respuesta a la esperanza, la reconciliación y la amistad.
Tras el madrugón a la cuatro de la mañana, y la paseada hasta la Plaza de Toros, 250 segovianos de la capital y varios pueblos, en cinco autocares de empresa segoviana, poniendo la caravana en manos divinas, partimos rumbo a la capital del Reino, en esta ocasión capital de la esperanza, la paz y el amor, como nos indica el lema de esta graciable visita: “Alzad la mirada”, levantaos, alzad la cabeza, se acerca vuestra liberación; salir de nosotros para caminar juntos.
Todo estaba bien atado y partíamos con todo tipo de garantías elaboradas por obispado y diócesis y asumido por el dinámico y pleno de carisma sacerdote, canónigo que fue párroco de varias parroquias de capital y provincia P. Fernando Mateo y colaboración de voluntarias del obispado, que en nuestro bus era Marta.
Llegados a la Villa el Oso y el Madroño, desde Moncloa iniciamos la andada hasta los alrededores de Cibeles, siendo un paseo largo, pero pleno de alegría y esperanza, yendo en nuestro grupo un peregrino cojo, y otro en silla de ruedas, que no solo no ralentizaron la marcha, sino que la retaron y ganaron con su buen humor.
Al llegar a nuestra asignada zona, sitio privilegiado, en un momento se torcieron nuestras bien justificadas y concienzudamente preparadas expectativas de ver a nuestro Papa León XIV, pues aunque se habían previsto más del millón de peregrinos, gracias a Dios, la realidad superó a lo imaginado y los peregrinos venidos de toda España, desbordaron lo acotado, y la policía, que garantizaba la seguridad y el orden, no nos permitió acceder a nuestra zona, por lo que hubimos de conformarnos y dar gracias por poder presenciarlo en la cercana gran pantalla, desde la que en plena calle seguimos la Santa Misa y la Palabra de Dios transmitida por el Santo Padre en nuestra universal lengua, el castellano.
La larga espera no sólo no se hizo pesada, sino alegre y entretenida por el humor, simpatía e ingenio de nuestro guía P. Fernando Mateo, así como por la música y canciones de jóvenes llegados de todas las geografías hispanas, siendo los más cercanos los venidos de Murcia, Burgos, Toledo y Valladolid, juventud que entonaba bonitas canciones, y no cesaba de gritar “Se nota, se siente, el Papa está presente”, “Si, sí, sí, el Papa está en Madrid”, y el eslogan que tanta esperanza transmitía “Esta es la juventud del Papa”…
El logo de esta impagable visita papal, siempre oportuna y bienvenida, inspirado en el Evangelio de San Juan, resume con el eslogan “Alzad la mirada”, la tradición religiosa de Madrid con su Almudena, el arte religioso de Barcelona con su Sagrada Familia, y la caritativa acogida con el mar abierto de las Canarias, aquí tan bien aplicado el sobrenombre de Islas Afortunadas, con la Virgen en el centro.
Pero si en breves palabras tengo que manifestar mi más profunda impresión, me quedo con la cordialidad, empatía, comprensión y amabilidad vivida, y muy especialmente con el fervor y devoción con que se siguió la solemne Eucaristía en plena calle, seguida con ausencia de toda comodidad, en sillas de campaña, sobre las mochilas, o en el incómodo pero seguro suelo.
El viaje continuó marchando a El Escorial, donde en restaurante de cuatro estrellas, nos sirvieron un agradable menú, tan incomprensible en la reducida cuota abonada, que nos hacía pensar en el milagro de los peces y los panes…
Terminaba el viaje con la siempre interesante visita a la basílica de la Santa Cruz del Valle de los Caídos.
De vuelta a nuestros hogares con el cuerpo algo cansado por madrugada, caminatas, espacios de tiempo en pie, pero el espíritu con las pilas cargadas de la esperanza de esta juventud del Papa que hará un mundo mejor, y la satisfacción de haber vivido precioso tiempo de convivencia entre hermanos, aunque de diversas generaciones, todo alzando nuestra mirada, y resonando en nuestras mentes y en los corazones “Levantaos, alzad la cabeza, se acerca vuestra liberación”. Así sea.
