Los toreros que se anuncian hasta tres tardes en la Feria de San Isidro necesitan pronto encontrar rédito numérico a sus actuaciones antes de que su puesta de largo comience a pesar y para refrendar su extenso protagonismo en el serial más importante del mando taurino. Luchar contra la autopresión. También contra la losa de Madrid, esa exigente vara de medir en función de la morfología y los toros seleccionados para la ocasión; y es que este jueves el envío de Jandilla -remendado con dos animales de Santiago Domecq- tuvo ejemplares de gran condición que bien quedaron sin terminar de exprimirse o bien el planteamiento ofrecido se tradujo en merma de lucimiento. Entre esa tesitura se mantuvo la terna conformada por Emilio de Justo, Borja Jiménez y Víctor Hernández, que, aunque dejaron buenos momentos, les faltó mayor precisión para domeñar el mando que requerían los astados de Borja Domecq. Al final, el denominador común para los dos primeros fue el mismo: una tarde más y no pasó nada -a nivel estadístico-. Y eso para los diestros de primera línea, pesa. El festejo pegó un giro en el sexto -de Santiago Domecq- al sufrir dos fuertes cogidas Hernández, lo que hizo que el público echara cuentas al torero de Santos de Humosa por una faena de mucho valor -más que artista-. Jugarse la vida para volver a ella, pues en diez días regresa a Las Ventas.
Hernández comenzó su segunda cita en la feria con un toro de kilos, pero sin remate: degollado y escurrido de los cuartos traseros. Un animal que se arrancó con ritmo y bravura. Requería mando y poder, y Hernández optó por un toreo de firmeza y aplomado. Dejó un concepto de valor seco, pero el planteamiento de la faena, ahogando al animal en la distancia corta, terminó por consumir el recorrido del astado. Saludó una ovación tras escuchar un aviso.

Después, fue arrollado por un tren en el primer lance de capa. Fue zarandeado de fea manera por el último astado de la tarde y arrastrado por medio coso. La plaza quedó en shock. Segundos de infarto. Afortunadamente, Hernández se levantó como si nada y volvió a la cara del toro con ambición de figura, tras ver cómo el ejemplar se empleaba en el peto del caballo con fuerza y fijeza. Pisó terrenos muy comprometidos a base de arrojo y fue nuevamente prendido por la guadaña del animal. Con el traje totalmente roto, dejó muestras de un valor sereno, en una actuación más de riesgo que artística. Metió la espada con mérito y recibió la ovación de la tarde.

El festejo se descorchó con la presencia de un toro ensabanado, de alzada, pero sin ser ofensivo. Ejemplar de gran condición, con clase y viveza, pronto y de ávidas embestidas, dentro de una buena actuación de De Justo, que no terminó de dar con la tecla para que la faena rompiera. Volvió a dar esa impresión de acusar falta de transmisión, pese a dejar momentos de categoría. Faltó conjunción, dentro de una labor que se extendió hasta el segundo aviso.
Una vez alcanzada la mitad del festejo, De Justo se vio las caras con otro toro de buen rendimiento. Tuvo fuerza, humillación, clase y fue fijo en los engaños del diestro de Torrejoncillo, que anduvo brusco de movimientos. Ejemplar bravo y de emoción, al que De Justo consiguió sacar dos tandas al natural de suma importancia. Tuvo duración el burel y el extremeño firmó otras dos tandas más aceleradas. Abrochó la faena con estéticos pases a pierna ganuflexa y cobró un trasero espadazo. Silencio y ovación para el toro.

Jiménez inició su compromiso isidril con un antagonista jabonero, musculado y de buenas hechuras, que mostró fijeza en los lances con el capote. Derribó al picador y después se arrancó con buen son en banderillas y humilló en los primeros compases de muleta. El sevillano exigió por abajo al astado y protestó. Desarrolló un comportamiento encastado y violento, que desarboló por momentos al diestro, en un trasteo en la que el viento también hizo lo suyo. Fue por el pitón izquierdo, donde Jiménez logró encauzar las exigentes embestidas del animal, pero sin enderezar la actuación y su labor fue sielenciada.
El diestro de Espartinas cumplió lote con un astado sardo del hierro de Santiago Domecq, veleto y con trapio. Encastado, se desplazó con emoción y prontitud, a la vez que rebrincado. Jiménez logró sujetar la exigente movilidad del animal, con importantes pasajes, aunque faltó un punto para coger vuelo y la actuación pasó de silencio.
FICHA
Plaza de Toros de Las Ventas (Madrid). 24º festejo de la Feria de San Isidro. Toros de Jandilla, desiguales de presención -bravos el primero y el cuarto-; y Santiago Domecq (quinto y sexto), desiguales de presentación y juego.
Emilio de Justo: silencio (dos avisos) y ovación (dos avisos).
Borja Jiménez: silencio (aviso) y silencio.
Víctor Hernández: ovación (aviso) y ovación.
