En el corazón de un pasadizo — la travesía del Patín— hasta hace poco gris, deteriorado y cubierto de pintadas, está naciendo una de las obras artísticas más singulares de Segovia. El pintor José Luis López Saura lleva casi dos años transformando una pared olvidada en un homenaje monumental a la música y al folclore segoviano. Lo hace sin contrato, sin encargo institucional y de manera completamente altruista. “Es un regalo a la ciudad”, resume el artista mientras trabaja rodeado de pinceles, escaleras y curiosos que se detienen a contemplar el avance del mural.
La obra, titulada ‘Música y Folclore en Segovia’, ocupa cerca de 30 metros cuadrados en un pasadizo situado junto al Figón de los Comuneros, un rincón que durante años fue una zona descuidada. Ahora, poco a poco, se está convirtiendo en un espacio lleno de color, referencias culturales y memoria colectiva.
La idea surgió de manera espontánea. Saura pasaba con frecuencia por esa travesía y siempre le llamaba la atención el estado del lugar. “Lo veía tan destartalado y lleno de pintadas que pensé que era un sitio perfecto para pintar algo”, explica. Lo que comenzó como una intuición terminó convirtiéndose en un proyecto de gran dimensión que aspira a dejar huella en la ciudad.
“Quiero que el mural transmita fiesta, alegría y música, pero también que la gente lo haga suyo y lo cuide” asegura el artista, josé luis lópez saura
El artista, madrileño de nacimiento pero segoviano de adopción desde hace 25 años, decidió entonces iniciar una compleja tarea administrativa para conseguir todos los permisos necesarios. Turismo, Ayuntamiento, Diputación, Patrimonio e incluso los vecinos dieron el visto bueno a una obra que, según recalca, nace únicamente de su iniciativa personal. “No me ha contratado nadie. Esto es un regalo mío y de toda la gente que colabora”, insiste.
Porque aunque el mural no cuenta con financiación institucional directa, sí ha recibido el apoyo de numerosos particulares, negocios y entidades de la ciudad. Para sufragar los gastos de materiales, iluminación, protección y acondicionamiento de la pared, Saura abrió una cuenta de colaboración y comenzó a recibir aportaciones. Caja Rural fue una de las primeras entidades en ayudar, pero después se sumaron numerosos establecimientos hosteleros y ciudadanos anónimos.
“Hay gente que aporta un poquito y otros más, pero todos ayudan”, asegura el pintor, que incluso reparte folletos informativos a pie de obra para explicar el proyecto y facilitar las colaboraciones.
El mural comenzó a tomar forma hace aproximadamente dos años, aunque una parte importante de ese tiempo estuvo dedicada a preparar el soporte y tramitar autorizaciones. La intención inicial era terminarlo antes, pero el propio artista reconoce que la obra ha ido creciendo sobre la marcha.
“Yo mismo lo voy complicando”, admite entre risas. “Empiezo a pensar que quedaría bien añadir esto o aquello, y al final el mural crece”. Su previsión ahora es finalizarlo entre otoño e invierno de 2026.
La elección del tema tampoco fue inmediata. En un principio, Saura pensó incluso en reproducir una gran obra clásica, quizá una versión monumental de Las Meninas, cuadro que ya ha reinterpretado anteriormente. Sin embargo, la historia del lugar terminó marcando el camino.
El artista ha pintado una pequeña cruz frente a la pared como punto ideal desde donde contemplar correctamente el mural, al ser el lugar exacto desde el que la composición cobra todo su sentido visual
En esa misma zona ensayaron durante años grupos históricos de la música segoviana como Nuevo Mester de Juglaría o Hadit. Aquella coincidencia hizo que el proyecto cambiara completamente de dirección. “Empecé a darme cuenta de que ahí había nacido mucha música y mucho folclore”, recuerda.
Así surgió un mural que funciona como homenaje colectivo a la identidad cultural segoviana. El Nuevo Mester de Juglaría ocupa el gran protagonismo visual de la obra. Sus integrantes aparecerán representados a tamaño natural para que vecinos y visitantes puedan fotografiarse junto a ellos. Incluso estarán presentes miembros históricos ya fallecidos.
“Ellos son un poco los protagonistas de la parte izquierda del mural”, explica el artista. “Serán quienes inauguren el proyecto cuando esté terminado”.
Pero el mural va mucho más allá. Agapito Marazuela, figura imprescindible del folclore castellano, ocupa también un lugar destacado. A su alrededor aparecen grupos de danzas, músicos populares, gigantones, referencias a Titirimundi, a la Ronda Segoviana, a la Gimnástica Segoviana e incluso pequeños guiños ocultos que el espectador deberá descubrir con calma.
Porque si algo caracteriza la obra de Saura es precisamente esa acumulación de detalles y referencias escondidas. “Me gusta jugar con el espectador”, asegura. “Siempre meto personajes ocultos, animales, símbolos o guiños que no se ven a primera vista”.
De hecho, el artista ha marcado incluso un “punto mágico” desde el que contemplar correctamente una de las perspectivas principales del mural. Una pequeña cruz pintada frente a la pared marca el lugar exacto desde el que la composición cobra todo su sentido visual.
La participación ciudadana ha sido otra de las claves inesperadas del proyecto. Durante estos dos años, decenas de personas se han acercado a conversar con el pintor mientras trabaja. Algunos le han llevado fotografías antiguas, recuerdos familiares o propuestas de personajes que merecían aparecer en la obra.
“Mucha gente me trae fotos de sus padres vestidos con el traje tradicional o me cuenta historias de grupos antiguos”, explica. Algunas de esas aportaciones han terminado incorporándose al mural, otras quedarán como simples referencias en la memoria del proceso creativo.
El contacto constante con el público ha convertido la pintura en una experiencia abierta y casi comunitaria. “Estoy continuamente bajándome de la escalera para hablar con la gente”, reconoce. Incluso recuerda con humor la visita de un sacerdote que, tras observar la obra, terminó bendiciendo el mural.
Visualmente, la composición está organizada en tres grandes bloques. A la derecha aparece una joven vestida con traje tradicional que abre simbólicamente un telón hacia una Plaza Mayor llena de fiesta, música y baile. En el centro surge una gran cascada de instrumentos, discos, partituras y libros. Y a la izquierda se sitúa el Nuevo Mester de Juglaría, representado casi a tamaño real.
La intención, explica Saura, es que el conjunto transmita “fiesta, alegría, color y luz”. El espectador podrá contemplar el mural como una gran escena colectiva, pero también detenerse en cada pequeño detalle.
“No quiero que sea solo una pintura bonita”, afirma. “Quiero que la gente la haga suya”.
Esa apropiación ciudadana es precisamente uno de los objetivos que más ilusionan al artista. Considera que cuando una ciudad siente una obra como propia también la protege y la cuida. Por eso insiste en que este mural pertenece tanto a él como a todos los que han colaborado de una forma u otra.
El trabajo técnico también ha supuesto un importante desafío. La pared fue preparada específicamente con mortero de cemento y cal para garantizar la durabilidad de la pintura. Después se aplicaron imprimaciones especiales y varias capas de acrílico de alta calidad, una técnica que ofrece gran resistencia a la intemperie y mantiene la intensidad del color durante décadas.
Sí algo caracteriza la obra de Saura es precisamente esa acumulación de detalles y referencias escondidas. “Me gusta jugar con el espectador. Siempre meto personajes ocultos, animales, símbolos o guños que no se ven a primera vista”
Además, Saura tiene previsto instalar una protección de policarbonato para evitar actos vandálicos y preservar la obra en el tiempo. Su idea es completar el proyecto con un folleto desplegable donde se expliquen todos los personajes, referencias y detalles ocultos que aparecen en el mural.
A pesar de la magnitud del trabajo, el artista mantiene una rutina casi artesanal. Cada mañana llega temprano al pasadizo, prepara las vallas, monta el material y pasa entre cuatro y cinco horas pintando acompañado por música clásica, jazz o rock escuchados a través de sus auriculares. “La música siempre me acompaña cuando pinto”, afirma.
Después de 25 años viviendo en Segovia, Saura siente que esta obra representa también una forma de agradecer el cariño recibido por la ciudad. “Me considero muy querido aquí”, confiesa. “Y esto va a quedar como una pieza para Segovia”.
Cuando el mural se inaugure oficialmente, previsiblemente a finales de 2026, el artista espera ver el pasadizo lleno de vecinos, músicos y amigos celebrando el final de una obra que ya forma parte de la conversación cultural de la ciudad.
“Será emocionante”, reconoce. “Aunque los cuadros nunca se terminan del todo. Siempre hay algo que cambiarías”. Quizá por eso el mural sigue creciendo cada día. Igual que la propia memoria cultural de Segovia que intenta retratar.

