Un texto de Luis Agromayor escrito en 1990 parece adecuado para presentar esta pequeña alhaja pictórica -apunte en blancos, amarillos y azules pálidos- que, mirando la iglesia desde el otro lado del vallejo, llevó al lienzo Ignacio Zuloaga: “Aislada en el paisaje, es la más sugestiva, extraña y misteriosa de Segovia. Su estructura es un polígono de doce lados, solamente roto por los tres ábsides que miran hacia oriente y por la torre del mediodía. De estilo románico tardío (comienzos del siglo XIII) es muy original en su forma, ya que pocos templos medievales restan en España que sean circulares o poligonales”.

La Vera Cruz. Óleo. Emilio García Martínez. 1919. Academia de Historia y Arte de San Quirce. El artista representó la iglesia como fuente de sensaciones visuales y espaciales. El escritor, José Antonio Flórez Valero añade a éstas leyenda y misterio: “Retenido a la salida del pueblo, teniendo bajo sus pies el estrecho valle que el Eresma forma separándolo de la ciudad, el viajero sentirá que llega a sus oídos, desde el fondo de las Peñas Grajeras, el viejo crujir de las armaduras que se escapa del edículo de la iglesia de la Vera Cruz, donde el recuerdo de los templarios sigue velando sus armas ante el Lignum Crucis…”.

El escritor Juan de Contreras, aunque miró la Vera Cruz no se quedó en ella, sino que expandió su mirada por el incomparable y amplio marco del sobrio, pero multiforme, paisaje segoviano: “En una escarpa de la ladera está situada la iglesia de la Vera Cruz, componiendo con los calveros calizos, con los sotos del río, con la ciudad cimera y con las sierras lejanas una de las estampas que no olvida nunca el peregrino que recorre las Españas”. En la cerámica, salida del taller que en Segovia abrió Daniel Zuloaga, el monumento se “adorna” con la figura de un paisano envuelto en ropas que, hacia 1930, seguramente ya nadie usaba.

Durante la guerra civil se emitieron varios sellos con temas segovianos, aunque no puedo decir si la impresión dependía de autoridades locales o nacionales: Acueducto, Vera Cruz, San Nicolás, San Lorenzo, San Andrés y Puerta del Socorro. Y poco después de la guerra, creo pero no lo sé cierto, se emitieron otros invitando a visitar Segovia. El texto, con mayúsculas en dos tamaños, decía: VISITAD SEGOVIA, CIUDAD ROMANICA. Los motivos fueron Acueducto, Alcázar, Catedral, El Parral y La Veracruz, este en tinta negra, con el templo y lo que quedaba de la posible torre exenta, vistos desde el vallejo.

Manuel Bernardo. La Vera Cruz. Óleo. 1946. Envuelta en los agradables colores que el otoño regala a Segovia, un artista local nos pintó así la Vera Cruz, en primer término, para que con su volumen no quedara achicada por las maravillas que aparecen detrás. Una pareja de labradores, formas entre naturalismo y caricatura que le gustaban al artista, da la escala del templo medieval. El burro, ¿cuántos llevamos vistos en estas entradas?, siempre donde hay labradores. Y una paremia muy segoviana:
Pa las cuestas arriba
quiero yo el burro
que las cuestas abajo
bien me las subo.

Guy Georget. Spanien. Cartel publicitario. Este dibujante y viajero francés alcanzó reconocimiento en España diseñando carteles concebidos para publicitar tanto productos industriales como destinos turísticos. Concluida la guerra civil, fue contratado por el Ministerio de Turismo para que diseñara unos carteles que animasen a los turistas a elegir España como destino. Y lo hizo, de manera magistral, alejándose de las imágenes realistas y descriptivas, para introducir otras que, basándose en elementos esquemáticos pero fácilmente reconocibles como pertenecientes a España y a lo español, monumentos o costumbres, destacaron por su poderosa carga simbólica. Para Segovia, la Vera Cruz, san Marcos y, no sé por qué, una cabra.

La Vera Cruz. Roche Ponthous. Acuarela, 1951. Academia de Historia y Arte de San Quirce. Me sobrecoge esta imagen de la iglesia desnuda y solitaria pero rotundamente hermosa, como pintada para ir de la mano de los textos de Azorín: “La iglesia románica no tiene par… En ninguna otra provincia española -dice un viajero- se encuentra ejemplar semejante… Única en la Ciudad y tal vez en España -asevera un arqueólogo… La iglesita, aislada, limpia, solitaria, sin edificaciones aledañas, se levanta al lado del camino sinuoso en la tierra polvorienta de Castilla”.

Claudine Weyler, francesa, asistió al Curso de Pintura de Paisaje de Segovia el año 1957. Y así pintó la Vera Cruz, como sumergida en ese paraje, tan bello, frente a Segovia, cuyas torres y arboledas se recortan nítidas en un cielo transparente; dominando el pintoresco caserío del barrio de San Marcos, y entre el serpenteante camino y la desolada barranca que descienden de la lastra que cierra por el norte en valle del Eresma. Ella y el sevillano Juan Romero, asistente también al curso organizado en Segovia, formaron pareja sentimental y artística, exponiendo a veces los dos juntos como Romero y Cloweyler.

La Vera Cruz. Jesús González de la Torre. 1958. Frase del artista: “La pintura debe inquietar sin que apenas se note”. Y a mí no me inquietan estas tierras que traen a los ojos las huellas que en ellas han dejado la hoz y el arado que las trabajaron durante siglos. Pero sí me hace pensar lo que veo en tan acertado díptico, tierras de pan llevar e iglesia, la honda verdad histórica que trasmite sobre los cimientos en que arraigó la esencia de Castilla.

Angelina Contreras. Los Templarios. Segovia 1964-65. Dibujo. La sencilla imagen de esta iglesia levantada en la soledad de una ondulada lastra caliza que fue fondo del mar en los lejanos tiempos de la creación ha sido utilizada de formas muy distintas y para distintos fines por nuestros artistas. Como felicitación navideña, en extremo expresiva dentro de su sencillez, podemos verla en este escueto dibujo de Angelina Contreras. Hasta la iglesia, la lastra, el camino y Zamarramala llevó la estrella y la diminuta silueta de los Reyes Magos.
—
* Supernumerario de la Real Academia de Historia y Arte de San Quirce
porunasegoviamasverde.worpress.com
