En Valseca se cultiva el garbanzo desde tiempos inmemoriales. Hay constancia documental al menos desde mediados del siglo XVII, pero con toda seguridad su cultivo en esta zona se remonta a siglos atrás. Siempre se ha dicho que los Garbanzos de Valseca son gordos y suaves como la manteca y esto se debe a la variedad local, la cual se ha ido adaptando a las condiciones agroecológicas propias de la zona. También a los terrenos donde se cultivan, calificados de extraordinarios para el óptimo desarrollo del cultivo. textura de media a pesada, con un contenido en arcilla de 10% a 40%; bajo contenido en carbonatos (menor al 10%), no más de 1,5% en materia orgánica y pH medianamente básico (entre 7,4 y 7,8). Por todo ello, en 2019 se consiguió para el garbanzo de Valseca la Marca de Garantía. Desde entonces la Asociación para el Desarrollo del Garbanzo de Valseca trabaja para promocionar la marca y defender el producto heredado de generaciones anteriores. Valseca y las localidades limítrofes de Bernuy de Porreros, Zamarramala, Hontanares de Eresma, Los Huertos, Carbonero de Ahusín, Roda de Eresma, Cabañas de Polendos, Valverde del Majano y Encinillas forman el ámbito de producción de la marca.

Desde diciembre pasado la asociación tiene nuevo presidente, Manuel Herranz Fuentes, (La Flor de Valseca), agricultor de estirpe garbancera y conocedor de primera mano de los problemas a los que se enfrenta el cultivo. “En la actualidad la asociación tiene un objetivo prioritario, que es mantenernos, porque crecer ahora se antoja muy complicado”, explica Herranz a El Adelantado. “La agricultura ahora mismo está en momentos complicados. Los costes se han disparado, los precios se están estancando o incluso van hacia abajo. Hay que superar esta situación. Con eso me conformaría. El gasoil ha subido mucho, también los abonos, y Rusia es uno de los principales suministradores de abonos. El precio de la maquinaria también se ha disparado” asegura. Para Manuel Herranz, “desde las administraciones cada vez nos aprietan más. La burocracia se incrementa, la PAC es un auténtico galimatías…”.
Ante tanta adversidad Herranz ve alguna luz en el futuro. “la Marca de Garantía ayuda a que se reconozca la calidad de nuestro producto. Las lluvias de estos días están ayudando y la cosecha puede ser buena, pero el peligro está en las granizadas tardías, que la pueden echar a perder. Cada año se siembran entre 50 y 70 hectáreas de garbanzo de la Marca de Garantía, y si el año viene bien, se pueden conseguir hasta 1.000 kilos por hectárea. Ahora hace falta que a partir de junio el tiempo sea seco y que no haya granizadas”, espera Herranz.
En cuanto al relevo en el cultivo no lo tiene tan claro. “No sé si mis hijos continuarán la tradición. Lo veo complicado. No sé qué camino va a tomar esto, pero no tiene pinta de que vayan a ser explotaciones familiares como ahora, que somos todos del pueblo. Cada vez es más difícil vivir solo de la agricultura. Mucha gente lo tiene como segundo trabajo. Además, empezar de cero sería imposible. Tiene que haber una continuidad. En mi caso, venía de mi padre, con las tierras, y más o menos sabes de qué va, las inversiones y todo. Si tuvieras que poner lo que cuestan hoy las cosas, sería imposible”.
En estos días de primavera el garbanzal de Valseca es una pincelada verde entre el amarillo del cereal. El futuro incierto de este secular cultivo merece también un poco de esperanza.
