Estamos contentos, Comienza Titirimundi. Un año más y hemos llegado a los cuarenta. Se dice pronto. Este festival de títeres y objetos se ha hecho con mimo, perseverancia y pasión; aquella misma que ardía en Julio Michel, el hombre que soñó esta ciudad y la habitó de personajes pequeños, objetos hablantes y creadores de la más minúscula de las artes escénicas. Los vio moverse, campando a sus anchas por rincones, plazuelas y patios de la dorada Segovia, que sin embargo insiste cada año en traernos la lluvia. Pero lejos de importarnos -que no digo que no nos importe- nos alienta a no perdernos nada de lo que en esta cuadragésima edición se nos ofrece.
EL bullicio en la sala del Teatro Juan Bravo donde cada año se nos convoca es muy alegre. Abrimos esta fiesta que tan contentos nos pone y lo hacemos de la mano de Javier Ruibal, cantautor, que este año es el pregonero; le acompaña nuestro célebre y estupendo acordeonista Cuco Pérez. Encantados quedamos.
Y a continuación, el espectáculo que inaugura esta cita anual: La Cia Bakélite nos presenta Hostil. Olivier Rannou es el director de la compañía, el hacedor absoluto de todos sus espectáculos. Bien que le conocemos, ha pasado muchas veces por Segovia trayéndonos sus particulares creaciones.
En este spaghetti western se busca a un hombre, a un forajido. El desierto es el lugar donde se encuentra. Estamos en el genuino lejano Oeste, el que pervive en la mente de todos nosotros gracias a los miles de películas que se han hecho. Para sobrevivir, el malhechor tiene que encontrar agua. Con ese leitmotiv y las transformaciones del bandido para no ser encontrado, Olivier Rannou -intérprete y creador- nos tiene prendida la atención. Él es el fugitivo de las variadas jetas, las cambia a ojos vista de manera simple y requeteficaz para que no lo encuentren, y nos hace reír; él es también el hacedor que va creando los espacios y mutando los objetos a medida que los va necesitando.
Los espectadores no queremos perdernos ni uno solo de los ingeniosos hallazgos que este agudo y divertido hombre de teatro nos va ofreciendo. Como si estuviéramos dentro de la viñeta de un comic, Olivier hace un espléndido zoom que comienza desde lo pequeño: el espacio restringido de una mesa donde los dedos de las manos son las piernas del forajido que camina en la búsqueda del agua y la cara del intérprete -la del malote buscado-, hasta conquistar todo el espacio del escenario del Juan Bravo.
Olivier rompe espacios, escacharra objetos y les dota de nueva vida, de nueva función. Lo hace sin trampa ni cartón y en un plis plas, pues tiene un agudo y acertado sentido del tiempo y del ritmo escénico. Así vemos mutando la mesa en un caballo, y nos quedamos ojipláticos cuando vemos como se desplaza, tan grande y tan sencillo.
Con el pasar del tiempo el espacio se ensancha; los pequeños cactus que vemos en la mesa del principio crecen hasta el tamaño del hombre, desplegándose por todo el escenario del teatro Juan Bravo. En ese espejismo, al bandido le parece que de los pinchos de los cactus cuelgan cubitos con agua pero cuando quiere ir a cogerla desaparecen; un juego muy de payaso el que hace en ese momento, pues este hombre de teatro tiene también ese sentido de la gracia mesurada que nos hace reír. Tantos aciertos y tan divertidos, por ejemplo: la trituradora de papel que lo hace con la foto de ‘Se busca’. La fotocopiadora que escupe cientos de pasquines con la cara del forajido.
Me parece un hermoso acierto teatral cómo Olivier, en este trabajo escénico, parece decirse: “¡Ala, vamos allá!, y sin temor, porque él puede. Va de lo pequeño a lo grande, de la mesa del principio al bar del final, cuando extiende un artilugio grande que como un desplegable inmenso se planta en todo el escenario. En él encuentra por fin el agua ansiada pero también el fin. Luego está esa bola inmensa que todo lo ilumina: El sol. Un regalo.
Viendo las creaciones de Olivier Rannou me pregunto cómo verá este hombre el mundo; seguro que no como los demás. Si este creador de ilusión entra en la cocina de tu casa, por ejemplo, seguro que ve tras las cosas otras formas, otras funciones, y no solo eso, además las habita. Y se introduce en ellas como lo haría un bandido, un ilusionista o un duende.
Los espectadores aplaudimos con ganas, el humor mordaz y la inventiva de este creador e intérprete nos ha calado como si lloviera en su desierto.
TITIRIMUNDI
Teatro Juan Bravo
12 de mayo a las 20:30
• Compañía: Cia Bakélite (Francia)
• Creación e interpretación: Olivier Rannou
• Mirada externa (Dirección): Gaëtan Emeraud
• Escenografía y objetos: Olivier Rannou y Alan Floc’h
• Diseño de luces: Briac Jounon
• Universo sonoro: Pascal Pellan
• Producción: Charlène Faraldi y Louise Robert
