EL ESPINAR
El Espinar forma ayuntamiento con sus pueblas pedáneas: Estación de El Espinar, San Rafael, Los Ángeles de San Rafael, Gudillos y Prados.
La villa del Espinar se asienta en un solar de relieve irregular formado por rocas graníticas a unos 1.190 metros de altitud sobre el nivel del mar, al pie del puerto del Alto del León, en el lado norte de la Sierra de Guadarrama, atravesada por la carretera N-6 y la autopista AP-6 que unen Madrid con La Coruña, cuyo montañoso término municipal comprende grandes extensiones de tierras de serranía, destacando cumbres como Cueva Valiente (1.902 m), Cabeza Renales (1.757 m) y el Cerro del Caloco (1.567 m), todo ello circundado por una masa forestal en la que encontramos pinos silvestres, robledales, encinares, bosques de ribera y el impresionante pastizal de Campo Azálvaro, humedecido por las corrientes de los ríos Moros, Gudillos, Voltoya y numerosos arroyos que surcan y enriquecen prácticamente todo su territorio municipal.
El Espinar se ubica entre las poblaciones de Los Ángeles de San Rafael al norte, Las Navas de San Antonio al oeste, Peregrinos al sur, San Rafael y la Estación de El Espinar al este, a escasos 32 km al sur de la capital provincial, y muy poca distancia de los reales sitios de Riofrío y La Granja de San Ildefonso, configurando un importante cruce de caminos con las ciudades de Ávila, Madrid, Salamanca, Segovia y Toledo.
La comarca circundante de la villa del Espinar viene siendo ocupada desde épocas muy remotas, como lo demuestra el sitio arqueológico de la —Ciudadela de Canto-Los Hierros— en las planicies cumbreras de Cabeza Renales, cerro cercano a El Espinar.

No quedan restos del paso de los romanos por esta zona; los visigodos sólo dejaron el topónimo zonal de Gudillos, y los agarenos nos dejaron tres nombres para la zona: Albarrana, Guadarrama y Moros.
Esta zona fue reconquistada del poder de los mahometanos por las huestes de Alfonso VI el Bravo de León y Castilla, encabezadas por su paladín y luego yerno, don Raimundo de Borgoña en 1088, y repoblada con gentes del norte peninsular, quienes se dedicaron al pastoreo y a la explotación de los montes, atraídos por la riqueza de su madera, su leña y el pasto para su ganado, creando caseríos aislados siguiendo los usos y costumbres de sus lugares de origen, en vez de un núcleo poblacional grande y protegido por una cerca, como se hacía por estas tierras.
En 1103, don Raimundo de Borgoña y don Jerónimo de Perigord, obispo restaurador de la diócesis de Ávila, entregaron a los monasterios de San Millán de la Cogolla y San Vicente de Ávila las posesiones de varios territorios en la zona, donde luego se fundaron aldeas, como son: la del Caloco, El Espinar y Santo Domingo de la Cañada con dependencia administrativa de Segovia.

El rey Enrique I de Castilla, que reinó sólo tres años, desde 6 de octubre de 1214 al 6 de junio de 1217, mandó construir un palacio de caza en el territorio donde luego se fundó la villa de El Espinar. A pesar de ser un púber de sólo 13 años de edad cuando murió, acostumbraba a realizar cacerías por la zona.
La villa de El Espinar fue fundada por la Comunidad de Ciudad y Tierra de Segovia, otorgándola carta-puebla el día 8 de junio en 1297 por la que se constituía en una corporación independiente de la ciudad de Segovia, que comenzaba así:
Sepan cuantos esta carta vieren como nos el Concejo de la Ciudad de Segovia, ayuntados a campana repicada a servicio de Dios y de nuestro Señor el Rey don Fernando, otorgamos y tenemos por bien hacer una puebla en el espinar, que es en nuestro término por razón que es lugar yermo, etc.

La carta puebla permitía a los pobladores asentarse legalmente, trabajar las tierras y aprovechar los montes a cambio de proteger el paso hacia el norte. Esta carta puebla fue confirmada en 1300 por Fernando IV el Emplazado, a la que añadió diferentes privilegios y derechos que sirvieron de estímulo para su crecimiento poblacional.
Doña María de Molina, la tres veces reina, primero como esposa de Sancho IV el Bravo, segunda como madre y tutora de su hijo, Fernando IV el Emplazado, y tercera como regente y tutora de su nieto, Alfonso XI el Justiciero, en 1317 renovó al Espinar su carta puebla y aumentó los límites territoriales asignados al alfoz, confirmándola con su firma Alfonso XI en 1337.


Enrique II el de las Mercedes nada más acceder al trono castellano tras —El Regicidio de Montiel— en 1368, otorgó al Espinar una nueva carta puebla que aumentaba, una vez más, los límites municipales asignados por la carta puebla anterior.
El día 19 de octubre de 1383, don Juan I de Castilla y su cuñado, el infante Carlos, luego rey Carlos III el Noble de Navarra, firmaron en esta villa el llamado —Acuerdo del Espinar—, por el que Castilla devolvía a Navarra la mayoría de las fortalezas que tenía en custodia, tras la llamada “Paz de Briones” firmado el 31 de marzo de 1379.

En 1417, el Concejo de Segovia hizo una nueva concesión de privilegios a El Espinar aumentando de nuevo los límites municipales, que quedaron fijados desde el Cerro del Caloco hasta el Puerto de Guadarrama por Las Rinconadas, Sierra de Quintanar, Navahorcados, Gudillos y la Gasca. Esta nueva expansión territorial y los privilegios que llevaba consigo, fueron unos de los mayores reclamos para el asiento de familias nobles en la villa construyendo sus casonas y palacios, y con ello agrandando y embelleciendo la población.
Don Juan de Austria, hijo natural del rey Carlos I y, por lo tanto, hermano de Felipe II y héroe de Lepanto, murió en Namur (Flandes) el 1 de octubre de 1578 con tan sólo 38 años de edad y, su hermano, el rey Felipe II ordenó que sus restos fueran trasladados a España para ser enterrados en el Escorial. En la tarde del sábado día 23 de mayo de 1579, el cortejo fúnebre con sus restos mortales hizo su entrada en El Espinar, en su ruta hacia el Escorial donde serían sepultados. Esa noche los restos mortales fueron velados en la iglesia parroquial de San Eutropio.

