Hay semanas en los que uno se pone a escribir y agradece que El Adelantado le haya confiado una columna de deportes. Porque si tuviera que escribir una columna de política, entre Kitchen (o Gürtel) por la derecha y mascarillas (o hidrocarburos) por la izquierda, creo que dimitiría por hastío de una clase política, se mire donde se mire, traidora, corrupta, dogmática y de baja estofa, sin educación, ni formación.
Pero, afortunadamente, hay otra actualidad mucho más agradecida. Por poner un ejemplo, así, de repente, que me venga a la cabeza… la del Atlético de Madrid; ese equipo al que le acusan de jugar feo, rácano y hasta siderúrgico, que diría Alfredo Relaño. Pues bien: de los cuatro mejores equipos actualmente de Europa -esos que siguen vivos en Champions-, el siderúrgico fue el que más disparó a puerta en semifinales. Dieciocho veces. Al Arsenal, nada menos; un equipo con tantas garantías defensivas, casi, como el propio Atleti. Otra cosa es el acierto… pero había que reservar para Londres.
Mientras tanto, nos vendieron el Paris Saint-Germain–Bayern de Múnich como el partido del siglo. A mí, qué quieren que les diga, me pareció un correcalles digno de patio de colegio: ida y vuelta, sin orden ni concierto. Mucho más serio, trabajado y profesional fue el Atleti-Arsenal. Dónde va a parar.
Y luego está lo nuestro. La Gimnástica Segoviana, que se planta en la última jornada con un 67% de opciones de playoff. Más allá de las probabilidades, la cosa me da buenas sensaciones desde que Alejandro Robles se sienta en el banquillo. Con el nuevo entrenador el equipo tiene otro aire. Y ahora que llega el buen tiempo, sería una pena quedarnos sin dos tardes más de fútbol en La Albuera, con Rafa, a sus cuatro o cinco años, devorando nuestra bolsa de patatas fritas.
Porque hay cosas cuyo devenir hace que merezcan la pena (como el Atleti y la Segoviana, ganen o pierdan) y otras de las que es mejor ni hablar.
