Con vida a Coruxo. Al filo del abismo y sin margen para el error, la Gimnástica Segoviana ha conseguido llegar a la última jornada de la temporada con el objetivo del playoff de ascenso a Primera RFEF todavía al alcance de la mano. Lo que durante muchas semanas parecía un camino encarrilado, incluso con licencia para soñar con cotas mayores, se ha convertido en una carrera de resistencia que se decidirá en el último suspiro. Y lo hará, además, con una ventaja decisiva: depende de sí misma. El punto de inflexión llegó en La Albuera. Allí, ante su afición y frente a un rival directo como el Real Oviedo Vetusta, la Segoviana rompió una dinámica preocupante que amenazaba con dejarla fuera de la pelea. Ocho jornadas después, el conjunto azulgrana volvió a sumar de tres gracias a un solitario tanto de Fer Llorente, suficiente para tumbar a un rival directo y, sobre todo, para recuperar sensaciones.
El triunfo no fue solo una cuestión de marcador, sino de identidad. El equipo dirigido por Alejandro Robles, que ha conseguido cambiarle la cara al grupo en el tramo más delicado de la temporada, volvió a parecerse a un bloque competitivo, ordenado y con carácter. Atrás quedaron semanas de incertidumbre, con cinco derrotas y dos empates que habían erosionado la confianza, para dar paso a una actuación seria, reconocible y coral en el momento más determinante del curso.
En ese encuentro, La Albuera volvió a ver una Segoviana reconocible. Un equipo que no se descompone, que compite cada duelo como si fuera una final y que encontró en varias individualidades un impulso colectivo. Postigo fue clave bajo palos con intervenciones de mérito, Fer Llorente volvió a asumir el timón del juego y a marcar diferencias en la construcción, mientras que Manu aportó sacrificio constante, Ibañes fue un pulmón inagotable, Álex Castro aportó su habitual incansable trabajo y Juanma dio profundidad y amenaza en ataque. A ello se sumaron los aportes de los cambios, como Marc Tenas, Ivo y Morata sumando energía y soluciones en los minutos decisivos. El resultado final fue algo más que tres puntos: fue una reafirmación. La sensación de que el equipo no había dicho su última palabra y de que, pese a las dificultades, seguía vivo en la lucha por el objetivo.
Con esa victoria, la Segoviana afronta la última jornada en una situación clara: está dentro de la pelea por el playoff y depende exclusivamente de su resultado para certificar el billete. No necesita cálculos excesivos ni combinaciones complejas si cumple en su partido. Aun así, el contexto de la jornada añade tensión y dramatismo, con múltiples equipos implicados tanto en la zona alta como en la parte baja de la tabla. Mucho en juego. En la clasificación, el Deportivo Fabril ya ha asegurado su ascenso, mientras que el segundo puesto es para el Real Oviedo Vetusta con 55 puntos. Muy cerca aparece el Ourense con 54, seguido de la Segoviana con 51. Cierra provisionalmente las plazas de playoff el Numancia con 50 puntos, mientras que aún aprietan desde atrás el Real Ávila también con 50 y el Coruxo con 49.
Precisamente el Coruxo será el último obstáculo. Un rival directo, en su estadio de Do Vao, con el mismo objetivo y la misma urgencia. En definitiva, un escenario sin concesiones entre seguir soñando o quedarse a las puertas. La Segoviana ha llegado viva al último día. Después de semanas de dudas, ha conseguido volver a creer y recuperar su sitio en la pelea. Ahora, en un solo partido, tendrá que confirmar su reacción y transformar su resurrección en un billete para el playoff. Todo o nada en Galicia.
