Se acercan las últimas jornadas en la mayoría de deportes y sus respectivas competiciones. Llega el momento de tirar de calculadora, aunque la inteligencia artificial se ha impuesto, y en menos de lo que canta un gallo puede presentarte un documento con porcentajes, estadísticas y golaverajes particulares y generales. Si los equipos implicados juegan antes o después, si lo hacen contra otros que se juegan algo, por arriba o por abajo, o ya tienen todo hecho. Si ese partido que al ver el calendario el primer día tenía un firme favorito, ahora ya no lo ves tan claro. Si son equipos “amigos” por pertenecer a localidades próximas, o, por el contrario, eso les convierte en enemigos irreconciliables. Si, pensando en la temporada que viene, es preferible jugar a una hora de casa que recorrer cientos de kilómetros. Si se subirán jugadores del filial o se bajarán del equipo superior para reforzar el equipo. Si el árbitro designado para ese partido trascendental tuvo lío la última vez que visitó ese pabellón. Si se rumorea que el año que viene ese equipo no tiene plan para continuar. Si un determinado entrenador o jugadores se llevan mejor o peor para facilitar “el bien común”. Si de la categoría inmediatamente superior desciende un equipo gallego o castellano y, dependiendo de ello, eso cambia el número de arrastres y las cuentas hechas hasta entonces…
Y, como suele ocurrir siempre en estos casos, la realidad supera a la ficción. Equipos de la zona baja, con la presión de acompañante durante muchos meses, se aferran a un clavo ardiendo, y ya durante el tradicional saludo y pasamanos previo al partido eres capaz de detectar el cuchillo entre sus dientes y una mirada que, sin acompañar ninguna palabra, te está diciendo que ahí, si quieres ganar, vas a tener que correr mucho y jugar con la máxima intensidad.
Son días dándole mil vueltas a las cosas, y noches con otros mil giros a la almohada. Decisiones que pueden condicionar el futuro profesional y personal. Momentos de decir “hasta luego”, “hasta siempre” o “hasta nunca”. Lágrimas de dolor o de alegría, recuerdos echando la vista atrás a esa semana de Agosto donde arrancaba el curso balompédico, y, lo más importante: la gente con la que te has encontrado en el camino.
Y si…pues va a ser que no! La decisión está tomada.
