El Grupo de Rescate e Intervención en Montaña de la Guardia Civil (GREIM) constituye una de las unidades más especializadas en rescate en entornos de difícil acceso en España. En la provincia de Segovia, su actividad se centra en la intervención en zonas de montaña y espacios naturales complejos, donde desarrollan labores de auxilio, localización y rescate de personas, además de tareas preventivas, de vigilancia y control del cumplimiento de la normativa en el medio natural. Esta labor se complementa con la actuación del sistema autonómico de emergencias, coordinado por el Centro Coordinador de Emergencias de Protección Civil de la Junta de Castilla y León, que integra y gestiona los distintos recursos disponibles ante incidentes de rescate.
Su misión no se limita a actuar en situaciones de emergencia. Tal y como explican desde la propia unidad, su trabajo consiste en “rescatar, auxiliar y localizar personas en zonas de difícil acceso”, pero también en anticiparse a los riesgos mediante presencia preventiva y apoyo en actividades deportivas en la montaña. Esta doble vertiente, intervención y prevención, es clave en un contexto en el que la afluencia de personas a entornos naturales no ha dejado de crecer en los últimos años. En este escenario, la coordinación entre organismos resulta esencial: entre 2022 y 2025, el sistema de Protección Civil de Castilla y León ha gestionado 1.080 incidentes de rescate, con Segovia concentrando 107 de ellos, en torno al 10% del total autonómico.
Aunque la estructura y formación del GREIM es homogénea en todo el territorio nacional, las características de cada zona condicionan el tipo de actuaciones. En el caso de Segovia, las intervenciones se concentran principalmente en enclaves como la Sierra de Guadarrama y la Sierra de Ayllón, donde son habituales los rescates relacionados con senderismo, extravíos, caídas o situaciones provocadas por cambios bruscos en la meteorología. Se trata de entornos muy frecuentados, especialmente en fines de semana y periodos vacacionales, lo que incrementa la probabilidad de incidentes. En aproximadamente la mitad de los casos coordinados en la provincia, ha sido necesaria la intervención directa del Grupo de Rescate y Salvamento de Protección Civil.
El arte de salvar vidas
El desarrollo de un rescate comienza, por lo general, con la recepción de un aviso a través de los servicios de emergencia, el 112 o el 062. A partir de ese momento se activa un proceso de evaluación en el que se analizan variables esenciales como la localización de la persona, su estado físico, las condiciones meteorológicas y la accesibilidad del terreno. Esta información permite decidir el tipo de intervención más adecuado, ya sea mediante acceso terrestre, aéreo o una combinación de ambos, en coordinación con los distintos operativos implicados.
Sin embargo, la planificación inicial rara vez permanece inalterable. La intervención sobre el terreno exige una capacidad constante de adaptación, ya que “cada rescate es diferente” y obliga en muchas ocasiones a “improvisar en función de las condiciones del entorno”. La orografía, el viento, la nieve o la visibilidad pueden modificar en cuestión de minutos las condiciones de la operación.
Una vez que el equipo alcanza a la víctima, la prioridad es estabilizarla y proceder a su evacuación hasta un punto seguro o donde pueda recibir atención sanitaria. Este proceso puede implicar maniobras técnicas complejas, especialmente en terrenos escarpados o de difícil acceso, y en ocasiones requiere la coordinación con medios aéreos, sanitarios u otros equipos de emergencia.
“Dado que todos los rescates implican un riesgo personal, cada uno exige el máximo nivel de preparación y compromiso”, destacan. “Resultan especialmente delicados aquellos en los que intervienen menores, los que se desarrollan con climatología muy adversa o los que se llevan a cabo durante la noche”. En estos casos, la dificultad no reside únicamente en la ejecución técnica, sino en la gestión global del rescate, que exige coordinación, toma de decisiones continua y capacidad para anticipar la evolución de la situación.
El factor tiempo resulta determinante en cualquier intervención. A medida que se prolonga el operativo, aumentan los riesgos tanto para la persona afectada como para los propios rescatadores. Por ello, uno de los principales objetivos es reducir al máximo los tiempos de localización, acceso y evacuación, ya que ello “aumenta significativamente las probabilidades de éxito”.
Casos relevantes
Aunque no existen datos desglosados públicos por provincia en todos los cuerpos intervinientes, las actuaciones recientes permiten trazar una imagen clara de la actividad de rescate en Segovia. En enero de 2026, un amplio operativo permitió evacuar a unas 140 personas atrapadas en un telesilla en la estación de esquí de La Pinilla, en una intervención que implicó a múltiples unidades y puso a prueba la capacidad de coordinación de los servicios de emergencia. Semanas después, en febrero, los especialistas rescataron a cuatro jóvenes que habían quedado bloqueados en una pendiente helada en el entorno del Pico de Peñalara, en una operación técnica prolongada que se desarrolló en condiciones de frío extremo y finalizó de madrugada.
Accidentes evitables
La experiencia acumulada por los equipos de rescate permite identificar patrones comunes en muchos de los incidentes. Una parte significativa está relacionada con errores evitables por parte de los montañistas, como la sobreestimación de las capacidades personales, la falta de planificación o el desconocimiento del entorno. De hecho, los profesionales coinciden en que “una parte importante de los rescates se podría evitar”.
Entre las imprudencias más habituales destacan no consultar la previsión meteorológica, utilizar equipamiento inadecuado o emprender rutas que superan el nivel físico o técnico de los participantes. A ello se suma, en algunos casos, la falta de previsión en aspectos básicos como la duración de la actividad o la comunicación del itinerario.
Frente a esta realidad, insisten en la importancia de adoptar medidas preventivas sencillas pero eficaces: planificar la ruta con antelación, consultar las condiciones meteorológicas, evitar realizar actividades en solitario, llevar el material adecuado, informar a terceros del recorrido previsto y asegurarse de disponer de medios de comunicación operativos. Son decisiones que, según su experiencia, “marcan una gran diferencia” en la reducción de riesgos.
El incremento de la actividad en el medio natural durante los últimos años ha tenido un reflejo directo en el número de intervenciones. El auge del ocio al aire libre ha acercado la montaña a un público más amplio, aunque no siempre con la preparación necesaria, lo que explica el aumento progresivo de rescates. En este contexto, tanto el GREIM como los servicios de Protección Civil refuerzan su papel no solo como unidades de intervención, sino también como agentes de concienciación. La montaña, aunque accesible, sigue siendo un medio exigente en el que la preparación y la toma de decisiones adecuadas resultan determinantes para evitar situaciones de riesgo.
