Eugenio de la Torre. La acera de los coloquios. Dibujo. 1919. Pasear por la plaza. Por el centro, por los soportales, de un lado a otro. Pasear, de día y de noche. De la mano de Pablo Martín Cantalejo: “La noche segoviana tiene un especial encanto en la Plaza Mayor, donde siempre hay animación y colorido; en la época estival, además, con el ruido de las conversaciones de cuantos se sientan en las terrazas de los bares para tomar el fresco y contemplar, displicentemente, las siluetas de docenas de cigüeñas que se colocan en las puntas de las góticas agujas de la Catedral; y en el invierno, la multicolorista gente se desparrama por el interior de los bares que ponen la nota radiante de luz y tradición”. Pasear por la Plaza, vueltas y vueltas por cualquiera de las aceras esperando ver a o de la mano de…

Taller Zuloaga. Nieve. Cerámica. Academia de Historia y Arte de San Quirce. Esta imagen es de cuando en Segovia nevaba, de cuando la nieve caía en diciembre y ya no desaparecía de muchas calles hasta marzo del año siguiente a no ser que el Ayuntamiento la mandase retirar. ¿Y cómo se hacía? Se contrataban los servicios de unas carretas tiradas por bueyes que llegaban hasta donde más falta hacía, en este caso la Plaza Mayor, y la nieve se retiraba de las zonas de tránsito, apilándola con palas y cargándola en carretas, el mejor medio de transporte de la época. La nieve solía causar grandes destrozos, sobre todo en el arbolado.

J. Rodríguez. Soportales de la Plaza Mayor. 1944. No conozco nada de este artista salvo el dibujo acuarelado con el que ganó el concurso de carteles de ferias y fiestas de aquel año y que se imprimió como portada en el programa que publicitaba los festejos. Luis Martín García Marcos publicó un poema con el mismo título: “Soportales de la Plaza, / vaivén de miradas viejas, / bastidor de madrigales, / enredadera / de suspiros y de risas, / mirador de novias… / Soportales de la Plaza; / clerical puente de piedra / para las horas de coro / y las horas de novena… Soportales de la Plaza; buzón de las citas, rueca / para hilar conversaciones, / telescopio de impaciencias, almacén de los paraguas, / papel secante de esperas.
………..
Lugar donde los serenos / mueren fusilando estrellas”.

Agustín Redondela. Ayuntamiento de Segovia. Aguafuerte. Sin fecha. Palabras de Mariano Grau, que gastó su vida trabajando allí: “Poco tiene ya de característico esta Plaza Mayor de Segovia. Desaparecidas las antiguas viviendas que le prestaban un sello singular, se alzan en su sitio grandes edificios de factura moderna… Sin embargo, queda esta hilera de casas con balcones corridos, idénticas en altura, que en tiempos darían a la plaza cierta uniforme prestancia. Hoy lucen miradores aparatosos y maquillan sus fachadas con un gusto de confitería. En el centro de ellas destaca la gravedad del Ayuntamiento, con sus torres empizarradas y la pupila inmóvil de reloj. Bajo este gran bloque de edificios, se extienden unos soportales que saben toda la tragedia del tedio provinciano”.

Maite Miralles. Ayuntamiento de Segovia. Técnica mixta sobre papel. 1969. Academia de Historia y Arte de San Quirce. En su Diccionario general de Segovia para uso de viajeros habituados al orden alfabético (2001), escribía Moncho Alpuente: “El edificio del Ayuntamiento aunque algo apabullado por la esplendorosa mole de la Catedral, preside la plaza. Se trata de un edificio austero y austriaco, con dos torres macizas pero discretas que no pretenden competir con las agujas catedralicias, pero que no renuncian a imponer respeto, ya que no veneran a los ciudadanos… En el centro de la plaza forman corro acacias de no muy boyante porte que también sobrellevan con dignidad sus achaques”. Se me olvidaba decir que el arquitecto que dirigió la obra del Ayuntamiento se llamaba Pedro de Brizuela.

Luis Alberto Esteban. Plaza Mayor de Segovia. Tinta. 1982. Moncho Alpuente, formado en Segovia y luego vecino de ella, escribió, aunque breves, algunos párrafos acertados sobre la ciudad: “…el turista de jornada está impaciente por llegar a la Plaza Mayor y avizora las agujas de la Catedral. Si el Azoguejo es el rostro de la ciudad, su boca abierta a todos los caminos y sus ojos multiplicados en el Acueducto, la Plaza Mayor es el corazón que recoge el latido de la urbe, que integra en su acogedor espacio la catedral sagrada, el ayuntamiento cívico y el teatro profano”. Las acacias de la elipse, acaso agobiadas por el humo de los automóviles que aparcaban bajo ellas, habían entrado en un proceso de degradación que aún no se ha detenido.

Luis Jesús Labrador Blanco. Plaza Mayor en día de niebla. Acuarela. Sin fecha. A la Plaza Mayor de Segovia casi siempre se la quiere ver luminosa y dorada, radiante y bella. Pero puede encontrarse de otra forma, con otros colores y con otras luces. Como aparece en esta acuarela que nos la muestra en día neblinoso y gris, como una sombra que quiere asomarse al día. En primer término vemos el tronco rugoso de una de las viejas acacias, más de cien años; detrás en kiosco de la música, tantas veces puesto y quitado; y al fondo, sin la luz con la que tantas veces deslumbra, la Catedral de semiborrados perfiles.

Anónimo. Callejón del Potro. O/l. Sin fecha. El lienzo recoge la extraña prolongación de la Plaza Mayor por el ángulo nordeste. La forman la Plazuela del Caño Seco (hoy 4 de Agosto) y la Plazuela del Potro, nombres memoria del pasado. Caño Seco por la fuente que hubo, trasladada al pie del paseo del Salón; Potro por el que hubo para herrar caballerías, desaparecido también; y 4 de Agosto para recordar la aciaga fecha en que la ciudad fue asaltada y saqueada por las tropas carlista de Zariategui. El autor de la pintura pudo ser un norteamericano, Ashley Bryan, asistente a los Cursos de Paisaje de Segovia el año 1951.

Diego Fernández Román. Plaza Mayor de Segovia. O/l. Sin fecha. Es ésta una pintura que podemos calificar de ingenua y, al tiempo, descriptiva, centrada en representar el pavimento de la plaza, que casi nadie ve y el kiosco de la música, que a tan pocos interesa. Éste ha llevado una vida azarosa. Se puso a finales del siglo XIX, pero se quitó y fue trasladado al Salón. Se incendió por los años veinte, se reconstruyó y volvió a colocarse en la Plaza, de donde desapareció por los años setenta, junto con la mayor parte de la estructura. Como había planos se reconstruyó, colocándolo donde siempre había estado. En la última reforma del pavimento de la elipse tuvo más fortuna pues se convirtió, algo que no gustó a muchos, en el centro en torno al que giró toda la obra.

Antonio Román. El kiosco de la plaza. Acuarela. 1992. Humilde y en un rincón, ese kiosco era el elemento de la plaza que con más fuerza atraía mis miradas de niño. ¿Por qué, si como en esta armoniosa acuarela, en él no había nada de sobresaliente? Porque en tres de los lados de ese prisma pintado de verde oliva desvaído y coronado con chapitel de pizarra el kiosquero colocaba las novedades de la semana de los tebeos del momento, con sus inefables personajes, Zipi y Zape, El Reporter Tribulete, Carpanta, Las Hermanas Gilda… Sólo se podían contemplar y leer las viñetas de la portada, pero bastaban para hacernos soñar. Es fácil que también Antonio Román, de niño, se parara muchas veces a mirar por esa ventana fascinante.

Sin firma. Plaza Mayor de Segovia. Cerámica. Sin fecha. Acabo estos envíos dedicados a imágenes no muy vistas de nuestra Plaza Mayor. Desde el taller de cerámica Zuloaga hasta hoy, un producto que se ha venido fabricando de cara al turismo ha sido un plato de bajo coste, decorado con un motivo segoviano representativo. Este, de fabricación reciente, puede servir de ejemplo: con un motivo agradable a la vista, con edificios tan representativos como la Catedral y el Ayuntamiento y, a ser posible con una escena relacionada con el espacio elegido, en este caso el mercado semanal, al que prestan encanto los toldos, los cestos y los personajes, vestidos con trajes a medias populares a medias folclóricos.
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* Supernumerario de la Real Academia de Historia y Arte de San Quirce
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