La Fiscalía y la acusación particular sostuvieron hoy que el crimen de Matamala de Almazán fue “urdido, planificado y posteriormente disfrazado”, en algunos aspectos de forma burda y en otros con mayor elaboración, con el objetivo de desviar la investigación, y mantuvieron su petición de 27 años de prisión para el acusado de matar a la víctima y simular posteriormente un incendio para borrar las pruebas.
En la quinta sesión del juicio, que se ha celebrado a lo largo de esta semana en la Audiencia Provincial de Soria con Tribunal del Jurado, declaró el acusado de matar a su novia el 25 de diciembre de 2022.
El Ministerio Público sostuvo que la víctima murió a consecuencia de una agresión brutal, que le provocó la fractura de la base del cráneo, y precisó que recibió ocho martillazos que le causaron una muerte prácticamente inmediata, sin posibilidad de defensa. La acusación pública consideró acreditada la alevosía, así como las agravantes de parentesco y violencia de género, al tratarse de una mujer vulnerable. Además recordó que los informes forenses determinaron que el acusado, pese a padecer un trastorno depresivo, conservaba intactas sus capacidades cognitivas y volitivas.
“La mujer padeció una muerta violenta y el acusado metió el martillo y otros objetos en la chimenea para borrar sus huellas. La víctima fue quemada de forma deliberada y se le puso un trozo de madera incandescente encima y más troncos para calcinarla”, afirmó.
La Fiscalía afirma que el acusado teatralizó su llamada al 112, ya que su reacción no fue coherente con la situación, al no intentar acceder a la vivienda pese a poder haber forzado la entrada. Igualmente, puso de relieve las contradicciones de su relato, al asegurar en la llamada que la víctima estaba muerta antes de comprobarlo, mientras que en su declaración afirmó haberle dado la vuelta. Por último, rechazó las teorías alternativas planteadas por la defensa, que apuntaban a la posible participación de terceras personas, incluso de un sicario.
Las acusaciones particulares se sumaron a la petición de la Fiscalía y defendieron que la Guardia Civil revisó los posicionamientos de los teléfonos móviles y descartó a la expareja de la víctima como autor de los hechos. Asimismo, pusieron el foco en el móvil del crimen y sostuvieron que la víctima tenía previsto abandonar Matamala de Almazán y regresar a Gerona, lo que pudo desencadenar una discusión previa, ocurrida aproximadamente dos horas antes del crimen.
Por su parte, la defensa sostuvo que las pruebas practicadas durante el juicio no respaldan el relato de las acusaciones, y defendió que no ha quedado acreditado que el acusado fuera el autor de los hechos. Y puso de relieve que la víctima había sufrido episodios de malos tratos por parte de una expareja, un extremo que, a su juicio, no se ha valorado suficientemente.
Por su parte, el acusado defendió su inocencia, y aseguró que su relación con la víctima comenzó apenas 20 días antes de los hechos. Con voz llorosa, afirmó sentirse “mal y culpable” por no haber podido protegerla mejor, aunque negó haber tenido motivo alguno para causarle la muerte.
“Soy inocente de esa barbaridad. Era una persona sencilla, débil y muy buena. No he tenido ningún motivo para hacerle daño. No tenía razón para quitarle la vida, todo lo contrario. Nos llevábamos estupendamente. El que hizo esto tenía que ser una bestia”.
