Puede que no lo crea quien leyere, más, existen situaciones que tras ser expuestas por interlocutor válido -o no-, te dice para finalizar, ‘y esto no tiene vuelta de hoja (1)’. Lo que lleva a tal ‘acongoje’ que estas deseando encontrar una coma de apoyo para rebatir y salir del mirando a Miranda, que es donde te encuentras.
Por lo expuesto, puede que algunas de las ‘quisicosas’ que se cuentan de aquí ‘pa’ bajo, tengan algo que ver -por más que lo sean de ‘refilón’-, con lo de la vuelta de hoja. Pero ello queda ‘a cargo’ de quien lo lea. Pues, si no lo lee…
Relaciones ‘tortuosas’
El primer arquitecto municipal ‘serio’ que tuvo el Ayuntamiento de la Ciudad fue el guipuzcoano, de Cestona, Juan José de Alzaga e Ybarzabal, titulado por la Academia de San Fernando y buen conocedor de su trabajo. Lógico, pues, que llegara con la idea de mantener una relación contractual normal: ‘yo presto un servicio -trabajo-, y tú -empresa-, me pagas lo convenido’. Se deja constancia que el sueldo pactado era de 88 reales. Esa es la teoría. En la práctica el señor Alzaga tuvo serios problemas para que la Ciudad le pagara en tiempo y forma. Lean. Entre los años 1830 a 1833 se pasó, día sí, día también, pidiendo que le abonaran lo devengado. No hubo forma de conseguirlo. Por tal causa y razón los enfrentamientos fueron constantes y el Ayuntamiento, incluso, cesó de sus funciones al arquitecto en dos ocasiones.
En el año 1830 es el arquitecto quien cesa voluntariamente. Su ‘patrón’ acuerda pagarle una liquidación de 8.000 reales. Pese a las tiranteces Alzaga pide regresar. Su puesto era necesario y se acepta. Tres años después se puso fin a tan tortuosa relación. Pero…Tras fallecer en 1860, fue su hermana quien hubo de reclamar honorarios de determinados trabajos realizados por un importe de 14.539 reales. A la petición el Ayuntamiento respondió: ‘la Ciudad queda enterada. Al respecto, se acuerda tenerlo en consideración ¡para cuando haya fondos! (2).
Ese era el grandísimo problema de ayer, de hoy y…sin vuelta de hoja.
Entre los trabajos destacados del referido Arquitecto, se encuentra una Memoria Detallada sobre el Acueducto y la Portada de la Real Casa de la Moneda. Fue, también, profesor de Aritmética y Geometría en la Escuela de Nobles Artes de la Ciudad.
Toros, vino y aguardiente
El personal que lee, cuando proceda, las cosas que aquí se describen, seguro que recuerda las informaciones que hilvanamos en torno al devenir de nuestra Plaza de Toros, también coso taurino y/o, para los más versados en geopolítica básica, Coliseum. Bueno, pues. Que según me contaron algunos vecinos de los que paseaban por el lugar, año 1802, fue a propuesta de la Sociedad Económica Segoviana de Amigos del País, cuando el Maestro de Obras del Ayuntamiento y fontanero Mayor, Antonio Ortiz (permaneció en el puesto a lo largo de 28 años), diseñó el proyecto, y con la finalidad de poner medios económicos sobre la ‘mesa’ y llevar el propósito a la práctica, el señor Rey, Carlos IV, aceptó que se ‘cargara’ impuesto sobre vino y aguardiente que se vendía en la ciudad, además de donar/regalar 1.000 pinos de Valsaín. Vino y aguardiente subieron su precio. Y si los impuestos suben, los precios también … no hay vuelta de hoja.
La obra se acabó de aquella manera. Vamos, que no se acabó. Pese a lo cual se celebraron festejos en su interior a lo largo -también ancho-, de más de un siglo. Y ahí está… viendo pasar el tiempo.
Para saber, conocer y contar
Describo lo siguiente en fórmula pastilla de las que ayudan a la digestión. Lean.
-Año 1581. En la capital segoviana residían 24 maestros de albañilería y carpintería. Demasiados para el trabajo que había. De tal forma que uno de ellos, Gaspar Álvarez, que aún empleando la fórmula buscar trabajo de lo suyo ‘hasta debajo de las piedras’, no lo encontró. Llamando a las puertas le abrieron las del Monasterio de San Vicente. Las monjas le ofrecen el puesto de panadero a él y a su esposa. Los dos ejercieron el oficio -dice la nota-, ‘durante años’. Noticia, salvo prueba en contrario que se admite, con mucha miga.
-Puede que no coincida con lo que usted, segoviana/segoviano de pro (3), sabe de historia y el por qué existe una cruz de piedra al lado de uno de los arcos centrales del Acueducto. La leyenda grabada en su base dice: ‘En señal de devoción esta cruz (que) aquí pusieron devotos que en ella hicieron, memoria de la pasión’. Voy a ir un ‘puntito’ más lejos en información relativa. La cruz conmemora, al igual que la Ermita del Cristo -nombre inicial, – la visita que realizó a Segovia, año 1411, el predicador y dominico valenciano Vicente Ferrer -contaba ya con 61 años-, canonizado en 1455 por el Papa Calixto III. Ambos, ermita y cruz, tienen su causa inicial en aquella recordada visita de tan extraordinario predicador. Del que el pasado día 5 de abril se cumplieron 607 años de su muerte.
Sea permitido pensar…
‘En España, de cada diez cabezas, nueve embisten y una piensa’. Antonio Machado. Poemario, ‘Campos de Castilla’.
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- Igual a ‘no hay más que hablar’ o ‘es indudable’.
- ‘Transformación Urbana de Segovia’. Chaves Martín.
- Persona que se distingue por sus buenas cualidades.
