La Semana Santa siempre ha sido tiempo de recogimiento. De mirar hacia dentro. Pero también, para muchos, es tiempo de competir, de viajar, de compartir equipo.
Mientras unos procesionan, otros juegan fases finales, campeonatos de España o concentraciones que marcan una temporada. Y en todos ellos hay algo en común: la pasión.
Hace unos días leí la carta de Mariona Ortiz a su yo de 13 años. Venía a decir “Disfruta del camino, incluso cuando duela”. Porque con 13 años hay dudas, miedos y decisiones que parecen demasiado grandes para unos hombros tan pequeños.
Esas líneas me llevan a pensar en Víctor actual jugador del CD Base con quien coincidió mi hijo en Claret Autonómico y que estos días ha tenido la oportunidad de vivir Planeta Mini. Una experiencia en la que los segovianos Javi, Hugo o JuanGa también han dejado huella, demostrando que el baloncesto segoviano desde la capital y desde los municipios más pequeños está trabajando muy bien.
Y entonces inevitablemente miro atrás, a aquella niña de 13 años que fuí que también tuvo que decidir cuánto quería apostar por el baloncesto. Fueron muchas Semanas Santas en equipo. No siempre fue fácil. Pero en el camino siempre estuve acompañada. Especialmente por mi madre que aun no estando en la grada me enseñó el valor del esfuerzo, del amor propio, de creer cuando cuesta. Hoy la batalla es suya, nosotros la acompañamos y no tengo dudas de que también la ganará.
El deporte, como la vida, tiene su propia Semana Santa. Momentos de esfuerzo, de duda, de caída… y de gloria. Y es en ese camino donde realmente nos encontramos “Cree en ti especialmente cuando sientas que no puedes más”.
Al final, más allá de los resultados, lo que queda es la pasión con la que lo vivimos.
