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Cine Comunero

por Redacción
22 de abril de 2011
DOCUMENTAL ‘VILLALAR 78’.

DOCUMENTAL ‘VILLALAR 78’.

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Desde el prólogo de Locura de amor (Juan de Orduña, 1948) hasta el cortometraje El llanto de la fiera (Fidel Cordero, 1998), medio siglo después, las aproximaciones cinematográficas a la Guerra de las Comunidades de Castilla y sus protagonistas han sido escasas. Directa o tangencialmente, de forma explícita o como telón de fondo, el movimiento comunero a principios del siglo XVI y su conmemoración en Villalar han sido reflejados en películas y documentales en contadas ocasiones.

Castilla. Año 1521. Carlos I de España y V de Alemania lleva cinco años en el poder, encumbrado tras la muerte de su padre (Felipe el Hermoso, fallecido en 1506), la incapacidad mental de su madre (la reina Juana, recluida desde 1509) y el fallecimiento en 1516 de su abuelo (Fernando el Católico). El 9 de febrero de 1518 las Cortes de Castilla, reunidas en Valladolid le habían jurado como rey, no sin antes trasladarle unas peticiones: que aprenda a hablar castellano, que deje de asignar cargos nobiliarios a extranjeros, que frene el expolio de metales preciosos y caballos de Castilla, y que sea más respetuoso con su madre, recluida en Tordesillas. No cumpliría ninguna. El descontento popular se hizo imparable en mayo de 1520 cuando designó a Adriano de Utrecht como regente de las posesiones hispánicas, a la vez que incrementaba la presión fiscal sobre las clases medias. La chispa no tardó en prender, y la Guerra de las Comunidades surgió como una de las primeras revoluciones burguesas de la Era Moderna.

Entre tan jugoso material, Juan de Orduña apenas rescata unos detalles en el prólogo de Locura de amor, su primera incursión en el drama histórico para exaltar los valores patrióticos de la España imperial. Así, en el arranque de aquel trabajo presenta a Juana confinada en el Real Monasterio de Santa Clara, en Tordesillas, y a su hijo Carlos, ya como monarca de la Corona de Castilla, visitándola. Aludiendo de forma soterrada al levantamiento en armas del pueblo castellano, su madre se lamenta de los infortunios que han perseguido a la saga familiar. Tras la presentación, el film vuela en un flashback hasta la noche en que falleció Isabel la Católica para desgranar la historia de Juana y su esposo, durante cuyo breve reinado ya comenzó a dejarse sentir una cierta animadversión de las clases medias hacia los monarcas.

Cualquier alusión al levantamiento desaparece en el remake del film de Orduña que Vicente Aranda dirigió en 2001, partiendo también del montaje teatral escrito por Manuel Tamayo y Baus (ese montaje inspiró otras tres películas tituladas también Locura de amor, la primera dirigida por Albert Marro y Ricard de Baños en 1909, la segunda por Miguel Villar en 1926, y la de Benito Perojo en 1948, además de la italiana Giovanna la pazza, de Mario Caserini, en 1910).

La película, que arranca y culmina con la reina Juana en sus últimos años de vida (1554), transcurre en su totalidad entre 1496, cuando la llevan a desposar a Flandes, y 1507, cuando la desposeyeron de sus privilegios como reina y su hijo Carlos aún era un niño.

El gran éxito popular de Locura de amor, que incluso traspasó las fronteras nacionales, propició el florecimiento de una corriente de cine histórico producido por Cifesa, que buscaba «reescribir la historia nacional desde unas perspectiva nacionalista y profundamente reaccionaria», citando un ensayo del profesor de la Universidad Internacional de Florida Santiago Juan-Navarro.

Precisamente es La leona de Castilla, el largometraje estrenado en salas comerciales, donde de forma más directa se ha abordado la historia de los comuneros. Distribuida por Divisa Red, la película se centra en la figura de María Pacheco (Amparo Rivelles), mujer de Juan de Padilla, hidalgo que encabezó la revuelta comunera en Toledo.

Adaptando la obra teatral escrita por Francisco Villaespesa en 1914, el ambicioso film (con lujosos escenarios y vestuario a cargo de Pertegaz) arranca con un plano fijo del ajusticiamiento de Padilla, con el verdugo sujetando su cabeza inerte para aleccionar a la multitud, mientras los créditos desfilan por la pantalla. Acto seguido, una voz en off deja claro la intención moralizante del discurso audiovisual: «Frente a la ambición del César hispano, se alzó el criterio estrecho de los comuneros, para los cuales el mundo acababa en sus trigales castellanos, en sus fueros y privilegios. (…)Ésta es una historia triste, como todas las que forjó la rebeldía».

En la misma década, el madrileño Agustín Macasolí, veterano director de fotografía con más de medio centenar de películas, dirigió en 1958 Evocación de Carlos V, un cortometraje producido por No-Do. Y no fue hasta la llegada de la democracia cuando tuvo lugar la primera adaptación explícita de la revuelta comunera.

El zaragozano José Antonio Páramo, habitual del medio televisivo, fue el encargado de dirigir el Estudio 1 Los comuneros, a partir de un guión escrito por Ana Diosdado que adaptaba su propio libreto teatral (escrito en 1970 y estrenado en 1974), con Juan Diego como Padilla, Nicolás Dueñas como Bravo y Joaquín Hinojosa como Maldonado, además de Isabel Mestres como María Pacheco y Lola Herrera como una reina Juana destrozada psicológicamente que, aun así, tiene la lucidez suficiente como para opinar: «Nadie tiene la razón y la justicia cuando hay guerra».

Un exiguo presupuesto de 12 millones de pesetas obligó a filmar la mayor parte de las secuencias con planos cortos, incluida la batalla de Villalar, para intentar disimular la escasez de medios.

Tras la muerte de Franco, llegó la reivindicación del espíritu comunero, y qué mejor lugar para demandar la autonomía que el municipio vallisoletano de Villalar. Tras la convocatoria de 1976, prohibida por el gobernador civil, y la de 1977, en pleno proceso de legalización de los partidos, en 1978 el Plenario de Partidos Políticos y Entidades Regionalistas (formado en octubre del año anterior) hizo el primer llamamiento oficial para constituir el Día de Castilla y León: «¡Castellanos y leoneses, por la autonomía, la libertad y el progreso de Castilla y León, todos a Villalar de los Comuneros el 23 de abril!».

Aquellas palabras surtieron efecto, y la localidad se vistió de fiesta, como refleja Villalar 78, la segunda película rodada por el colectivo Lecas Films, que acabó estrenándose en 1980. Codirigida por Miguel Ángel Delgado, Roberto Haya y Tomás Rodríguez, refleja el ambiente, el desarrollo de la celebración y las intervenciones públicas.

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Edición digital del periódico decano de la prensa de Segovia, fundado en 1901 por Rufino Cano de Rueda

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