“Y la luz se hizo”. Esperada, ansiada y añorada casi hasta la desesperación, la decisión del TAD atendiendo las alegaciones presentadas por los tres clubes segovianos y concediendo las medidas cautelares que automáticamente les devuelven a sus respectivas competiciones, viene a mitigar, aunque mínimamente, todo el sufrimiento padecido por los, tristemente y muy a su pesar, protagonistas de un proceso que nadie desearía ni a su peor enemigo.
No voy a analizar, ni juzgar, ni siquiera expresar mis pensamientos al respecto. Van a permitirme que me centre, en todo este recorrido, y con el máximo respeto en el factor humano. Al final, no deberíamos olvidarnos que estamos tratando con personas, las mismas que durante semanas han estado entrenando con objetivos a corto plazo flotando en el limbo, sin saber qué ocurriría, intentando mantener la esperanza poniendo la cabeza en el balón y el corazón en sus dirigentes, los mismos a los que nos quejamos cuando no llegan las equipaciones, nos cambian horarios de entrenamiento, no contestan inmediatamente nuestros mensajes o simplemente porque sí.
La mayoría de las veces no aparecen en las fotos y se mimetizan perfectamente en la discreción y el trabajo en la sombra, la mayoría de las veces poco reconocido. Tiemblan cuando reciben una llamada nuestra, porque es sinónimo de problema, y aun así saben que les toca pasar a la acción.
Por supuesto que no son infalibles (recuerdo que sigo hablando de personas), como tampoco lo somos los entrenadores dirigiendo un partido o el jugador que falla de manera inexplicable un balón para empujar a puerta vacía en el segundo palo.
Sólo ellos saben por lo que han pasado estos meses. Han priorizado sus clubes sobre su vida laboral y personal. Han pasado muchas noches sin dormir, estirando las veinticuatro horas del día entre reuniones, burocracia y kilómetros buscando diálogo y defensa de los suyos.
Ahora nos toca a nosotros, jugadores y técnicos, corresponderles, ser merecedores de su respeto y cerrar la boca antes de quejarnos si se juega a las seis o a las siete y, lo más importante: actuar cada segundo con el máximo compromiso y profesionalidad, Si no somos capaces de actuar así hasta el fin de la competición, estaremos manchando gravemente todo el trabajo y el tiempo que ellos han puesto a nuestra disposición para defendernos.
Mi aplauso hacia esos mosqueteros, especialmente para el nuestro: Gracias Diego. Nuestras sudaderas en Valverde llevan con orgullo esa frase de “Uno para todos”. Lo dicho: ahora nos toca a nosotros. No hay excusas.
