Segovia entra en la Semana Santa despacio, por el tambor lejano, por el incienso en las callejas, por la luz alegre de marzo sobre la piedra. La Pasión se contempla, se camina. Se dobla una esquina y aparece un Cristo bajo un arco; se cruza una plaza y una Virgen avanza entre cirios.
Lo mejor es dejarse llevar, disfrutar del cocimiento entre el arte sacro, el sentimiento verdadero y un escenario único en el mundo. No hace falta verlo todo para entender la Semana Santa segoviana. Basta con escoger bien.
El viernes 27 de marzo trae una de las estampas que nadie debería perderse: la Procesión de las Tres Caídas, a las 20.30 horas, con inicio y final en la parroquia de San Marcos y recorrido por la Alameda de la Fuencisla. Pocas escenas resumen mejor el carácter de esta Semana Santa. Allí están la devoción, el río cerca, la sombra del Alcázar y ese aire de Segovia baja y silenciosa. También esa noche merece atención la procesión con Nuestra Madre María Santísima de las Angustias y el rezo del Vía Matris. San Marcos y la Fuencisla ofrecen una imagen difícil de superar.
El sábado 28 de marzo conviene reservarlo para la Procesión del Cristo de la Buena Muerte, a las 20 horas. Su recorrido hasta la iglesia del Carmen, en el convento de los Padres Carmelitas, le da un peso especial. Es sobria y recogida.
El Domingo de Ramos, 29 de marzo, cambia el tono y abre la semana grande con alegría contenida. La bendición de palmas en la iglesia del Seminario, a las 10.45 horas, y la posterior Procesión Litúrgica de las Palmas con el paso de Jesús entrando en Jerusalén, la popular Borriquilla, forman parte de una liturgia que mezcla infancia y fe compartida. El paso por Plaza Mayor y por las calles del centro ofrece una imagen luminosa de la Semana Santa.

Después llega la parte más honda. Entre el Lunes y el Miércoles Santo la Semana Santa segoviana se mete en los barrios. El lunes 30 de marzo sobresale el Vía Crucis del Cristo de los Gascones y de la Soledad Dolorosa, desde la iglesia de San Justo y Pastor, por calles que conservan el sabor del viejo caserío segoviano. Ahí se percibe bien la dimensión más auténtica de la fiesta: la de una devoción vivida sin exhibición.
El miércoles 1 de abril hay dos momentos mayores. El primero, a las 20.30 horas, es el Vía Crucis Penitencial con el Cristo de la Buena Muerte en la huerta de los Padres Carmelitas. Y después, en la explanada de San Marcos, el Silencio del Tambor, organizado por la cofradía del Santo Cristo de San Marcos con el acompañamiento del resto de bandas de Segovia. El segundo llega a las 22 horas: el Santo Vía Crucis y Procesión con la imagen del Santo Cristo de la Paciencia, por el barrio de San Andrés, el Arco de la Claustra, la plaza de la Reina Victoria Eugenia y el entorno del Alcázar, con final del Vía Crucis en el Arco del Socorro y regreso por las escaleras de Judería Nueva.
El Jueves Santo, 2 de abril, es la marea de la Semana Santa segoviana. La ciudad entera parece ponerse en marcha hacia la carrera oficial y la Catedral. Hay varias procesiones de enorme interés, desde La Flagelación hasta el Santo Cristo del Mercado, pasando por la Soledad Dolorosa o la Oración en el Huerto. Pero una de las más poderosas es la de Jesús con la Cruz a Cuestas y la Virgen de las Angustias, que sale a las 20.30 horas desde el colegio Maristas y se encamina hacia el centro monumental.
Y luego llega el Viernes Santo, 3 de abril, con su cita mayor: la Procesión de los Pasos. Antes, por la mañana, merece mucho la pena el Vía Crucis penitencial del Santo Cristo de San Marcos, desde la parroquia por la Cuesta de los Hoyos hasta el puente de Sancti Spíritu, incorporándose después a la carrera oficial camino de la Catedral. A las 20 horas la procesión oficial sale de la Catedral y recorre el centro hasta terminar junto al Acueducto. Y de noche las antorchas iluminan el Santo Entierro, de Zamarramala a la Vera Cruz.
El Domingo de Resurrección, con la Procesión del Resucitado desde la Catedral y la posterior Misa de Pascua, cambia la música y la luz. Tras la cera, el tambor y el silencio, llega la claridad. Y uno entiende que, en Segovia, la Semana Santa no consiste sólo en ver pasos, sino en escuchar a la ciudad hablar con su voz más emocionada.

