El biólogo segoviano Antonio García Moyano es doctor en Biología Molecular y coordinador del proyecto europeo XTREAM desde su sede en el instituto NORCE de Noruega, dedicado a la búsqueda de nuevas enzimas, microorganismos y fármacos en ambientes extremos para aplicarlos en biotecnología y bioeconomía. Hoy, a las 12.30 horas, estará en el campus de Santa Cruz la Real de IE University para hablar de su labor investigadora.
-¿En qué consiste el proyecto XTREAM?
XTREAM es un proyecto europeo que estudia microorganismos que viven en ambientes extremos, lo que llamamos extremófilos. Estos organismos se encuentran en lugares como glaciares, el fondo del océano, salinas o incluso en ríos muy ácidos, como el Río Tinto en España.
Lo interesante de estos microorganismos es que sobreviven y prosperan en condiciones que serían letales para la mayoría de las formas de vida. Esto significa que han desarrollado adaptaciones muy específicas a nivel molecular, lo que desde el punto de vista científico es fascinante. En XTREAM recopilamos muestras de estos entornos extremos y estudiamos no solo cómo sobreviven, sino también cómo estas adaptaciones pueden tener aplicaciones prácticas en el mundo real.
Un ejemplo clásico es la PCR, una técnica básica en biología molecular que se basa en una enzima obtenida de un organismo termófilo que tolera altas temperaturas. Gracias a ella, podemos replicar el ADN de manera eficiente. Eso es solo un ejemplo de cómo los extremófilos pueden ofrecer soluciones biotecnológicas útiles.
-¿Qué diferencia a XTREAM de otros proyectos de biotecnología en Europa?
XTREAM se financia a través del programa Horizonte Europa, uno de los más grandes y competitivos del mundo. Lo que lo diferencia es la combinación de alto nivel científico y responsabilidad social. Al ser fondos públicos de la Unión Europea, tenemos la obligación de que los resultados tengan aplicaciones reales y de cumplir principios éticos y de buenas prácticas.
Además, se fomenta la colaboración entre distintas instituciones y países europeos, y se nos anima a generar recomendaciones que puedan influir en regulaciones o normas futuras. No se trata solo de investigar; también buscamos que la ciencia tenga un impacto tangible y contribuya al avance de políticas basadas en conocimiento, como métodos de muestreo más sostenibles o estándares de biotecnología aplicable a escala industrial.
-Se trata de un proyecto relativamente nuevo, ¿en qué fase se encuentra actualmente?
Todavía estamos en la fase inicial, en el primer año de un proyecto de cuatro años, con 14 instituciones europeas y un presupuesto de cinco millones de euros. Gran parte de nuestro trabajo ha sido de campo, recogiendo muestras y reutilizando colecciones de microorganismos existentes. Hemos aprendido mucho sobre cómo maximizar los resultados de cada muestra de manera sostenible.

-Qué papel juega la tecnología a la hora de estudiar las formas de vida en condiciones tan extremas?
Estamos desarrollando tecnologías innovadoras, como drones y sensores remotos, que nos permiten muestrear zonas inaccesibles de manera menos invasiva y más respetuosa con el medio ambiente. Con ellos, podemos seleccionar las zonas más prometedoras, tomar muestras mínimas y conservar la integridad del ecosistema. Esto es especialmente útil en lugares muy sensibles o difíciles de acceder, como regiones polares o aguas termales volcánicas.
También estamos comenzando a explorar cómo estos extremófilos pueden actuar como “fábricas celulares” para producir proteínas, enzimas o metabolitos que tengan aplicaciones en biotecnología y medicina. Por ahora estamos en la fase exploratoria, pero la base que estamos creando permitirá aplicaciones más concretas en los próximos años.
-¿Y elementos como la Inteligencia Artificial o la biología sintética?
La inteligencia artificial nos permite crear modelos metabólicos de los organismos, lo que nos ayuda a predecir cómo reaccionarán en condiciones industriales, distintas de su hábitat natural. Por su parte, la biología sintética nos permite modificar células para que funcionen como fábricas celulares, regulando rutas metabólicas o produciendo compuestos de interés. Estas herramientas son fundamentales para avanzar hacia aplicaciones prácticas.
-¿Cómo podrían cambiar proyectos como XTEAM nuestra vida en los próximos años?
Los proyectos europeos como XTREAM suelen trabajar en una escala TRL baja, es decir, buscan demostrar posibilidades más que generar productos de mercado inmediatos. Durante la duración del proyecto, esperamos validar tecnologías y desarrollar colecciones de microalgas con pigmentos, antioxidantes o ácidos grasos que podrían usarse en ingredientes, aditivos, cosméticos o síntesis de fármacos.
El objetivo es plantar la semilla para que estas líneas puedan ser llevadas a la producción industrial en el futuro, dentro de 5 o 10 años. No veremos todos los productos en los cuatro años del proyecto, pero se establecerá la base para aplicaciones futuras.
-La base de su trabajo se encuentra en Noruega, donde lleva más de 15 años, ¿cómo es regresar ahora a casa, a Segovia para hablar de este proyecto a las nuevas generaciones de biólogos?
Es muy bonito. Siempre es un placer regresar a tu tierra y compartir lo que haces. Además, estoy invitado por IE University, donde estudié cuando todavía era SEK. Además la Comisión Europea valora mucho la colaboración entre proyectos financiados en la misma convocatoria, como XTREAM y EXPLORA, que lidera la profesora denla universidad Irene Sánchez Andrea. Poder involucrar también a los estudiantes y al público en general en la ciencia es algo muy gratificante.
-¿Con qué le gustaría que se quedaran esos futuros investigadores?
Para mí, la idea clave que quiero transmitir es que necesitamos más ciencia y más Europa. La colaboración científica europea funciona muy bien y debe seguir fortaleciéndose.
