¿Se acuerda de la primera vez que salió a correr?
Con 18 años. Recuerdo en el año 1962 haber ganado mi primer trofeo, al conseguir el segundo puesto en una carrera que recuerdo que ganó Antonio Pinillos. Si calculamos desde esa fecha, llevo 52 años corriendo, incluso antes de que existiera la Federación de Atletismo.
Yo practicaba todos los deportes, y comencé a jugar al fútbol con gente como Navas, Peña, Fuentetaja, Ñete… pero el hecho de tener que emplear muchas horas en el estudio apenas me dejaba tiempo para el fútbol, en el que además mi entrada no fue como hubiera querido. Como fui el último en llegar al equipo, era el último en escoger las botas de fútbol, por lo que me tocaba jugar con un 43, tres números más del que yo calzaba.
¿Y por qué se centra en el atletismo?
De alguna manera lo he visto como uno de los elementos que perfeccionan a la persona. Yo he cultivado la filosofía por profesión, y la poesía por afición. Quizá sea mejor escribiendo que corriendo. Decía Gandhi que “solo es buena sin restricción una buena voluntad”. Y me di cuenta que no hay mejor voluntad que la de los atletas, con diez bajo cero y saliendo por ahí. Pero sin duda tiene muchas compensaciones. Aquí tenemos un grupo de amigos muy cordial que entrenamos juntos. Y en esta actividad, que es mitad ocio, mitad fastidio, llegas a verte muy unido a ellos, disfrutando de lo que hacen.
También tengo al grupo de los atletas que salimos a los campeonatos, que tenemos una unión aún mayor. Es muy interesante la relación que se forma entre gente que está casi forzada a entenderse. Disfrutas con eso y sientes una emoción especial cuando vas a un campeonato, siendo el único español, y ves a un grupo de atletas que compite contigo y que es capaz de emocionarte.
En su caso, cuantos más años pasan, mejor.
He podido practicar el atletismo a mi mejor nivel cuando paso de los 40 años. En esa edad, yo estoy como otros muchos, pero optaba a los podios. Cuando paso de 55, veo que gano todas las pruebas de esta categoría, y ciertamente encontré una motivación especial. Se disfruta mucho cuando, además de participar, llegas el primero y levantas los brazos.
¿De todos los éxitos conseguidos, con cuál se queda?
Cuando empecé, me sentía de lo más satisfecho con poder acudir a los campeonatos universitarios, y quedar entre los diez primeros, porque salías en el Marca. Posteriormente, cuando aparecieron los primeros rankings, ponía mucho interés en conocer en qué posición estaba, y así iba añadiendo distintos factores que me motivaban.
Tengo dos trofeos que me emocionan. El Oso y el Madroño de haber entrado dos veces entre los 25 primeros de la Maratón de Madrid, y el que dan a los 20 primeros en la Maratón de Barcelona, en la que casi lloraba porque en la recta final logré pasar a dos atletas y meterme entre los mejores, siendo veterano. Estando ya en M-65, gané todos los campeonatos de España, más cinco medallas en los campeonatos del mundo, cuatro de ellas de oro. Tienen un significado especial.
Pero la que recuerdo con más cariño fue la prueba de Bélgica, en Brujas, porque fue mi primera salida al extranjero, y batí el récord de España de media maratón en mi categoría ganando el campeonato de Europa en M-55. Recuerdo me puse a saltar como un mono cuando, al cruzar la línea de meta, un compañero me dijo que había sido el primero.
Y con la ‘excusa’ del atletismo, es de suponer que habrá hecho la maleta en muchas ocasiones.
Hay muy pocas ciudades en España que no haya visitado. De un modo preferente me he recorrido todos los pueblos de Alicante, y frente a un cierto vacío que he encontrado en mi tierra, he tenido compensaciones en otras ciudades, como las Palmas o Alicante, donde después de haber logrado tres medallas en campeonatos del mundo, me hicieron un homenaje, con motivo del 25 aniversario de una prueba que ellos hacen, que es la Subida al Santuario. Yo gané esa prueba en su primera edición siendo ya veterano.
Trofeos en casa, para llenar varias habitaciones…
Tengo más de 500 trofeos. Hubo un tiempo en el que cogí la costumbre de ponerme un alfiler en el chándal por cada carrera que iba ganando, pero me di cuenta de que podía llegar un momento en el que pareciera esto una canana llena de balas de los pistoleros del oeste, y dejé de hacerlo. Muchos trofeos se han oxidado, y otros se han perdido, pero sí guardo todas las medallas que he ganado en campeonatos de España, de Europa, y del Mundo. Tengo una vitrina muy repleta, pero he de reconocer que en algunos momentos he pecado de ambicioso. Aquí en Segovia y Alicante, he llegado a disputar tres pruebas en 24 horas.
¿Por cuántos equipos ha pasado en su carrera?
Estuve en el Kawai de las Palmas, y en el Blume, del que he entrado y salido varias veces. Cada vez que no veía bien una cosa del club, me marchaba, y en muchas ocasiones no era porque se me ofendiera a mí, sino por asuntos más generales. El Blume ha tenido para mí las personas más estimadas y mejores gestores, como Antonio Pinillos, pero por allí también ha pasado otra gente. Para mí, quien tiene mérito sabe reconocer y estimar el de los demás, y ha habido ejemplos en los que no se han tenido en cuenta esos méritos. También milité en el Caja España de Palencia, al que estoy muy agradecido, porque cuando desapareció me mandaron la mayor cantidad económica que yo he percibido, que han sido 400 euros. Ahora estoy en el Vino de Toro, donde se han portado bien, y me pagan la ficha.
¿Se ha estropeado el atletismo?
Sí, pero quienes lo han estropeado no han sido los atletas, sino trepadores de puestos y algunos políticos. Por norma general, los atletas son gente muy noble. A mí me gustaba el atletismo del principio, cuando éramos un grupo de amigos que se entusiasmaba con lo que conseguía. Para mí la relación personal ha primado sobre todo, pero ahora veo que la pugna entre unos y otros ha llegado a que algunos desprecien a compañeros. Hace años, cuando estábamos homenajeando a un atleta del Blume, una persona con funciones directivas en este club me dijo que “el Blume Caja Segovia no tiene nada que homenajear a Antonio Prieto”. Y a mí se me cayó la cara de vergüenza.
