El establecimiento de las primeras escuelas de párvulos en España se remonta a la primera mitad del siglo XIX, siguiendo un modelo esencialmente asistencial con el propósito de atender a los hijos de madres trabajadoras. La primera de estas escuelas fue creada en Madrid por iniciativa del médico y pedagogo Pablo Montesino, quien también escribió el primer Manual para los maestros de párvulos destinado a su escuela de Virio; abrió sus puertas el 10 de octubre de 1838 dando instrucción a los niños en la etapa de 3 a 6 años, con la educación moral y religiosa como referente en un momento en que el analfabetismo era extremo, especialmente en la sociedad rural. Esta escuela de Virio se creó gracias a una generosa donación de Juan Bautista Virio, Cónsul General de España en Hamburgo, ofrecida con el objetivo de implantar una escuela de párvulos en España siguiendo el modelo de la primera escuela alemana conocido como método Froebel y que adoptaba el simbolismo de considerar a los niños como plantas de un jardín donde el maestro era su jardinero.
Por entonces, el liberalismo se abría paso en la sociedad española y miraba hacia Europa para encontrar modelos de desarrollo y de educación, pero se topaba con la oscura realidad de un estado impotente a la hora de afrontar sus grandes retos, como el de la alfabetización de la sociedad. En la España del siglo XIX la legislación educativa iba habitualmente a la zaga de los acontecimientos, como la ley que promulga la regente María Cristina en 1938 sobre el Plan de Instrucción Primaria que contemplaba vagamente la creación de escuelas de párvulos en su art 36, dedicándole estas escuetas palabras: “siendo notoria la utilidad de los establecimientos conocidos con el nombre de escuelas de párvulos, el gobierno procurará generalizarlos por todos los medios que estén a su alcance” por ello se recurrirá al auxilio de las instituciones religiosas, que por aquel entonces eran las grandes actoras en la educación, especialmente en la instrucción primaria. Por otro lado, en la sociedad rural la instrucción de la población quedaba casi exclusivamente en manos de los consistorios, quienes se veían abocados a realizar esfuerzos económicos que habitualmente superaban sus posibilidades.
En Segovia, el BOP informa de la apertura de una escuela de párvulos con fecha de 8 de septiembre de 1843, en el edificio de obra nueva del Seminario, que debía servir de referente para las futuras escuelas que se instalaran en la capital y provincia; también se concretan las normas que habrían de regir la admisión de los niños: la edad estará comprendida entre los 2 y los 6 años, con un informe del párroco que acredite tanto la edad como el estado de vacunación y se cobrarán 4 reales mensuales a aquellas familias que tengan medios económico suficientes; también podían comer voluntariamente en la escuela el almuerzo que les adjuntaran diariamente sus padres. Un año después, esta escuela acredita su normal funcionamiento con la convocatoria de exámenes de progreso prevista para el 18 de Junio de 1845; “Habiendo determinado esta Junta celebrar examen público de los niños concurrentes a la Escuela de Párvulos de esta capital, a fin de reconocer el estado de progreso de los niños, ha acordado se verifique el Domingo próximo 22, a las diez y media de la mañana, en el local de la Escuela, sito en la obra nueva del Seminario…”.

Esta escuela de párvulos atravesó momentos difíciles, en los cuales la continuidad de labor estuvo seriamente amenazada debido a que el ayuntamiento no quiso incluir en los presupuestos del año 1857 la cantidad necesaria para su sostenimiento. La escuela estuvo cerrada los cuatro primeros meses del año, ignorándose los requerimientos para su reapertura cursados por la Comisión Provincial y la propia dirección de la escuela, hasta la primera semana de abril cuando que el gobernador obligó al ayuntamiento a habilitar el presupuesto necesario para su sostenimiento. Cabe señalar que en el año 1879 el sueldo del maestro de esta escuela de párvulo ascendía a la cantidad de 1650 pts. anuales y la plaza era cubierta mediante un concurso oposición, que convocaba el rectorado de la Universidad Central de Madrid.
La segunda escuela de párvulos no tardaría en llegar a Segovia, y en el año 1872 abriría sus puertas en un local de la calle Real bajo la dirección de D. José Sanz. Poco después, ya en el año 1881, el BOP de 28 octubre anuncia un nuevo proyecto de escuela de párvulos por iniciativa de una comunidad religiosa: “la corporación quedó enterada de una comunicación de la superiora de Las Hijas de la Caridad en que manifiesta que por consecuencia de haber recibido una limosna con la condición expresa de invertirla en lo que la parezca más conveniente, ha dispuesto destinarla a la construcción de un nuevo local para la escuela de Párvulos”.
El establecimiento de nuevas escuelas fue lento y muy dispar en las distintas capitales: en Salamanca se inauguró la primera escuela también en 1843, pero en Zamora se constataba la ausencia de este tipo de establecimientos educativos en el año 1851, mientras en Burgos las noticias de apertura de una escuela de párvulos no aparecen hasta el año 1954. No obstante, cabe suponer que existían establecimientos educativos donde se daba asistencia a los niños de temprana edad, y atendidos por comunidades religiosas, los cuales podían quedar fuera de la denominación legal de Escuelas de Párvulos y en consecuencia las plazas de maestros no serían provistas por la Universidad Central mediante el oportuno concurso oposición.

En el año 1868 se publica un nuevo reglamento de instrucción Primaria donde ya se establece la obligación de los ayuntamientos de sostener las escuelas de Instrucción primaria que les corresponda con arreglo a su entidad, “contándose en este número las costeadas por obras pías y fundaciones benéficas” y se establecía un número de 100 alumnos por aula como máximo. Cuando un pueblo no pudiera sostener todas las escuelas que le correspondieran a su vecindario, por falta de medios, “podrá autorizarse la creación de algunas de inferior categoría, debiendo establecerse en los arrabales y barrios apartados”. Paralelamente se establecía la obligatoriedad de crear una escuela nocturna de adultos a cargo del maestro, para lo cual “disfrutará de una módica retribución”. En la normativa, se incluye también la obligación de crear las escuelas dominicales de mujeres en los pueblos que sostengan escuelas de niñas, cuya maestra lo será también de la dominical.
También se regula la creación de las escuelas de párvulos en el medio rural: En su artículo 114 dice “Entre las escuelas que corresponde sostener a los pueblos, una de las de niños o de niñas, según las circunstancias locales, podrá convertirse en Escuela de Párvulos. En los pueblos de menos de 10.000 habitantes se procurará establecer estas escuelas encomendándolas a la mujer del Maestro o a otra que merezca la confianza del pueblo y de la Junta Provincial”.



LA ESCUELA DE PÁRVULOS DE CARBONERO
Dos años antes de la publicación del anterior reglamento, en 1866, en Carbonero el Mayor ya se había creado una Escuela de Párvulos, sin duda una de las pioneras en nuestro medio rural, junto a la de Turégano, aunque sin descartar que este tipo de atención a la escolarización temprana estuviera atendido en los pueblos de mayor entidad por alguna congregación religiosa, pero cabe señalar que en el BOP solo aparecen referencias a la provisión de maestros de párvulos en estos dos municipios.
En 1866 la revista Conciliación, dedicada a la Primera Enseñanza, anuncia la convocatoria de una plaza para la Escuela de Párvulos de Carbonero el Mayor como de nueva creación. Estas escuelas debían proveerse por concurso público según la Real Orden de 10 de agosto de 1858.
Especial interés tiene la convocatoria de la Junta Provincial de Instrucción Pública de Segovia para la provisión de esta plaza con fecha de 14 de agosto de 1867:
“Hallándose vacante la plaza de maestro de párvulos de Carbonero el Mayor, dotada con el sueldo anual de 370 escudos y disfrute de casa y de las retribuciones de los niños, la cual ha de proveerse por oposición, esta Junta provincial ha señalado el día 26 de Septiembre próximo para dar principio a los ejercicios”. En la misma convocatoria se detallan las condiciones que deben reunir los aspirantes: “Buena conducta moral y religiosa que acreditarán con certificado expedido por el Alcalde y el Cura párroco de su domicilio; haber cumplido 24 años justificado con la fe de bautismo legalizada, ser casado, y hallarse en disposición de ejercer el cargo de Maestra o ayudante la esposa u otra mujer de la familia…”. Se especificaban también los ejercicios teóricos y prácticos que habían de realizar los opositores: “…practicar a los alumnos de la escuela los principales ejercicios, y les expliquen algunas lecciones… sobre la Doctrina Cristiana, Historia Sagrada, Lectura y escritura, Nociones de aritmética, Lengua Castellana e Higiene, conocimientos de las figuras geométricas más sencillas, de las propiedades y características de los cuerpos, y de los fenómenos más comunes que estén al alcance de los niños, y de canto si los aspirantes manifiestan saberlo”.
Tuvo como primer maestro, en calidad de interino, a D. Mariano Muñoz Carabias, un laureado maestro que ejerció en varios pueblos de provincia y recaló finalmente en Astorga, donde su labor docente fue ampliamente reconocida.

El director de la escuela de párvulos en el año 1872 era D. Juan Yuste Martín, el cual tenía a su cargo la enseñanza dominical para las madres y nocturna para adultos. En el año 1896 el sueldo del maestro de esta escuela era de 825 pts anuales, más otras 100 por aumento voluntario y las retribuciones legales.
La iniciativa de las congregaciones religiosas también llegó a algunos pueblos de nuestra provincia como Coca. En 1893, el periódico El Eresma, diario liberal informaba: “Bajo la dirección de las Hijas de Jesús quedó instalada el lunes en la villa de Coca una escuela de párvulos, cuya fundación se debe a la piadosa iniciativa del Patronato que preside la Infanta Doña Isabel”.
En los primeros años del siglo XX, el problema de la alfabetización en España seguía siendo crítico con más de la mitad de la población analfabeta aunque se realizaban algunos esfuerzos de modernización del sistema educativo. En 1907, la Junta Provincial del Ministerio de la Instrucción Pública requiere a los ayuntamientos que informen sobre la existencia o no de escuela de párvulos en sus municipios. Este requerimiento fue atendido por el Ayuntamiento de Carbonero y comunicado con las siguientes palabras: “cumpliendo con la precitada circular, manifiesta que en dicho pueblo existe una escuela de párvulos de creación y sostenimiento voluntario, dirigida por María de Santos Fernández, maestra superior”.
Otros municipios de nuestra provincia como Losana, Gomezserracín, Maderuelo, Paradinas, Aldealengua, Castrillo, Estebanvela y Villeruela de Pedraza también dan contestación a la circular y refieren la ausencia de escuela de párvulos en sus respectivos municipios.

NUEVO EDIFICIO DE LA ESCUELA DE PÁRVULOS
Cabe suponer que la escuela de párvulos de Carbonero iniciara su actividad dentro de las instalaciones de su escuela, ubicada en la plaza del Caño, nombre con el que se aludía a esta plaza en aquellos años. El edificio a todas luces quedaría insuficiente para atender a los escolares de la población y el ayuntamiento optó por la compra de una casa situada en la Travesía de la iglesia, donde se ubicaría definitivamente la escuela de párvulos hasta que se abandona esta sede con motivo de la inauguración de los nuevos edificios escolares en el año 1934.
Esta primitiva sede, que incluía la casa de la maestra, fue objeto de una primera remodelación. Así, en el año 1882, la Revista de Arquitectura, daba información sobre un comunicado del Sr alcalde de Carbonero “encargando la redacción de planos y presupuesto referente a dos casas, en una de las cuales se proyecta establecer la escuela de párvulos”.

Dos décadas después, el edificio necesitaba nuevas intervenciones por ello, en septiembre de 1910, el alcalde comunica al Ministerio de Instrucción Pública que el local de la escuela de párvulos no reúne condiciones y que en el presupuesto próximo se consignarán 4000 pts. para su reforma.
El proyecto de la nueva escuela de párvulos data del año 1911 y fue redactado por el arquitecto provincial Don Benito Castro Rueda por encargo de la corporación municipal entonces presidida por el alcalde Don Cipriano Lázaro. En la memoria descriptiva del proyecto se hace alusión al edificio anterior de planta baja, donde se impartían las clases de párvulos a la vez que se destinaba a vivienda de la maestra que atiende a los niños.
Se proyectó un edificio de dos plantas de 120 m2 cada una dedicando todo el espacio de la parte inferior a un solo aula; la estructura diáfana se sustentaba en su interior mediante dos bonitas columnas de fundición. En la parte superior se habilita en su mitad exterior una vivienda para la maestra, quedando disponible como aula la otra mitad que da al patio interior.

POLÉMICA ADJUDICACIÓN DE LAS OBRAS
La ejecución de la obra salió a concurso público y concurrieron varios albañiles de la zona, resultando su adjudicación no exenta de polémica. En un principio la subasta fue adjudicada al rematante Juan Domingo Herranz, siendo recurrida por otro de los aspirantes, Buenaventura Bustamante Collantes, alegando la falta de firma en la propuesta de Juan Domingo. Aunque el pleno municipal se ratificó en esta primera adjudicación, el recurso llegó a instancias del Gobierno Civil, quien lo revoca definitivamente e insta al ayuntamiento a promover un nuevo concurso que daría como resultado la adjudicación definitiva a Bustamente en la cantidad de 7399 pts, el cual había ofreciendo una baja superior a las 1000 pts sobre el presupuesto presentado por el arquitecto. La recepción de la obra tuvo lugar el 30 de abril de 1913 por el nuevo alcalde D. Ildefonso Migueláñez.
El edificio actualmente rehabilitado y convertido en un centro municipal de usos múltiples, alberga en la actualidad una Ocioteca y las oficinas de la unidad veterinaria de la Consejería de Agricultura. Presenta una bonita fachada perfilada con filigrana de ladrillo en todos los vanos, dos de los cuales están rematados por dos escudos reales que aluden a la época de su construcción, durante el reinado de Alfonso XIII, formados por los cuatro cuartos que simbolizan la unidad de España y la corona real en su parte superior. Cabe señalar que en la actualidad los dos escudos que coronan su fachada carecen de corona real, la cual fue extirpada, con toda probabilidad, durante los primeros días del establecimiento de la segunda república. El edificio sirvió de sede a la escuela de párvulos hasta 1936, año en que se inauguraron las nuevas escuelas edificadas en un solar que se encontraba a las afueras del pueblo, junto a la carrera de Segovia, con la ayuda de una subvención de 180.000 pts. que recibe el ayuntamiento para la construcción de un nuevo grupo escolar con cuatro secciones para niños, cuatro para niñas y dos para párvulos.
