Andrés Sanz Hernando. La Vera Cruz. Óleo. Col. particular. Los dos cuadros con la Vera Cruz son prácticamente iguales. El artista vio el singular monumento desde el mismo punto de vista, de abajo hacia arriba desde el sureste, y los dibujó, fiel a su estilo, con fidelidad y con poco matizados colores. Delante están los restos de una posible torre exenta que hubo y en la pradera, una pareja de espectadores. Turistas que se han acercado a ver el monumento, con el hombre levantando el brazo admirativamente, con el mismo gesto del que contemplaba la torre de la iglesia de San Esteban.

Andrés Sanz Hernando. Autorretrato. Óleo. Col. particular. Otro motivo que Andrés Sanz Hernando abordó por primera vez en Segovia fue el autorretrato. Nadie lo había hecho antes y él se autorretrató en al menos tres ocasiones. Le vimos en la primera imagen de esta serie de dos entregas de La Mirada de la realizado en su recuerdo, tocado con un sombrerete, sentado, fumando y con el pincel en la mano, trabajando en un lienzo colocado en un caballete que tenía delante de él. En este segundo autorretrato no pinta, mira a alguien que tiene a su izquierda, pero para decirnos cuál es su oficio rodea su figura con una paleta de pintor manchada, o decorada, con pigmentos.

Andrés Sanz Hernando. Autorretrato. Óleo. Col. particular. Aquí vemos a nuestro artista en su tercer autorretrato. Inconfundible. Se ha colocado rodeado de un marco ovalado, seguramente hecho por él mismo, adornado con motivos vegetales. En la figura repite el tipo que vimos ayer, calva, bigote, chaqueta, camisa blanca, corbata ocre con raya blanca, chaleco y leontina de oro. Apenas cambia la tonalidad de su traje, azulado en el autorretrato anterior y color burdeos en este. ¿Se adivina determinación en su mirada? Documenta el vestir masculino en la clase media del momento.

Andrés Sanz Hernando. Nª Sª de la Fuencisla. Óleo. Col. particular. Segoviano de nacimiento y de ejercicio, también asumió tradiciones. Pintar cuadros con la imagen de la patrona de Segovia, por ejemplo. Este lleva los atributos que la acompañan desde las primeras pinturas que le hicieron y los que después se fueron añadiendo. La corona antigua ya aparece en una ejecutoria de 1643, el trono de plata en 1655, el jarrón con azucenas en 1686, el creciente lunar de plata en 1714…

Andrés San Hernando. Clérigo en su estudio. Óleo. Col. particular. En una habitación semejante a la que vimos en el retrato de Diego de Colmenares, ante una mesa idéntica y cubierta con igual mantel verde, sentado en la misma silla castellana y rodeado de libros colocados en la idéntica estantería está este clérigo erudito. ¿Quién fue? Ya que estas páginas rinden culto a cuantos pintores y escritores hicieron algo por Segovia, diré que posiblemente fuera el deán Tomás Baeza, entusiasta coleccionista de todo cuanto conoció escrito sobre esta tierra nuestra y autor de dos libros importantes para la cultura segoviana: Apuntes biográficos de escritores segovianos y Reseña histórica de la imprenta en Segovia comprobada por sus mismas producciones.

Andrés Sanz Hernando. Segoviana ante el Acueducto. Relieve policromado. Escayola. Col. particular. No reconozco todos los atavíos de esta mujer joven que pintó nuestro artista: zapatos planos, medias blancas, manteo amarillo y una prenda que acaso sea un segundo manteo recogido alrededor de las caderas, de color rojo. El busto se cubre con jubón negro, mantón ¿de manila? sobre los hombros y pañuelo en la cabeza. Nos dejó tres versiones al menos, la de este panel, junto a un hombre mirando la Vera Cruz y sola, caminando por el valle del Eresma.

Andrés Sanz Hernando. Segoviano ante el Alcázar. Relieve policromado. Escayola. Col. particular. En la carta que escribió Tablada Maeso protestando del fallo del jurado de la Exposición Provincial de 1901, había una nota en favor de nuestro artista, quien “ha presentado tipos y retratos esencialmente populares”. ¿A cuáles se refería? Por lo que se ve en la fotografía de la sala de la Diputación Provincial que hizo Bernardo Maeso, a Segoviana ante el Acueducto que puse ayer y a Segoviano ante el Alcázar, que va hoy. Este viste sandalias atadas con tiras de cuero alrededor de toda la pierna, peales, medias, calzón, chaqueta y sombrero calañés. Como complementos, vara y alforjas. El gallo que lleva con la mano izquierda sería el presente para el familiar o amigo a quien iba a visitar.

Andrés Sanz Hernando. Pobre violinista. O/l. 130×88 cms. Col. Ángel Pastor. Ejemplo de realismo costumbrista apoyado más en la anécdota que en los valores puramente artísticos, es este interesante lienzo, retrato de un músico, en el que el dibujo, minucioso y preciso; el color diluido, sobrio y bien entonado en pardos y grises; y la composición, muy meditada pese a su aparente sencillez, no llegan a captar la atención del espectador tanto como los nimios detalles que el artista llevó al lienzo: las partituras del primer término, las colillas tiradas por el suelo, el botijo o los bolsillos vacíos de los que el retratado, acaso como reflejo del pesimismo de la época, hace alarde.

Andrés Sanz Hernando. Recuerdo de la Tierra segoviana. Bajorrelieve con el Acueducto. Escayola policromada. Col. particular. Nuestro artista debió ser una persona inquieta y con iniciativas. ¿Por qué lo digo? Se vivía un tiempo de bonanza económica, el ferrocarril facilitaba viajar y ambas cosas favorecían que despegase el turismo. ¿Qué se podía ofrecer a los turistas? Objetos artísticos que fueran recuerdo de los lugares que visitaban, tarjetas postales, bordados típicos… Aquí obras como esta, Recuerdo de la Tierra de Segovia -el término provincia no había cuajado plenamente- con el monumento más representativo. Al fondo seguían en pie el ábside y la espadaña del convento de San Francisco.

Andrés Sanz Hernando. Florero con rosa. Óleo. Col. particular. Ya he presentado al artista y lo que he podido descubrir de su obra. Modesto, bueno para pueblo, para una pequeña ciudad que apenas daba oportunidades. Pero algo aportó. Fue el primero que, siendo segoviano, pintó tipos segovianos, paisajes segovianos y temas sacados de la leyenda y la historia segovianas. Con una pintura más bien gris, sujeta al dibujo y de cromatismo pobre. Pero lo suyo. El primero que pintó una obra de cara al turismo que venía. El primero, y acaso el único, capaz de observar una rosa y pintarla. La base de lo que llegó poco después, un sueño que algunos llamaron arte segoviano. Un sueño, lástima, que no llegó a cuajar.
—
* Supernumerario de la Real Academia de Historia y Arte de San Quirce
porunasegoviamasverde.worpress.com
